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Elia Barceló: «Santa Rita tiene aún muchos secretos por desvelar»

Elia Barceló: «Santa Rita tiene aún muchos secretos por desvelar»

Foto de portada: Stefanie Graul

Muerte en Santa Rita, de Elia Barceló (Roca Editorial, 2022) es una novela que envuelve. El título de cada capítulo nos sugiere sensaciones, olores, sabores, colores. Santa Rita es un lugar de sosiego, de calma, pero con muchos misterios por descubrir. Como Greta, una de las protagonistas, el libro te acoge al llegar y logra que todo te resulte familiar en muy poco tiempo. Al poco ya eres uno más, compartes sus inquietudes, temores y risas. Dicen que un libro es un refugio, pero en Santa Rita te dan ganas de quedarte y no salir. Pasear por sus páginas es placentero… aunque un asesino ronde entre sus pasillos.

Elia Barceló ha logrado una obra intrigante, sorprendente y muy bien trabajada que, además, le sirve como primera piedra para lo que está por venir. Un antiguo balneario reconvertido en una comuna para decenas de personas es un escenario de lo más sugerente para una novela negra. Mezcla lo mejor de las grandes mansiones repletas de secretos con un componente humano sin par. Crees los personajes, los diálogos, las situaciones, el escenario. Ahí tenemos a Sofía, la anciana dueña de Santa Rita y además escritora de éxito; o Robles, comisario jubilado y sagaz; o Greta, recién divorciada de vuelta a España tras años en el extranjero. Y Nines, y Miguel, y Nel, y Candy y decenas de nombres más que tienen su propia historia que contar. Hablamos de una prosa certera, de un tempo perfecto, de sucesos constantes pero muy medidos, un pequeño gran puzle que se completa sin mirar el reloj. Una obra distinta y personal y llena de matices que romperá los moldes a más de un lector.

Hablamos con la autora de esta novela, que nos adelanta algunas pistas sobre esta Muerte en Santa Rita.

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—Santa Rita es un lugar fascinante, casi un personaje más. ¿Cómo se te ocurrió crear un sitio con tanta personalidad?

"El concepto de Santa Rita como comunidad transgeneracional es algo que lleva bastante tiempo dando vueltas por mi mente"

—Siempre he sido amante de la Naturaleza, de las flores y los árboles sobre todo, me encantan los jardines (es de lo primero que visito cuando voy a otra ciudad), y después de mi última novela —La noche de plata— tan negra, tan oscura e invernal, necesitaba volver a llenarme de luz, y de la alegría que me regalan las buganvillas, las palmeras, los jazmines… El concepto de Santa Rita como comunidad transgeneracional es algo que lleva bastante tiempo dando vueltas por mi mente. Hay mucha soledad en esta sociedad nuestra: jóvenes que casi no pueden con sus hijos pequeños porque no tienen a nadie que les ayude, adultos solitarios porque han cambiado de ciudad y no conocen a nadie, ancianos que han perdido a sus parejas y tienen lejos a los hijos… Se me ocurrió que en un lugar como Santa Rita todos esos problemas quedarían resueltos y unos se ayudarían a otros con provecho para todos y todas.

—¿Por qué Alicante?

—Porque después de cuarenta años en Austria necesitaba volver, física y literariamente, al lugar de donde soy. Además, como lectora, me he pasado años leyendo novelas negras que sucedían en paisajes norteños, desde Islandia hasta la costa cantábrica española, y no podía más de nieblas y oscuridades y policías obsesos, o depresivos o alcohólicos. Crímenes hay en todas partes, y pensé que yo podía aportar un giro nuevo a la novela negra ubicándola en una región maravillosa, con buen clima, buena comida, mar y monte; una novela sensual.

—¿El ser humano es capaz de vivir en armonía en comunidad, o estamos diseñados para matarnos a la mínima? Santa Rita es un paraíso de libertad, pero también tiene unas reglas claras.

—Los seres humanos estamos hechos para vivir en comunidades de un tamaño manejable. Quiero decir, que no sirve de nada pensar que uno vive en comunidad cuando está en una ciudad de un millón de habitantes, casi todos desconocidos, claro. El pueblo, la tribu, es más o menos el tamaño que puede servirnos: donde conoces y te conocen, donde cada uno tiene sus talentos, que son reconocidos por la comunidad, y sus obligaciones y derechos, donde la gente te importa y tú les importas a ellos. No tienen que tener lazos de sangre. Es una elección consciente y, a partir de ahí, con la convivencia y la ayuda mutua, son tu familia. Y obviamente, sin reglas claras no es posible vivir tranquilo porque siempre hay quien aporta más y quién menos, siempre hay vagos o aprovechados, o quien quiere mandar por encima de los demás… Es importante que existan unas reglas y que la gente esté dispuesta a cumplirlas por el bien de todos y todas, pero también es importante garantizar la intimidad personal y la libertad de decisiones y movimientos.

—Robles, Greta, Sofía… Todos los personajes están muy bien perfilados y además cuentan con unas biografías profundas y pasado sólido. Da la sensación de que cada uno de ellos podría protagonizar una novela en solitario, y de hecho has rescatado a algunos de otras obras.

"En Santa Rita la gente normal tiene tanta presencia como los más especiales"

—Sí, mis personajes son gente que conozco bien y a quienes les tengo mucho cariño, incluso a los “malos”, precisamente porque los conozco y, aunque no disculpo ciertos actos o actitudes, sé por qué lo hacen y cómo han llegado hasta allí. Es cierto que cualquiera de ellos podría ser el protagonista de una novela porque todos, igual que las personas de carne y hueso de la realidad, tienen una historia y son protagonistas de su vida. Hay vidas más espectaculares y glamurosas y hay otras más discretas, pero en todas hay momentos importantes y todas son dignas de ser narradas. En Santa Rita la gente “normal” tiene tanta presencia como los más “especiales”. Además, de vez en cuando, como ya hice en La noche de plata uso algún personaje de otra novela. En este caso el comisario Robles, con el que ya trabajé hace mucho en El contrincante, que se va a reeditar próximamente con su título original —Uke— aparece aquí, ya jubilado, pero con la misma inteligencia y capacidad de trabajo. Solo que, mientras tanto, ha evolucionado para mejor y se ha convertido en un hombre más tranquilo y más feliz.

—Moncho aparece pocas páginas pero enseguida lo odias con fuerza. ¿Cómo se logra algo así?

—Supongo que una gran ayuda es la colaboración del lector o lectora. Todo el mundo ha conocido, al menos por referencias, a alguien tan odioso como Moncho Riquelme. No es un monstruo de maldad, ni una de esas exageraciones psicopáticas a las que nos han acostumbrado el cine de Hollywood, las series y las novelas estadounidenses. Es un pobre imbécil que quiere comerse el mundo, un inútil, un chulo dispuesto a aprovecharse de todo el que se le ponga por delante; en la base un pobre hombre, pero que puede hacer mucho daño. Todos conocemos a alguien así, desde políticos de primera fila hasta los típicos vagos del pueblo. Por eso hay resonancia en la persona que está leyendo y completa la imagen con los datos que yo le ofrezco.

—Se dice que en una novela enigma debe aparecer la figura del investigador y la del sospechoso, pero aquí casi todos son las dos cosas a la vez. Robles, por ejemplo, investiga y sospecha de Greta, y viceversa.

"A todos les viene muy bien esa muerte, tanto si ha sido accidente como si ha sido asesinato"

—Sí, esa es la gracia: que a todos les viene muy bien esa muerte, tanto si ha sido accidente como si ha sido asesinato; casi todos pueden haberlo hecho y todos tienen curiosidad e interés por saber quién ha sido, o al menos cómo. Ha sido una de las cosas que más me ha divertido en la escritura de la novela. Todos se aprecian y se protegen unos a otros, pero sospechan y fabulan sobre quién puede haberlo hecho y por qué.

—Estamos ante una novela pausada, contemplativa. No es un thriller al uso, no hay persecuciones ni escenas de acción, apenas hay violencia. Solo en un momento dado, al comienzo del libro, alguien recibe un puñetazo. La calma de Santa Rita se contagia por sus páginas.

—Hay muchas cosas en esta novela (y en las siguientes, al menos eso espero) que significan una pequeña vuelta de tuerca en el género. La violencia es una de ellas, y eso es absolutamente intencional. Estoy más que harta, como lectora y espectadora, de que en novelas, películas y series cada vez haya más muertos, y más cochinadas y torturas y tripas. No me parece necesario y lo encuentro muy desagradable. Yo he querido escribir una novela con la que se pase bien, que nos permita sonreír de vez en cuando, que nos intrigue y nos mantenga con ganas de seguir leyendo, pero que, a la vez, nos deje entrar en ese jardín y disfrutar de sus flores, que podamos compartir las comidas con la gente de Santa Rita, sin tantas prisas ni tantos agobios. Allí nadie se obsesiona con nada, aunque cada uno tiene su historia, sus penas y sus preocupaciones, como todo el mundo. Sin embargo, no es una novela feel good, aunque, al cerrarla, te deja con una sonrisa y con ganas de volver allí y ver qué más les pasa, qué más hacen los personajes. Creo. Espero.

—Varias veces haces uso de metalenguaje para hablar del propio proceso de escritura. Comentas, por ejemplo, que los hombres hacen más autoficción, e incluso revelas los títulos descartados para esta Muerte en Santa Rita, refiriéndote a una novela de Sofía.

—Es que resulta muy divertido tener un personaje central que es escritora, como yo, aunque yo nunca he hecho novela rosa-erótica, que es una de las dos líneas de trabajo de Sofía. Lo bueno de Santa Rita es que allí tengo mucho campo para hablar de muchísimos temas que me preocupan o me llaman la atención porque, al tener tantos personajes y tan diferentes, cada uno tiene sus intereses, sus opiniones, y todos caben en la novela. Puedo hacer muchos juegos y muchos guiños que a mí me divierten. Habrá lectores que los pillen y les hagan gracia, otros que no se darán cuenta, y tampoco pasa nada. Es un juego para pasarlo bien mientras se lee y luego, con suerte, habrá alguna que otra cosa que se quede dando vueltas por la mente de alguna lectora o lector y lo lleve a reflexionar sobre alguna cuestión concreta.

—¿Cuáles son los planes de futuro para Santa Rita? ¿Trilogía o tal vez saga?

"No quiero comprometerme diciendo que será una trilogía o incluso algo más, pero sí puedo decir que es un proyecto amplio"

¡Qué pregunta más arriesgada! Planes tengo muchísimos. De momento está Muerte en Santa Rita. La siguiente ya está escrita en primera versión, aunque en este momento está descansando, a la espera de que me olvide un poco de ella y pueda ponerme a repasarla y corregirla. Ya tengo una tercera en la cabeza, en ese punto maravilloso en el que aún es posible casi todo. La parte de la historia antigua, desde la creación del Balneario de Talasoterapia del doctor Lamberto Montagut a mediados del siglo XIX la tengo muy clara y, poco a poco, irá apareciendo. Santa Rita tiene aún muchos secretos por desvelar, además de todo lo que sucede en el presente. No quiero comprometerme diciendo que será una trilogía o incluso algo más, pero sí puedo decir que es un proyecto amplio y que tengo muy claramente definidas las líneas maestras, además de que me gustan muchísimo los habitantes de Santa Rita y me apetece seguir trabajando con ellos y ver qué les pasa. Santa Rita ya es parte de mí y, de momento, sigo muy enamorada de ella y de las posibilidades que me ofrece.

—¿Crees que algún lector podrá adivinar el desenlace, o has creado el crimen perfecto?

—En general yo no oriento mis novelas a eso de que uno pueda o no adivinar lo que va a suceder. Quiero decir, claro que preparo sorpresas y me gusta que de vez en cuando pase algo que uno no se esperaba. Me encantan las vueltas de tuerca, pero no pretendo que esa sea la única gracia de la novela. En cuanto a lo del crimen perfecto… estoy convencida de que hay bastantes en la realidad. Perfecto es, simplemente, cuando o bien no se sabe que ha sido un crimen o bien no se puede probar la culpabilidad del sospechoso. Yo procuro entretener a quienes eligen mi novela, habiendo tantas otras en las librerías, y me dan su tiempo y su atención; espero que nadie lea mis novelas para aprender cómo matar a alguien, aunque sea alguien tan desagradable como Moncho. De todas formas, puestos a buscar la perfección en el crimen, creo que el de la segunda novela se acerca bastante.

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