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The Crown con seny

The Crown es una serie fascinante cuya protagonista es Isabel II, la reina de Inglaterra. A lo largo de sus capítulos muestra los vaivenes políticos, históricos y humanos de su largo reinado. Hay momentos en los que la tensión dramática es tan intensa que, alcanzado el clímax, yo respiraba hondo, porque detrás de muchas escenas había un evidente aliento shakespeareano: la vida como drama y representación. He visto cada temporada un par de veces para descubrir nuevos detalles y volverme a emocionar con unas interpretaciones colosales, unos diálogos dignos de las mejores novelas y películas negras, una ambientación impecable y un guión por el que se darían navajazos los guionistas del Hollywood clásico. Una serie así en España, como diría Sabino Fernández Campo, ni está ni se la espera.

Siempre me han gustado los espectáculos y escenas cinematográficas de hipnosis en los que un voluntario o un paciente, sumidos al instante en trance, obedecen como autómatas las indicaciones del mago o del médico. Me fascinan los rituales en los que el hipnotista mueve un reloj a guisa de péndulo, habla en voz baja y secuestra durante unos minutos la mente de una persona enchiquerándola en un limbo. Pues bien, Por qué soy monárquico (Ariel, 2020), el último libro de Sergio Vila-Sanjuán, me ha hipnotizado tanto durante su lectura que ni me di cuenta de cuándo la luz de la ventana de la habitación se ennegrecía y la luna reemplazaba al sol.

"Lanzar un libro como Por qué soy monárquico en estos tiempos de galerna sociopolítica y aquelarres contra la figura del Rey supone navegar contracorriente"

Sergio Vila-Sanjuán posee una erudición de la que no alardea ni exhibe como una apisonadora, sino que, al hablar, la destila con una cadencia y un tono de voz de gran seducción intelectual, y al escribir, la despliega con reposada brillantez. Hay pensadores que, al tomar la palabra o sentarse al teclado, hacen gala de una pirotecnia léxica efectista pero efímera; y hay otros, entre los que se encuentra este periodista, que se expresan con mesura y elegancia, lo cual no quita que, en ocasiones, su atemperada pasión aflore con un relumbre en los ojos. Vila-Sanjuán ha encontrado un feraz territorio ensayístico en el que combina a partes iguales la temática cultural, la originalidad, la experiencia propia y un rigor intelectual pasado por el tamiz divulgativo. En definitiva, ha importado del mundo anglosajón los modos de escribir ensayo que tantas obras monumentales ha producido en las últimas décadas (pensemos, por ejemplo, en la nómina de los Premios Pulitzer de no ficción), con la particularidad de incidir en el registro cultural para encontrar un eje conductor. No es de extrañar que haya sido galardonado recientemente con el Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020. Lo extraño es que no se lo hubiesen dado antes.

Lanzar un libro como Por qué soy monárquico en estos tiempos de galerna sociopolítica y aquelarres contra la figura del Rey supone navegar contracorriente, e incluso tiene un punto contracultural —aunque parezca paradójico—, sobre todo por venir de la mano de un ilustrado barcelonés, cuya bella y amada ciudad, que tanto y tan bien han sublimado en sus novelas dos premios Cervantes, Eduardo Mendoza y Juan Marsé, ha sido en los años recientes epicentro de un terremoto secesionista y escenario callejero de ataques iconoclastas al monarca. El libro es la réplica sosegada y vivencial del periodista de La Vanguardia a quienes reivindican la república y, también, una singular respuesta ensayística al independentismo catalán, porque la hace desde la inteligencia emocional, desde una alquimia de raciocinio y sentimientos.

"En las páginas del libro no encontramos cotilleos, sino un sabroso anecdotario muy significativo para aquilatar la personalidad de cada figura de la Casa Real"

La obra tiene una eficaz estructura de muñecas rusas. El autor la articula en torno a los vínculos personales de su abuelo con Alfonso XIII, de su padre con Don Juan de Borbón y, en lo concerniente a él mismo, de su enfoque con gran angular del reinado de Juan Carlos I y de su trato con los Reyes actuales en diferentes momentos profesionales e institucionales. Este hilo conductor familiar enhebra el argumento, el anecdotario y la conclusión: las razones para ser monárquico las ha heredado generacionalmente y son de índole objetiva y subjetiva. Se diría que, para este periodista, el monarquismo se asemeja a la definición que Chesterton tenía de la tradición:  consiste en la transmisión del fuego, no en la adoración de las cenizas. Y por otra parte, muestra un indisimulado orgullo por sus familiares —dedicados también al periodismo y la escritura—, basado en el nervio ético que demostraron en sus vidas, dedicadas a la defensa de unos principios y convicciones de raigambre liberal en los que la libertad, la independencia de criterio y el respeto prevalecían sobre todas las cosas. Esta ósmosis afectiva me ha conmovido.

La escritura del autor no se ha fraguado en unos altos hornos para hacerse acerada y combativa, ni germinado en una torre de marfil para producir textos de exquisitez literaria pero desconectados del mundo. Nada de eso. La biografía de Sergio —usar el nombre de pila es privilegio de amistad— ha originado una escritura de alto voltaje intelectual y elegante sencillez en la que se funden dos estilos: el Nuevo Periodismo estadounidense y su narrativa por un lado y la tradición periodística y literaria europeas por otro. El resultado es una formidable capacidad para olfatear el signo cultural de los tiempos, una mente analítica habituada a devorar ensayos —con fuerte presencia de los históricos— y abordar la no ficción con una excelente prosa, pues no en balde fue premio Nadal en 2013.

"El abuelo del autor, nacido en Cádiz y asentado en Barcelona, fue nombrado gentilhombre de cámara por Alfonso XIII, aquel rey con andares de grulla que vestía como un dandy"

En las páginas del libro no encontramos cotilleos, sino un sabroso anecdotario muy significativo para aquilatar la personalidad de cada figura de la Casa Real. Pero el gran hallazgo del breve y enjundioso volumen es analizar los reinados a través de su aportación cultural a España y considerar que la monarquía constitucional, además de aportar pragmatismo institucional, cumple una función ritual que favorece la cohesión de la comunidad nacional.

El abuelo del autor, nacido en Cádiz y asentado en Barcelona, fue nombrado gentilhombre de cámara por Alfonso XIII, aquel rey con andares de grulla que vestía como un dandy y posaba uniformado de húsar para los retratos. En el libro se pondera la Edad de Plata de la cultura española en todos lo órdenes bajo el reinado alfonsino y el reformismo social impulsado durante algunos de los gobiernos liberales y conservadores de dicha etapa. El padre de Vila-Sanjuán, inmarchitable juanista desde su juventud, era de los que consideraban al Conde de Barcelona rey legítimo —Juan III— y veían en él la figura que devolvería la democracia al país. Yo recuerdo a Don Juan como un vozarrón de tabaco uncido a un corpachón, como un lobo de mar conradiano y un hombre íntegro dolido con la vida y resentido con la historia. Sergio, con la ecuanimidad de una escritura que nunca es amostazada, enjuicia favorablemente el reinado de Juan Carlos I (la Transición, la  modernización a toda pastilla de España, el florecimiento cultural, el asentamiento democrático, el prestigio internacional y los fastos del 92), pero censura la etapa final de su reinado, ayuna de ejemplaridad (una sensación de impunidad propia del siglo XVIII, el apetito desordenado de pasta gansa y el acoplamiento con Corinna, una arribista de carné con labios recauchutados). Es curioso que la foto elegida para ilustrar el reinado juancarlista sea el cuadro de la Familia Real que pintó Antonio López. Vi aquel gran óleo en una exposición de retratos organizada en el Palacio Real. Me impresionó el tratamiento de la luz y la prospección psicológica de los retratados. Dentro de un siglo, estoy convencido, será equiparado en valía artística y simbolismo al de la familia de Carlos IV que pintó Goya.

Y por último, Felipe y Letizia.

Haber sido durante bastantes años jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras —hoy Princesa— y serlo en la actualidad de los Premios Princesa de Gerona le han dado al periodista una visión cercana del espíritu cultural que la Corona insufla desde la sala de máquinas, y también le ha permitido tratar a los Reyes, aunque antes hubo un encuentro crucial: siendo príncipes visitaron La Vanguardia y expresamente pidieron conocer cómo funcionaba el suplemento Cultura/s. Y Letizia, en la comida oficial con los directivos del rotativo, al responder a una pregunta, dijo que lo que más le gustaba del periódico era la entrevista de la contraportada y el Cultura/s.

Al final de cada capítulo hay un prontuario para declararse monárquico en cada reinado, siendo el de Felipe VI de mucho interés por ser el que nos toca vivir ahora y por representar «un mensaje de moderación, continuidad y equilibrio». Es como si Felipe VI se encargase de transmitir que, más importante que la función del Rey, es el de la institución que encarna. La Corona con seny.

"Sergio es una espejo de cosmopolitismo que lo mismo parece venir de Hyde Park con The New Yorker bajo el brazo que tener un toque parisién en sus modos y vestimen"

Durante el reinado de Juan Carlos I —una road movie histórica— no se sentía la necesidad de publicar un libro para reivindicar la monarquía, porque se consideraba bien atornillada, con respaldo popular, y la mayoría de quienes se sentían republicanos de corazón la consideraban algo potable, una especie de campechana república coronada. Es ahora, en estos tiempos movedizos y caníbales de nosotros mismos, donde cobra sentido escribir un ensayo moderno —no uno ñoño, de levita y pelucón blanco— que vindique la monarquía parlamentaria por su intangible histórico, eficacia simbólica, capacidad cohesionadora y prestigio.

Sergio es una espejo de cosmopolitismo que lo mismo parece venir de Hyde Park con The New Yorker bajo el brazo que tener un toque parisién en sus modos y vestimenta. Pero en realidad representa lo mejor de una Barcelona que existió y que aún pervive en personas como él, una ciudad de cultivado europeísmo que fue vanguardia de la cultura española durante unos años extensos como una promesa de amor. La pandemia nos mantiene separados, y en este mapa de los afectos en que se ha convertido nuestro país hablamos por teléfono, y antes de colgar, recordamos que tenemos una comida pendiente, abrazos por darnos, conversaciones que mantener y libros que festejar.

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Autor: Sergio Vila-Sanjuán. TítuloPor qué soy monárquicoEditorial: Ariel. VentaTodostuslibros y Amazon

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