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Else-Marie y los siete papaítos, de Pija Lindenbaum: Imaginación de una niña

Else-Marie y los siete papaítos, de Pija Lindenbaum: Imaginación de una niña

Else-Marie y los siete papaítos, la que fuera ópera prima de Pija Lindenbaum, editada ahora por primera vez en España, es un ejemplo consumado de comedia construida desde la mirada infantil. Su protagonista es una niña que, en primera persona, muestra su intimidad familiar. El álbum se levanta sobre dos pilares: la representación de la experiencia cotidiana y la vivencia subjetiva de ésta. Es la subjetividad la que permite la aparición de la risa, pues sitúa al lector ante una voz directa, sin doblez, ardorosamente auténtica (“mis [siete] padres son bastante pequeños y son todos exactamente iguales”).

El motivo folclórico que convierte a Else-Marie en una especie de Blancanieves moderna rodeada de siete seres diminutos se desarrolla en un mundo sólido, perfectamente real. Las circunstancias de dicho mundo, sujeto a los imperativos laborales de la familia —el trabajo de ambos padres— y a las costumbres domésticas, permite una representación ajustada del hogar y de la escuela (el desencadenante de la trama es el temor de Else-Marie a que sus compañeros descubran esta anomalía de su familia: si su padre va a recogerla al salir de clase, todos comprobarán que ella no tiene un único padre “grande” sino siete padres minúsculos).

"Se construye con detalles como el deleite por los dulces, como la agonía a la que arrastran los complejos o el temor a que la intimidad sea desvelada, o como la intensidad de la imaginación"

Es ese contraste en el mundo interior de la casa y el mundo exterior de la escuela el que permitirá un desdoblamiento de la voz que relata la historia. El desajuste se llena de temor y dicho temor aparece representado a través de la fantasía (Else-Marie anticipa sucesos catastróficos, como que el perro de una amiga pueda perseguir a la tropa de padrecitos) o el sueño (¿qué ocurrirá si la maestra no se da cuenta y se sienta en la silla ocupada por los padres enanos?). La solidaridad entre la palabra y el dibujo, subrayada con apelaciones directas al lector y con humoradas entrañables (en una página aparecen esparcidas las pasas que Else-Marie extirpa de su bollito del desayuno, en otra presenciamos “en vivo” sus garabatos atolondrados en el cuaderno del colegio), consolida la solidaridad, el lector se sumerge en la mente de la protagonista.

Ése es el espacio artístico que una joven Pija Lindenbaum, hoy autora consagrada, supo exprimir con maestría: se construye con detalles como el deleite por los dulces (las gominolas de Iggensund que los siete papás traen cuando vuelven de sus viajes; el bollo de crema de vainilla que los siete papas compran a Else-Marie hacia el final de la historia —“de rechupete”, anota junto al dibujo—), como la agonía a la que arrastran los complejos o el temor a que la intimidad sea desvelada (característica de la infancia acentuada durante la adolescencia), o como la intensidad de la imaginación, que Pija Lindenbaum sabe deslizar de los dominios de la pesadilla a los terrenos del humor, merced al dibujo grotesco. Este dibujo resulta particularmente logrado. Consigue mostrar, por ejemplo, un risueño “monstruo doméstico” formado por siete pares de piernecitas asomadas a un inmenso periódico: es papá leyendo su diario tras la cena.

La historia concluye de un modo feliz, como ocurre en todas las comedias. La risa encuentra en el rincón más íntimo, la bañera familiar, un lugar de celebración tan grande y tan luminoso como el Mediterráneo.

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Autora: Pija Lindenbaum. Traductora: Carmen Montes Cano. Título: Else-Marie y los siete papaítos. Editorial: Galimatazo. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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