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El hada del agua, de Heena Baek: Arte de magia

El hada del agua, de Heena Baek: Arte de magia

En su último libro, El hada del agua, Heena Baek recupera algunas de las constantes de su obra, como la figura de un ser mágico procedente del folclore, la relación cotidiana entre una madre y sus hijos, el poder sanador del tiempo compartido (que suele encarnarse en el alimento, en la celebración del juego y la comida) y, como elemento aglutinante de todo ello, el espacio intermedio entre el entorno real (la ciudad, el barrio) y la fantasía que abre la imaginación infantil, la figura quimérica de los niños. Todo esto aparece tratado siempre de una forma cómica, abierta, como celebración de una existencia gozosa, de una vida protegida por el espíritu bienhumorado de la naturaleza y de la tradición. Sus libros anuncian que todavía existe un lugar para los ancestros: en los niños pervive la energía invisible de los saberes acumulados.

"Al volver a casa, la niña paga los excesos del agua helada y se resfría, pero entonces reaparece el hada del agua y se produce el milagro de la sanación"

Esos saberes muestran en El hada del agua una relación festiva, libre, con la corporalidad. El talento de Baek le permite mostrar los cuerpos desnudos de una anciana y de una niña, juntarlos en un cuadro de belleza risueña. Quizás en ello resida una de las principales enseñanzas de este libro: la presentación de una naturaleza desenfundada, de una alegría que trasciende las formas serias y muestra el cuerpo en movimiento e integrado con el medio (su capacidad para retratar muñecos en el agua obra el milagro de la desmaterialización, y, consecuente con ella, de la unión del cuerpo con el espíritu que lo mueve. Este ser humano completo, este almacuerpo, se inserta, a su vez, en un significado mayor, en un entorno que ya no es sólo el presente, la actualidad, ni es sólo el pasado o la fantasía, sino que lo es todo a la vez, la gran cadena de la imaginación donde el ser humano puede reconocerse y se recrea).

El argumento de la obra es sencillo: una madre y su hija visitan una antigua casa de baños de una ciudad coreana actual, retratada con cámara fotográfica. La niña se obceca en jugar en la piscina de agua fría y allí tiene un encuentro con un ser mágico (el hada del agua del folclore coreano), con quien bucea y se divierte y a la que invita a un Yakult, una bebida de yogur moderna que el hada desconoce. Al volver a casa, la niña paga los excesos del agua helada y se resfría, pero entonces reaparece el hada del agua y se produce el milagro de la sanación. Un milagro presentado con llaneza y resuelto con un último giro humorístico que cierra el libro.

"Y de nuevo, aparece el alimento en la obra de Heena Baek. Quizás sea su forma de decir que en ello reside nuestra condición humana"

En este argumento se insertan todos los factores anunciados arriba: el esfuerzo de representación de un lugar de encuentro entre la realidad y lo invisible, entre el presente y lo que lo sobrevuela (aquí se manifiesta toda la capacidad artística de Baek y su equipo de producción, diestro en crear atmósferas, apariciones, en escenarios contemporáneos, gracias a un manejo virtuoso de las maquetas y los encuadres fotográficos), la implicación de metáforas que lleven al límite la división entre lo material y lo simbólico (el reto de introducir muñecos en un mundo acuático suponía un ejercicio de riesgo, pues podría haber derivado en manierismo, pero Baek lo esquiva gracias a su sentido abierto de la vida y de lo artístico, cada imagen se consagra exactamente a lo contrario de la exhibición), la creación de un espacio bienhumorado, que permita la observación del desnudo como una imagen plena de la humanidad (juego, compañía) y no como un ejercicio de contemplación de belleza exterior o de feísmo grosero.

La presencia de lo corporal, las carnes blandas del hada anciana o los mocos verdes de la niña resfriada, no hace pensar en la imaginería opresiva de un Lucien Freud, sino en una mirada natural y comprensiva de la existencia, mucho más cercana a las ráfagas de aire de la obra de un Hokusai. Y de nuevo, aparece el alimento (caramelos, pan, huevos fritos, batido de yogur…) en la obra de Heena Baek. Quizás sea su forma de decir que en ello reside nuestra condición humana. Que necesitamos del sustento orgánico, y a partir de él, como los seres sociales y simbólicos que somos, construimos nuestras historias de supervivencia (la sanación y la risa).

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Autora: Heena Baek. Traductor: Seong Cholim. Título: El hada del agua. Editorial: Kókinos. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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