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El sombrero volador, de Rotraut Susanne Berner: Un «scherzo»

El sombrero volador, de Rotraut Susanne Berner: Un «scherzo»

Este es un libro muy musical. Bien podría decirse de El sombrero volador que es un scherzo, un divertimento. Abriremos la partitura y nos encontraremos con un primer tema que volverá al final de la pieza, cerrando un círculo trepidante y perfecto. Por supuesto, es música de viento. Una ráfaga inesperada ha soplado sobre la cadena humana de los protagonistas —ellos son el tema— y ha arrancado de la cabeza de uno de estos (un muchacho pelón, extravagante, de ropa circense) un alto sombrero de copa abombada. Su autora, Rotraut Susanne Berner, ha cuidado de pintar todos los personajes con línea clara y colores vibrantes, la superficie es satinada y atractiva, como una melodía veloz. Todos llevan sombreros y tocados acordes con su personalidad (el lector volverá a verlos, porque la música los traerá uno a uno en su momento, esto es sólo su presentación), pero el viento sólo ha arrancado uno, el alto y negro ala de cuervo, el de la copa abombada y banda verde trébol del muchacho extravagante.

El viento siempre ha sido un elemento del gusto de los artistas. Es un meteoro inclemente que provoca molestia, dramatismo y comicidad. Recordemos aquel grabado de Hokusai donde un soplo repentino arranca un mazo de papeles. O aquel cartón para tapiz de Goya, representando la nevada invernal; o aquellas violentas sacudidas del paisaje pintadas por Corot… El viento pone a prueba el virtuosismo de los pintores, sus destrezas para representar el movimiento. Pero en el libro de Berner es otro el dinamismo que se persigue: uno de apariciones y desapariciones, uno de elementos que surgen a diferentes alturas de la pauta del dibujo, en diferentes contextos: el dinamismo de una cadena musical, como en aquellas películas mudas (este es un álbum sin palabras) pespuntadas por la música del pianista que recrea una persecución.

De ahí que seguiremos el sombrero arrancado por el viento en una divertida carrera. Por el camino cambiará de manos y cabezas, será objeto de confusiones, exigirá agudizar la mirada como quien aprende la letra de una tonada o retiene los pasos de un charlestón. Acabará, por designios del viento, en la cabeza de un pato a quien se lo robará un perro que lo entregará a su dueña, a quien, a su vez, se lo quitará un mono de quien luego lo recuperará una trabajadora del zoo… Más tarde se confundirá en un tren, luego lo tomará prestado una cabra, luego… Los protagonistas de todos estos traspasos fueron los presentados al comienzo, cuando se expuso el tema y sopló la primera corriente de aire.

En El sombrero volador alienta la diversión del juego, la alegría de los cambios, el placer del baile, el regocijo del encuentro y el final feliz. Todo es azaroso y disparatado (su estética es la risa, la comedia), pero, como ocurre con la música o con las películas de la screwball comedy, todo está perfectamente medido. El azar sigue una lógica estudiada, el ritmo pretende mostrar la cara brillante de la vida, aquella donde la pérdida es celebrada, porque no es pérdida sino comunidad en la risa. Así se comprende en el último compás del libro, cuando regresamos al comienzo y de repente sopla una ráfaga de viento y… ahora el único que no pierde su tocado es el muchacho pelón y extravagante, que agarra su sombrero negro ala de cuervo con ambas manos y una sonrisa, mientras todos los demás los pierden: hongos, gorras, cloches, canotiers saltan por los aires como notas esparcidas por un pentagrama.

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Autora: Rotraut Susanne Berner. Traductor: Lorenzo Rodríguez López. Título: El sombrero volador. Editorial: Lóguez. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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