Enero
Viernes, 19

Voy a renovar el pasaporte porque el 31 volaremos a Tánger para recorrer con Cristina López Barrio los escenarios de su novela Niebla en Tánger, finalista del premio Planeta. La editorial está organizando un viaje con medios de comunicación. Se presentará en el Instituto Cervantes.

Me vuelven a sacar esas fotos horribles que te estampan contra el objetivo y que por mucho que me esfuerce en salir medio bien no lo consigo nunca.

"Un año cerca del Café Hafa y de Paul Bowles, Kerouac, Burroughs y Capote, que en aquel tiempo pasaban las tardes tecleando la máquina de escribir, y haciendo que las noches transcurrieran más lentas en compañía de una pipa de kif."

Confieso que siento una ligera emoción ante la posibilidad de volver a pisar suelo tangerino después de tantísimo tiempo. Allí me llevaron mis padres con solo dos años para pasar una larga temporada. Un año cerca del Café Hafa y de Paul Bowles, Kerouac, Burroughs y Capote, que en aquel tiempo pasaban las tardes tecleando la máquina de escribir, y haciendo que las noches transcurrieran más lentas en compañía de una pipa de kif. La fascinación del Tánger internacional es algo inevitable pero sé que me esperan la Medina y la Kasbah de 2018, el mismo escenario que pisa Flora Gascón, protagonista de la novela de Cristina López Barrio. Es el Tánger de hoy para el que me preparo.

Tánger, 1954. Emilio Sanz de Soto, Pepe Carleton, Truman Capote, Jane Auer y Paul Bowles

Sábado, 20

Muere Paul Bocuse, el Papa de la gastronomía, el creador de la nouvelle cuisine.

En los 80 me fotografíé ante la puerta del restaurante y aspiré el aroma de la sopa de trufas con hojaldre pero no pude entrevistarle. Solo a mí se me ocurre intentarlo sin cita previa. Algunos años después me invitó Juan Cruz a degustar la cocina de Pedro Subijana en el Akelarre. Los cocineros vascos le siguieron siempre la pista a Bocuse. Con uno de los platos salió Subijana de los fogones para advertirnos que el que íbamos a comer a continuación había que hacerlo sin abrir la boca al masticarlo porque contenía una sorpresa. Y era verdad porque estallaba dentro y se llenaba todo de petazetas. Era septiembre y estábamos sobre la bahía de Donosti. Por la noche había que ir al Kursaal para asistir al pase de La novena puerta, película dirigida por Roman Polanski, basada en la novela de Arturo Pérez-Reverte, El Club Dumas. Allí estaban ambos. El plan no podían ser más apetecible.

Hacia el 2010 conocí a Juan Mari Arzak. Estaba en Madrid Fusión tomándose unas tapitas en un reservado y me lo presentó Juanma Bellver. Le dijo: “Juan Mari, este es un buen amigo que además es asturiano…”, y Arzak se levantó y me dijo con una vocecilla delgada y un cuerpo rotundo en el que no le cabía la sonrisa: “¡Hooombre…, asturiano, qué bien!, ¿sabes que en tu tierra es donde mejor he comido?”. Pues así es Arzak, un grande.

Lunes, 22

Hacía tiempo que no comía con los zendianos de pro. El núcleo duro. La Nomenclatura. El Politburó: cinco personas con los que da gusto intercambiar ideas, vamos. Arturo nos citó en una terraza de la plaza mayor. Desde lejos lo vi, había llegado el primero: tocado con un sombrero y un abrigo oscuros, americana de corte elegante y pantalones de pana fina. Pensé en Falcó, y también en Bogart. Tomamos un aperitivo y fuimos luego a comer a un restaurante del que le prometimos no desvelar su nombre. “Es muy especial”, dijo Arturo. Lo era, efectivamente; singular, diferente, inencontrable si no vas a tiro fijo; con un toque tradicional…

No he dicho su nombre. Lo prometido es deuda.

Jueves, 25

Rosa Merás es una actriz asturiana que ha hecho en Madrid todo el teatro que ha podido o que le han dejado hacer. Lo penúltimo en que pude verla, y que disfruté varias veces, fue Carne de gallina, una adaptación de la película que dirigió Javier Maqua hacia el 2000.

Rosa me citó en Matadero porque quería que viese su último invento: una pequeña caravana que tenía aparcada en el patio y donde metió a dieciséis espectadores. “Esto lo hago para los amigos; hace rato hicimos una función para productores”. Dieciséis personas que nos arracimamos en un costado de la minicaravana, más los tres actores que durante veinte minutos entran y salen por las puertas laterales, gritan, se revuelcan y roban el aire como posesos en una historia delirante, surrealista y patafísica. Fin de la función. “Esto es todo, amigoooos”, y de pronto notas que en ese microlugar ha ocurrido una microhistoria, una divertida locura que te hace pensar que el ser humano tiene siempre un as en la manga, y que sonreír o reír a carcajadas de la desgracia ajena -siempre que sea literariamente hablando, claro- te saca del horario convenido, del tiempo del reloj administrativo, de la normalidad y de la rutina, porque el teatro es otra cosa. ¡Ah, el teatro!

Lunes, 29

La doctora Eva García Perea, que es una querida amiga, nos envuelve otra vez con su galanteo profesional para que vayamos a la Facultad de Medicina a hablar a los alumnos del “Master universitario de investigación y cuidados de enfermería en poblaciones vulnerables”.

Lo que hace P. es ponerse en contacto con Inma Chacón, Fernando Beltrán y Yolanda Guerrero para que conformen la mesa que nos comprometemos a moderar.

"La salvación puede venir del vértigo y de la profundidad de un poema."

Lo que salió de ahí había que haberlo visto y oído. La fragilidad, la vulnerabilidad, el dolor, se visten de palabras, de miradas, de arte y de poesía. De comprensión, de compasión, de solidaridad.

Yo que en el fondo, como escribió Ángel González, tengo conciencia de la inutilidad de todas las palabras, cuando me rodea tanta realidad, cuando veo que lo evidente traspasa el velo del misterio, cuando no hay ensoñación posible porque a la mínima se puede rasgar la vida, comprendo muchas cosas. También, y por eso, quisimos estar junto a Eva García Perea, sentir que la salvación puede venir del vértigo y de la profundidad de un poema.

Miércoles, 31

12,30h. “Señores pasajeros, abróchense los cinturones, apaguen sus dispositivos móviles y pongan el respaldo de su asiento en posición vertical”.

Tánger nos esperaba a solo una hora de vuelo en un avión de Air Nostrum, de la compañía Iberia. El capitán y toda la tripulación nos desean buen vuelo, y afortunadamente lo tenemos.

Niebla en Tánger, la novela de Cristina López Barrio, como dije en la anotación del día 19, y cuento en el enlace que lleva a mi post del pasado jueves, es el pretexto. La acompañan Eduardo Siles y Roberto Tristán, de Antena 3, Gema Veiga, jefa de cultura de la revista Elle, Carmen Naranjo de Efe…, y un servidor, contador de historias para Zenda. Y, naturalmente, P., su agente, y Manolo Yllera, marido de Cristina, fotógrafo de AD, lector in fabula y escritor en ciernes.

En Tánger hay mucha tela que cortar. Lo he contado ya pero presumo que contaré más a su debido tiempo.

Con P., Cristina y Nuria Sierra vistos por el ojo fotográfico de Manolo Yllera

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