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Cecilia Málaga: Imagen de resurrección

Cecilia Málaga: Imagen de resurrección

El hermetismo es una corriente estética milenaria cuyo tema es la lucha por la vida, la salvación. Dicha salvación puede ser colectiva o individual. El hermetismo colectivo, aquel que tiene como sujeto a la humanidad, suele ser de signo religioso y es característico del tiempo premoderno. Pensemos en obras como el Apocalipsis o el Libro de Job. El hermetismo individual, aquel que aborda la salvación del yo, es característico del mundo moderno y suele rodearse de símbolos heredados del hermetismo tradicional, pero desde una perspectiva nueva: la consideración del individuo como sujeto de su destino. A él pertenecen obras como La metamorfosis o Bajo el volcán.

En ambos casos, la salvación de la que habla el hermetismo suele adoptar la forma de la lucha entre fuerzas del bien y del mal, entre la luz y las tinieblas. Lo que se pone en escena es la agonía de un ser (sea la especie humana o uno de sus representantes) que se debate entre la rendición a la oscuridad o el ascenso hacia la luz, entendida como un estado de superación, de contacto con la divinidad, o como realización plena de las potencias del individuo.

"La última imagen de la caída muestra una mariposa descabezada. Es una imagen monstruosa y violenta. Pero en realidad este símbolo de muerte es un símbolo de transformación, de vida nueva"

En este sentido, la última obra de Benjamin Lacombe, Cecilia Málaga, es un álbum hermético, un libro de simbolismo moderno sobre la transformación, sobre la salvación, como libertad y autoconciencia, del individuo. De ahí que haya elegido como heroína un símbolo perfectamente hermético: Cecilia es una joven funambulista ciega. Cada función se juega la vida en el abismo, envuelta en sombra absoluta. Su ceguera y destreza en el aire provoca la admiración colectiva, es una estrella fulgurante que enriquece el circo del señor Franconi. Pero su triunfo se sostiene en otras tinieblas: la ignorancia absoluta de su pasado. Ella no recuerda y a nadie parece importante la historia de una niña ciega que un día llegó sola y desamparada a la carpa de un circo. Su brillo de blanca polilla bajo los focos se sustenta en el vacío, en el arrojo extraordinario de quien, por carecer de raíces, nada tiene que perder.

La imagen de la polilla no es una metáfora impertinente. Lacombe la utiliza expresamente en su álbum cuando las mangas con vuelo de la funambulista dan paso a una figura de mariposa real (símbolo de la metamorfosis) que de repente, en una función infausta, cae al vacío. La última imagen de la caída muestra una mariposa descabezada. Es una imagen monstruosa (cuerpo de animal, cabeza de muchacha) y violenta. Pero en realidad este símbolo de muerte es un símbolo de transformación, de vida nueva. La condición hermética de este álbum se evidencia en factores esenciales para esta estética, como son los nombres y las resonancias: Cecilia es el nombre que en el santoral cristiano evoca a la patrona de la música y de los ciegos, y en la iconografía de su martirio (la imponente escultura de Stefano Maderno en la Basílica del Trastévere romano) aparece tendida, envuelta en gasas, con la cabeza dislocada.

"En el epílogo del álbum, Lacombe, en primera persona, desvela la génesis y desarrollo de su libro. En él alude a episodios personales y a incertidumbres colectivas"

Tras la muerte de la vida en sombras, emerge la vida en luz. El álbum despliega dos hojas blancas, en abierto contraste con las veladuras y el tono oscuro de las páginas anteriores. A partir de ahí brota el recuerdo, Cecilia recupera, ve su pasado. El álbum, siempre lujoso y satinado, se rompe en colores. Durante el tiempo que dura la agonía de la funambulista caída, socorrida por los compañeros del circo, Cecilia consigue recordar su feliz infancia, su familia, y el terrible accidente que la dejó huérfana y propició su llegada al circo, amnésica y ciega por el trauma. La toma de conciencia es el inicio de la vida nueva y el compromiso con un camino de libertad. En las últimas páginas el álbum se llena de símbolos: ojos que se abren en canal; árboles que florecen de la semilla de un globo ocular que tiene una forma ovoide, daliniana; ríos que escapan del agua estancada; crepúsculos… Imágenes de renacimiento.

En el epílogo del álbum (las obras herméticas suelen arroparse con paratextos explicativos, ofrecen sus propias claves de interpretación), Lacombe, en primera persona, desvela la génesis y desarrollo de su libro. En él alude a episodios personales (pérdida de seres queridos: el fallecimiento de su amiga y editora Françoise Mateu, la muerte de su fiel perro Virgile) y a incertidumbres colectivas. Apela a la necesidad de recuperar las ganas de vivir y a salir de las sombras. En la dedicatoria final se evoca a los vivos y a los muertos. Como colofón aparece dibujado el perro Virgile, durmiente, enroscado entre pensamientos lilas, la flor del recuerdo.

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Autor: Benjamin Lacombe. Traductora: Elena Gallo Krahe. Título: Cecilia Málaga. Editorial: Edelvives. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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