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El noir llega a Extremadura: así se gestó Gata Negra

El noir llega a Extremadura: así se gestó Gata Negra

A veces ocurre que uno no sabe cuándo surge la génesis de un proyecto. Esta es una de esas veces, puesto que no sabría decir cuándo fue la primera vez que se me pasó por la cabeza, al menos seriamente, la idea de organizar un festival de novela negra en Extremadura.

En alguna ocasión, justamente en el marco de algún festival de novela de este tipo, otros escritores y yo fantaseamos con la posibilidad de organizarlo, pero sin verdadera voluntad de hacerlo. Principalmente porque organizar un evento así —no se nos escapaba a ninguno— supondría un marrón importante, y requeriría conseguir el compromiso y la implicación no solo de personas del mundillo cultural, generalmente dispuestas a embarcarse en estas causas, sino también de políticos y empresarios de la región. Si de verdad se quería que Extremadura dejara de ser una de las pocas comunidades autónomas sin su festival de novela negra —una situación de la que se lamentaba en julio de 2020 el escritor extremeño Eugenio Fuentes en una columna periodística titulada «Territorio negro», en el diario Hoy—, había que seleccionar muy bien el momento para realizar la propuesta, y más aún perfilar un proyecto que resultara atractivo a los ojos de los autores y aficionados del género policiaco, y también a los de aquellos que podían proporcionar el imprescindible apoyo político, financiero y mediático.

"No tenía ningún plan, me moví tan solo por un sentimiento de necesidad que, visto en perspectiva, quizá fue de oportunidad"

A pesar de ser consciente de todo esto, lo cierto es que cuando finalmente, en marzo de este 2021, me decidí a tantear la posibilidad del festival a la concejalía del ayuntamiento de mi pueblo —Moraleja, Cáceres—, no sabía si el momento era el adecuado, y mucho menos tenía perfilado cómo desarrollar el proyecto. Es decir, no sabía si el ayuntamiento y el resto de instituciones políticas de la provincia y la región se mostrarían abiertas a respaldar un proyecto como este, estando aún inmersos en la pandemia, ni tampoco qué era exactamente lo que estaba proponiendo, si era un modesto festival de pueblo o un evento más ambicioso, o cómo se podrían solventar los mil y un inconvenientes logísticos —comenzando, claro está, por la mala conexión ferroviaria de Extremadura con el resto de España—.

Fui un inconsciente, esa es la verdad. Como digo, hice la propuesta en marzo, después de consultar la idea con algunos amigos y conocidos —como la escritora Susana Martín Gijón, por entonces directora de la Asociación de Escritores de Extremadura, o José María Brull, director del instituto de secundaria de Moraleja y uno de los mayores expertos en novela negra de la zona—, aun a sabiendas de que en junio tendría que afrontar mi enésima oposición para profesor de secundaria; no tenía ningún plan, me moví tan solo por un sentimiento de necesidad que, visto en perspectiva, quizá fue de oportunidad. Mi único propósito era colocar a Extremadura de una vez en el mapa del género negro, equiparándola a otras regiones donde estos festivales hace años que se multiplican a razón de varios por temporada, que Extremadura, la sede del más importante festival de teatro de España —el Festival de Teatro Clásico de Mérida—, la tierra de origen de escritores como Espronceda o Carolina Coronado, Luis Landero o Jesús Carrasco, ocupara el lugar que históricamente le corresponde también en el ámbito de la novela negra, donde cuenta con nombres de primer nivel como el mencionado Eugenio Fuentes, Susana Martín Gijón, Javier Cercas o —modestamente— yo mismo.

Mi propuesta fue acogida con cierto entusiasmo en el ayuntamiento de mi pueblo, y al cabo de unos días el alcalde, Julio César Herrero, me comunicó que la Diputación de Cáceres y la Junta de Extremadura estaban de nuestro lado. A partir de ahí, y una vez que el recién constituido comité decidió que la mejor fecha para celebrarlo sería el mes de agosto —por no coincidir con ningún otro evento cultural, y porque la provincia estaría a rebosar de turistas y autóctonos de regreso a casa por vacaciones— todo sucedió muy deprisa. La bola de nieve cogió velocidad, y enseguida nos vimos arrojados al centro de un proyecto de dimensiones formidables. Para empezar, el festival no sería local, sino comarcal y transfronterizo, puesto que también se mostraron dispuestos a colaborar las instituciones de la sierra de Gata —de ahí el nombre del festival: Gata Negra— y las de más allá de la frontera portuguesa. Asimismo, a las actividades propias de un festival de novela —o sea, los encuentros con autores— se fueron añadiendo otras como proyecciones de cine, mercadillos, conciertos, exposiciones, degustaciones de productos, o rutas senderistas y turísticas, convirtiendo el evento en una suerte de feria o escaparate turístico de la región.

"En Badajoz se sitúa la acción de una de las novelas más relevantes de la literatura del siglo XX, La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela"

En ese intervalo, yo ya había sondeado a algunos de mis colegas escritores acerca de su disposición a venirse a Extremadura en agosto, y sorprendentemente muchos me respondieron que vendrían encantados, no sé si por su amistad conmigo o porque después de un año y medio sin apenas actividad por la pandemia hubieran ido encantados aun al mismo infierno —lo que, en términos de temperatura, es Extremadura en agosto, al menos a las horas centrales del día—. Esos autores me confirmaron su asistencia cuando les pasé la invitación oficial, y en las semanas que siguieron se sumaron otros con los que ya no tenía ninguna relación personal, autores de renombre, de larga y premiada trayectoria y habituales de los periódicos, la radio o la televisión. Podría mentir y decir que fue mi encanto personal lo que los convenció para venir, pero más bien creo que fue cuestión del boca-oreja. Los autores comentaban entre sí la que se estaba preparando en el norte de Cáceres para este verano, y quien más y quien menos ya había oído hablar del festival cuando yo le pasé la invitación, o directamente se buscó la manera de contactar conmigo para venirse. Así, el plantel de Gata Negra, ya en su primera edición, puede equipararse por su número y su calidad al de cualquier gran festival de nuestro país, con autores como Javier Cercas, Lorenzo Silva, Cruz Morcillo, Marta Robles, Juan Ramón Lucas, Manuel Marlasca, Berna González Harbour, Víctor del Árbol o Manuel Ríos San Martín, en total casi una treintena de autores que se darán cita en la remota comarca cacereña en la primera semana del próximo mes de agosto.

Extremadura y las letras; Extremadura y el crimen; Extremadura y el misterio… En el norte de la región —en la «boina»— se sitúa la comarca históricamente más olvidada de España, el microcosmos hurdano, todavía lastrado por la leyenda negra que trataron en sus textos autores como Maurice Legendre, Gregorio Marañón o Miguel de Unamuno, allá donde Buñuel rodó su célebre documental y donde todavía hoy se respira el aroma propio de los lugares mágicos. Muy cerca de allí están las Tierras de Granadilla, cuyas gentes inspiraron a Gabriel y Galán para componer sus versos en lengua castúa, y donde aún es habitual escuchar historias de brujas y criaturas del inframundo. En Badajoz se sitúa la acción de una de las novelas más relevantes de la literatura del siglo XX, la cual gira en torno a los crímenes de un asesino que cumple en prisión una justa pena por sus fechorías: La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. En esa misma provincia, aunque a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia, se encuentra la localidad de Puerto Hurraco, que en el año 1990 pasó al imaginario colectivo por la matanza cometida allí por los hermanos Izquierdo, siendo el actual presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el forense encargado de realizar las autopsias.

Una región como esta, que tanto ha aportado y aporta a la historia (negra) y la cultura de nuestro país, se merecía tener por fin su propio festival de novela de género negro, criminal y policiaco. Este verano el festival será una realidad.

Larga vida a Gata Negra.

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