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«Enola Holmes» (Netflix), la excelente aventura infantil de Millie Bobby Brown y Henry Cavill

«Enola Holmes» (Netflix), la excelente aventura infantil de Millie Bobby Brown y Henry Cavill

Enola Holmes, superproducción estrenada en Netflix basada en las novelas juveniles de Nancy Springer, es la constatación de dos cosas. Uno, que la cámara quiere, la cámara ama, a Millie Bobby Brown. La estrella de Stranger Things rompe aquí la cuarta pared (recurso no especialmente novedoso, lo sabemos) para hablar con el espectador sin que la argucia resulte presuntuosa, apelando directamente a la complicidad de un espectador que, al menos en lo que a puro target juvenil se refiere, probablemente esté desde el comienzo convencido.

Dos, el sexismo y el mansplaining que sufre la adolescente Enola durante toda la película puede ser presentado en pantalla, y criticado, de una manera dinámica, divertida, sin aleccionar al personal desde un púlpito de superioridad moral ni convertir ese tópico en centro del relato, lo que ya diferencia Enola Holmes de la mitad de productos audiovisuales comerciales de última hornada que han acometido tal misión por obligación (comercial, no moral, no vayan ustedes a creerse…), y que han sido prácticamente todos.

"Enola Holmes está concebida como un largometraje de gran formato, y en tiempos de disolución de las ventanas de exhibición y coronavirus esto todavía quiere decir algo"

Y eso que Enola Holmes, ambientada en la época victoriana, jamás oculta su intención de trazar un evidente paralelismo con tiempos actuales. La joven adolescente interpretada por Millie Bobby Brown, hermana de los legendarios Sherlock (Henry Cavill) y Mycroft Holmes (Sam Claflin) emprende la búsqueda de su madre y de paso se ve enredada en otra desaparición, la de un joven marqués que podría tener algo que ver con cierta fractura política en el Parlamento londinense.

El argumento pergeñado por Nancy Springer para El caso del marqués desaparecido (Editorial Molino, 2018) sirve al director televisivo Harry Bradbeer para presentar un espectáculo de época que trasciende no tanto fronteras como pantallas. Enola Holmes está concebida como un largometraje de gran formato, y en tiempos de disolución de las ventanas de exhibición y coronavirus esto todavía quiere decir algo.

La música de Daniel Pemberton es, probablemente, de lo mejor que se ha presentado en bandas sonoras este plúmbeo 2020, y el montaje y el ritmo que Bradbeer imprime parece más bebedor del Sherlock de Guy Ritchie y de la versión de Moffat y Gatiss que, evidentemente, versiones anteriores. Enola Holmes es, digámoslo así, una producción de lujo y no una película televisiva; una reinterpretación de un clásico que ya ha demostrado su ductilidad anteriormente.

"La película sitúa al personaje de última hornada Enola Holmes en una trama que mezcla derechos civiles con maduración emocional"

También una película abiertamente a la moda, como probablemente lo fue en su momento El secreto de la pirámide. Apoyándose en el recurso utilizado en Deadpool (que nunca ocultó que a su vez lo “robaba” de Todo en un día, el clásico de John Hughes), la película sitúa al personaje de última hornada Enola Holmes en una trama que mezcla derechos civiles con maduración emocional.

La consabida parodia del esnobismo británico, el dibujo de una sociedad de hombres ausentes y autoritarismo emocional, encaja perfectamente con el relato adolescente de una Enola que florece por primera vez al mundo, aliviando sus vicios mutuamente sin que merme la capacidad expresiva. El guión de la película encaja estas dos piezas igual de bien que otro recurso subrepticio, ese que señala la ambigüedad del personaje de Bonham Carter, a quien la película nunca dice si hay que encontrar o detener hasta que, en efecto, se lanza a la piscina en un giro tan manipulador como sentimental… pero también atrevido.

Enola Holmes es, como decíamos arriba, una película infantil dirigida a la audiencia adulta. Retrata el ADN de un país que se debate entre la tradición y la modernidad en un mundo líquido, inestable, como inestables son también las hormonas de una Enola agobiada por la sombra de sus hermanos, la curiosidad de su primer amor y esa figura elusiva pero intocable que es su madre. Al final ella se pierde en las calles de la capital del Reino Unido, un país conservador pero visionario, que parece actuar como la desordenada y caótica Enola, entre la pura defensa (ante un mundo hostil, aunque quizá no tanto) y el ataque.

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