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La invención de Santa Rita

La invención de Santa Rita

Siempre resulta difícil recuperar la memoria de cómo fue la escritura de una novela, desde la primera, nebulosa idea, hasta la última frase que cierra el proceso de la invención. Mientras estás en ello, la historia ocupa tu mente todo el tiempo, de noche y de día. Todo lo que lees, todas las conversaciones que mantienes, todas las películas que ves, y los carteles pegados en las calles y los folletos de publicidad te recuerdan momentos de la novela o te hacen pensar en alguno de sus personajes o te dan una idea para el desenlace. Por eso yo hablo muchas veces de que “me enamoro” de mis historias, porque se parece muchísimo a lo que pasa cuando te enamoras de una persona real y no puedes dejar de pensar en ella: todo lo que haces y ves te recuerda a esa persona y tienes la sensación de que no hay nada en el mundo donde no esté, particularmente si esa otra persona corresponde a tus sentimientos.

Con las novelas, como con los enamoramientos reales, pasa algo muy parecido: a veces la historia de la que te has enamorado te corresponde, y a veces no, o no tanto, y tienes que ganarte su amor hasta que se establece una relación.

"Estaba claro desde el principio que iba a ser una novela negra, es decir, que habría un crimen, o varios, pero iba a ser un crimen más ligero y juguetón"

Con Santa Rita, siguiendo la comparación, podemos decir que fue un flechazo. Nos enamoramos este verano hará dos años. De un momento a otro, nadando de espaldas, con el cielo intensamente azul por encima y las palmeras moviéndose perezosamente en la brisa, de algún modo que no soy capaz de precisar, de pronto vi el lugar donde se iba a desarrollar mi siguiente novela. Después de La noche de plata, tan invernal, tan oscura, con un tema tan terrible como la desaparición y el asesinato de niños pequeños, supongo que algo en mi interior necesitaba esa explosión de luz y color que es el Huerto de Santa Rita, donde conviven un par de docenas de personas de todas las edades en una especie de comunidad cordial. Estaba claro desde el principio que iba a ser una novela negra, es decir, que habría un crimen, o varios, pero iba a ser un crimen más ligero y juguetón, un noir, pero mediterráneo.

Debo decir que, también como lectora, había empezado a cansarme de tantas novelas negras que transcurren en países nórdicos donde siempre es de noche y hace frío, donde los policías son alcohólicos o depresivos o las dos cosas, donde las víctimas siempre son mujeres jóvenes y bellas que han sido asesinadas de maneras particularmente desagradables.

"Yo quería contar una historia concreta, como hago siempre, y luego pasar a otra novela distinta, y de pronto me encontré con que Santa Rita estaba tan llena de personajes y de historias"

En Santa Rita, entre palmeras y buganvillas, en plena eclosión de la primavera, también iba a haber crímenes, pero con otro tono. No me costó nada descubrir quién iba a ser la víctima y disfruté intensamente de ir creando ese lugar maravilloso que, aunque no existe en la realidad, es una mezcla entre Elche, Santa Pola, Alicante y Crevillente, una zona que amo y que conozco. Ir descubriendo a sus habitantes fue un placer. Me gustó mucho que hubiese gente de varias generaciones, desde el más pequeño, Sergio, que tiene tres años, hasta la dueña del antiguo balneario que es hoy Santa Rita, Sofía, una famosa escritora, de noventa y tres, pasando por estudiantes de veintipico, hombres y mujeres recién jubilados y otros que ya se retiraron hace tiempo de sus trabajos, mientras que otros más son de mediana edad y aún trabajan fuera de Santa Rita. Mientras tanto los conozco a todos y me identifico con todos, sé cómo han sido sus vidas hasta ahora, recuerdo sus dolores, sus planes y sus alegrías, disfruto con ellos y me gusta verlos hacer cosas, oírlos hablar, cada uno a su manera.

Además, como Santa Rita empezó su existencia siendo el primer balneario de talasoterapia de la costa mediterránea allá por 1865, para ir pasando luego por sucesivas etapas —sanatorio para enfermedades mentales, psiquiátrico femenino, manicomio de mujeres— siempre dentro de la familia de los Montagut hasta que lo heredó Sofía, ya desmantelado, y lo convirtió en lo que ahora es, había en esos casi doscientos años de existencia muchas historias que descubrir, muchos rincones que explorar, muchos secretos y misterios que ir revelando. Eso fue realmente una especie de bono especial que me encontré sin buscarlo ni pretenderlo. Yo quería contar una historia concreta, como hago siempre, y luego pasar a otra novela distinta, y de pronto me encontré con que Santa Rita estaba tan llena de personajes y de historias que era una pena dejarlas sin contar, ocultas entre sus muros como habían estado durante tantos años. De modo que empecé, casi sin darme cuenta, a planear más en grande, contando también cosas que sucedieron en el pasado y que a veces tienen paralelismos con lo que sucede en el presente o simplemente ecos que van reverberando en la mente de quien lo lee hasta crear una especie de cámara de sonido o de imágenes que se superponen, completan, intrigan… Al menos esa es la idea.

"Muerte en Santa Rita, además de todo lo dicho, como ya se puede suponer por el título que he elegido, es un guiño a Agatha Christie"

De momento la única que está acabada es la que presento ahora, la primera, Muerte en Santa Rita. La segunda ya ha dormido unas cuantas semanas y está esperando la corrección definitiva. La tercera está en estos momentos en un estadio que disfruto mucho: solo vive en mi cabeza, y ahí, como en un cubo de Rubik, muevo, giro, combino, busco a los personajes nuevos —por fortuna la mayor parte de ellos son los habitantes de Santa Rita, que ya conozco bien-—, tomo decisiones… un auténtico placer que no es menor por muchas veces que se repita.

Muerte en Santa Rita, además de todo lo dicho, como ya se puede suponer por el título que he elegido, es un guiño a Agatha Christie, una escritora que me ha dado muchas horas de placentera lectura, a pesar de que, literariamente, no ha tenido ninguna influencia sobre mí; pero esta novela tiene algo de sus ambientes cerrados donde se ha cometido un crimen, aunque no se trate aquí de familias aristocráticas inglesas sino de gente normal que vive en un pueblo de la costa de Alicante, y me gusta situarme en esa estela para ofrecer una historia que se lee con agrado —espero— y solo poco a poco se va dando cuenta la lectora o lector de que hay muchos más temas y muchas más reflexiones de las que podría parecer al principio.

Y un aviso que quizá sea conveniente hacer para el público aficionado a las novelas de crímenes: no hay cadáver hasta la mitad de la novela. Hay, eso sí, otras cosas que son por lo menos igual de interesantes (al menos eso creo) y que cobran su importancia después, cuando hay que encontrar al asesino.

Espero que disfruten de su lectura tanto como yo he disfrutado al escribirla.

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Autor: Elía Barceló. Título: Muerte en Santa Rita. Editorial: Roca editorial. Venta: Todostuslibros

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