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El discurso neoliberal

El discurso neoliberal

Cierto día mi mujer me contó una anécdota que le sucedió durante los años en que ejercía como profesora de preescolar, trabajando con niños de entre tres y cinco años. Una mañana en el cole uno de estos niños que todavía están aprendiendo a hablar se le acercó y le espetó: “Inés, creo que me duele algo…”. La audacia de tan paradójica idea me pareció la mejor forma de ilustrar qué es el neoliberalismo: un dolor que ni siquiera se sabe bien dónde se siente, no digamos ya por qué se siente. Desde el principio ha jugado a confundirse con la modernidad, postulándose como un avance irrenunciable del progreso. Ese camuflaje y esa imprecisión hace difícil su identificación nominal y permite que, en lugar de tomar medidas que lo combatan, mucha gente apoye o vote políticas que lo consolidan o ahondan aún más. Visto así, podría decirse que los dominados consienten el sistema que los somete a dominación.

Entiendo por neoliberalismo la ideología que arropa hoy día los intereses de los privilegiados, una ideología que, después de lobotomizarnos durante cerca de medio siglo para obligarnos a aceptar la desigualdad como el orden natural de las cosas, amenaza a estas horas con destruir la biosfera por las buenas o por las malas. Mi modesta contribución a la lucha contra su influencia pasa por advertir que una parte esencial de su éxito reside en el poder de lo que denominaré sin gran misterio el “discurso” neoliberal.

"El consenso posterior a la Segunda Guerra Mundial, con su dominante socialdemócrata en los países “occidentales”, podría calificarse de hipócrita"

Durante la última década he estado observando distintos aspectos y efectos de ese lenguaje de laboratorio, que se difunde como mantras a través de los medios de comunicación y que sus lectores, oyentes o espectadores reproducen como quien repite una letanía: los capítulos de este libro se han compuesto a lo largo de la década, entre 2011 y 2019, destinados bien para conferencias o bien para publicaciones periódicas. Aunque no ha sido ese el criterio específico que ha guiado su disposición final, han quedado ordenados en el libro casi cronológicamente. Los he reunido porque todos ellos tienen en común el mismo tema de fondo y una similitud en su tratamiento: la voluntad incurable de denuncia a base de recursos filológicos y un cierto humor más o menos desengañado. Si mis colegas de profesión lo perdonasen, me atrevería a hablar de filología de combate.

Un dato esencial es precisamente una transición que observo en el discurso del poder o, dicho de otro modo, en la estilística de la mentira. El consenso posterior a la Segunda Guerra Mundial, con su dominante socialdemócrata en los países “occidentales”, podría calificarse de hipócrita. Al estilo discursivo del poder en el mundo posterior a la caída del muro de Berlín, identificado con el “nuevo orden mundial” anunciado por Bush padre y con el llamado “consenso de Washington”, le conviene más bien el calificativo de cínico.

"Cinismo y neoliberalismo van de la mano: el primero describe el tipo de discurso del que se sirve el segundo"

La hipocresía es un desajuste entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo público y lo privado, un desajuste a escondidas. El cinismo es un desajuste palmario, a ojos vista: los valores defendidos y expuestos en público son incongruentes de forma manifiesta con otros valores defendidos y expuestos también en público. El cinismo da carta de naturaleza a la contradicción. Su objetivo es denunciar la impotencia del lenguaje para recalcar así la potencia absoluta de los actos: más allá de cualquier valor proclamado, el poder puede. Cinismo y neoliberalismo van de la mano: el primero describe el tipo de discurso del que se sirve el segundo.

La noción de “armónico” se corresponde con la tercera definición de esa palabra en el Diccionario de la Real Academia: Sonido agudo, que se produce naturalmente por la resonancia de otro fundamental. Con ello pretendo hacer referencia a los aspectos que analizo como síntomas diversos de la misma enfermedad no identificada, manifestaciones complementarias de su particular naturaleza estilística o, puesto que adoptamos un lenguaje musical, como resonancias de ese “sonido” fundamental que es la cháchara neoliberal. El título del libro aspira, en fin, a reproducir la naturaleza de ese discurso a base de provocar un efecto chirriante que traiga a la imaginación la naturaleza contradictoria, oximórica, radicalmente inarmónica de su estilo.

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Autor: Juan Luis Conde. Título: Armónicos del cinismo: Discurso, mito y poder en la era neoliberal. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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