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Erratas invisibles en libros célebres, en Confabulario

Erratas invisibles en libros célebres, en Confabulario

Todo escritor —y todo editor, también— tiene pesadillas con la sola idea de encontrar una errata en su flamante libro recién impreso. Confabulario, el suplemento cultural de El Universal de México, glosa una serie de obras célebres que tienen la temida errata en su interior.

Aunque todos los libros de ensayos de Octavio Paz son muy leídos y consultados, uno de los que más referencias tiene es El laberinto de la soledad, publicado en la revista Cuadernos Americanos en 1950, reeditado en el Fondo de Cultura Económica en 1959, corregido y aumentado, en la colección Vida y Pensamiento de México; pasó en 1972 a la Colección Popular, con múltiples reediciones (nueve, hasta 1981); fue incluido en Lecturas Mexicanas en 1984, con un tiraje muy alto, y en un tomo en conjunto con Posdata y una conversación con Claude Fell titulada Vuelta a El laberinto de la Soledad) en 1981, y se ha reeditado varias veces, en ediciones conmemorativas, en la Colección Popular, hasta 2015, con la advertencia de que retoma la versión revisada por el propio Paz para las Obras Completas, con edición del especialista Enrico Mario Santí, quien por cierto se encargó de la edición anotada para Cátedra.

Christopher Domínguez apunta (Octavio Paz en su siglo) que a finales del siglo XX el Fondo de Cultura Económica llevaba vendidos más de medio millón de ejemplares, sin tomar en cuenta las reproducciones, traducciones y lo que va impreso en el siglo actual. Sin embargo, subsiste una errata, o un error, desde la edición príncipe de Cuadernos Americanos: en “La dialéctica de la soledad”, el último capítulo, Paz llama la atención acerca de lo que sucede a muchos mexicanos en el aspecto amoroso, lo mismo que a Swann, el personaje de En busca del tiempo perdido: “Y pensar que he perdido los mejores años de mi vida con una mujer que no era mi tipo”. Sólo que la frase de Marcel Proust es distinta: “Y pensar que he perdido los mejores años de mi vida por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo” (versión de Pedro Salinas en Alianza Editorial). Una supresión sutil: “una mujer que no me gustaba”, pero hay un cambio de preposición:con en vez de por. No es lo mismo perder los mejores años de la vida por una mujer, que con una mujer.

No es la única errata perpetuada en las obras de Paz a lo largo del tiempo; en su exquisito repaso de la obra de Xavier Villaurrutia (Xavier Villaurrutia en palabra y en obra, FCE), además de una fotografía de XV fechada en 1951 (murió en la Navidad de 1950), habla de uno de sus nocturnos más intensos, famosos y enigmáticos, “Nocturno rosa”; el poema en realidad se llama “Nocturna rosa”. Este error no es totalmente atribuible a Paz: viene desde Poesía y teatro completos (1953), en el que Alí Chumacero recoge las obras de esos géneros publicadas por XV; en el cuerpo del libro viene el nombre correcto, “Nocturna rosa”, pero en el índice está “Nocturno rosa”, que siguió hasta la edición en 1966 de las Obras, bajo la compilación de Chumacero, Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider; la primera la corrigieron Chumacero y Emmanuel Carballo, la segunda toda fue responsabilidad de Chumacero. La primera edición de El laberinto de la soledad carece de créditos, pero puede pensarse que el propio Paz la revisó, por lo comentado en la correspondencia con Alfonso Reyes. La primera en el FCE la cuidó Juan Almela, quien en su otra identidad (Gerardo Deniz) fustigaba los errores ajenos.

Pincha aquí para leer el artículo entero en Confabulario de El Universal de México.

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