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El laberinto vertical

La primera novela del veterano periodista cultural Luis Alemany lleva por título Angie de las Torres Blancas y acaba de ver la luz de la mano de Harper Collins. En ella, ya desde el título, el autor hace una clara referencia a uno de los edificios emblemáticos de Madrid, que él transforma en un personaje más al que otorga el rol de narrador en una primera persona del plural que funciona, desde las primeras páginas, como gancho e invitación al lector a vivir parte de la novela.

Para quien no lo conozca, Torres Blancas es un edificio brutalista formado por viviendas de lujo que, visto desde abajo, se compone por cilindros rodeados por balcones que parecen entrar y salir cambiando de sitio sin una norma de distribución que se aprecie a simple vista. Por lo demás es un edificio engañoso, puesto que es una sola torre, pese al plural, y además ni siquiera es de color blanco, es gris, como el hormigón que lo forma. En el edificio, el de Alemany, al que da voz y vida, residen personas en buena situación económica y posiciones dispares que se relacionan, o no, entre ellas y con el mundo que las rodea. Sorprende al lector una rápida presentación de algunos de sus inquilinos que incluye al Navarro Loco, el Susurrador, el Arquitecto Pesado y tantos otros acompañados de motes coloquiales que, aunque hoy puedan sentirse anticuados, eran bastante comunes en los años noventa. Claro ejemplo de esto son los Opusinos, Ex Opusinos y Jesulíticos, términos que hoy en día nadie en su sano juicio utilizaría de forma pública si no quiere ser tachado de un montón de cosas. Pero así es el edificio de Alemany; sincero, caótico y con un toque de ironía. Un personaje más. Y en él es donde encontramos a Angie Llovet el día que va camino a realizar los exámenes correspondientes a su tercera jornada de selectividad. Una joven discreta y que no termina de encajar en un mundo que parece no recibir a nadie con los brazos abiertos, al menos en ese viaje tan complicado que es el tránsito a la vida adulta.

"Pierde la virginidad, pierde también a una amiga, y se ubica y se pierde con una naturalidad que hace que el lector olvide que se encuentra ante un libro de ficción"

Angie busca su voz y su camino y se rodea de Carmelo, Mame o los Javieres mientras decide sus estudios y la importancia de su ascendencia materna mexicana. Pierde la virginidad, pierde también a una amiga, y se ubica y se pierde con una naturalidad que hace que el lector olvide que se encuentra ante un libro de ficción mientras se pierde en sus propias experiencias. Alemany genera un mundo completo, hay música y cine, la situación social de diario se vive como una realidad mucho menos encorsetada que la de hoy incluso cuando se habla de un atentado y deja esa leve sensación de que cualquier tiempo pasado tal vez fuera mejor, aunque no estuviéramos preparados para saberlo. También muestra que todo llega y todo pasa, y que hay cosas que cambian para seguir siendo iguales en ese mismo edificio ahora escenario de un videoclip, y es esa palabra, videoclip, la que define una vez más la narración del autor. Un tono con un punto resabiado que marca una prosa limpia que muestra el cuidado que el autor tuvo a la hora de elegir palabras que se sintieran familiares más que cercanas porque Angie se ha convertido en una presencia tangible y el lector, sin apenas darse cuenta, se ve reflejado en el narrador improvisado que pregunta por ella.

Angie de las Torres Blancas es una novela que atrapa, un mundo complejo en un edificio incómodo al que no se dice feo y una vida, la de Angie, que se siente de manera personal.

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Autor: Luis Alemany. Título: Angie de las Torres Blancas. Editorial: HarperCollins. Venta: Todostuslibros.

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