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Ese mar no siempre nostrum

Ese mar no siempre nostrum

Tal vez no haya sido casualidad que la primera ópera que estrenara Wolfgang Amadeus Mozart en la corte vienesa, el verano de 1782, fuera El rapto en el serrallo. En las penas de Constanza, la amante que finalmente es rescatada del serrallo del sultán, anida toda una historia de la música y la cultura europeas de, por lo menos, los últimos quinientos años.

El perfil del Imperio Otomano incrustado en el imaginario europeo que se refleja en la obra mozartiana, es heredero de varios siglos de relaciones diplomáticas y problemáticas, de guerras, mestizaje, espionajes e intercambios comerciales entre el Occidente cristiano y el Islam de los sultanes de Estambul, ciudad cuyo solo nombre evoca todo tipo de magias, fantasías, temores y ocultos deseos. Pero también es reflejo «psicológicamente fiel», Mozart lo sabía, de aquel mar que une y separa ambas civilizaciones: el Mediterráneo.

La historia de ese espacio y las ciudades que lo circundan, sobre todo en el límite entre los cristianos y los musulmanes, es el tema de Agentes del Imperio, del historiador británico Noel Malcolm, conocido experto en Albania y los Balcanes y, también, entusiasta del Brexit, por razones quizá no del todo descabelladas («mis motivos para abogar por la salida de la UE están fundamentados en una defensa de la democracia, de la representatividad y del poder soberano de Reino Unido», declaró hace poco a El País).

"Tras una erudita investigación de varios años, minuciosamente documentada, el autor llega a conclusiones que iluminan la comprensión de sucesos como esta batalla de Lepanto."

Aunque Malcolm, en esa entrevista, no es «partidario de explicar el presente a través del pasado», sí admite que «la forma en que se desarrolló el ideal nacional en determinados territorios del Imperio Otomano como Líbano o Bosnia puede ayudar a entender la mezcla pacífica y la convivencia». Para (de) mostrar cómo se dieron estas circunstancias y cómo fueron transformándose según los intereses de cada uno de los actores políticos involucrados —los otomanos, la república de Venecia, el papado, el rey francés, los Habsburgo y la corte de Felipe ii— el hilo conductor del autor lo constituyen los avatares de dos familias de la costa albanesa, los Bruni y los Bruti, cuyos miembros, sobre todo, Antonio Bruti, Giovanni y Gasparo Bruni, participaron de manera más o menos relevante en los acontecimientos acaecidos a lo largo del siglo XVI, un periodo particularmente convulso en la zona nororiental del Mediterráneo, tiempo de eventos tan definitorios como la célebre batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571 en la que Miguel de Cervantes perdió una mano. Esta batalla, por cierto, no tuvo lugar allí, sino a orillas del golfo de Patras.

El emocionante relato de la batalla da una idea de la pasión, mezclada con precisión documental, con que Malcolm desgrana los acontecimientos: «Para el pensamiento moderno, influido por una historia continua de guerras marítimas desde el siglo XVIII al XX, la lucha en el mar depende fuertemente del uso de las andanadas de artillería, siendo la principal finalidad hundir los barcos enemigos. Pero la guerra de galeras del siglo XVI era muy diferente. (…)  En palabras de Miguel de Cervantes, que luchó en una nave genovesa en Lepanto, al final todo dependía del valor de cada soldado que pasaba a la galera enemiga». En estas circunstancias se produjo «uno de los peores incidentes de todas la historia de la batalla de Lepanto». Entre los esclavos de las galeras se encontraba el arzobispo Giovanni Bruni que fue asesinado por error en el momento en que fue capturada la galera. «La verdadera historia era, sin embargo, mucho peor». Porque no a la luz de los datos, no parece tratarse de un error.

Agentes del imperio

Tras una erudita investigación de varios años, minuciosamente documentada, el autor llega a conclusiones que iluminan la comprensión de sucesos como esta batalla de Lepanto, la cual, aunque tuvo «consecuencias menores o nulas» a efectos prácticos, sí sirvió para contener una posible ofensiva otomana sobre la costa oriental de la bota italiana, en detrimento de los intereses españoles, pero también venecianos y papales. La «historia» de las dos familias que estudia este espléndido libro, los Bruni y los Bruti, acaba con el siglo XVI, pero deja un legado de impagable valor: «Europa supo —aunque sin conciencia de ello— sobre los otomanos, y sobre los albaneses,  gracias a Antonio Bruni», porque sus escritos fueron la base de LOttomanno (1598), de Lázaro Soranzo, libro que de inmediato fue un éxito y que conoció repetidas ediciones. Quién sabe, quizá algún eco de la agitada vida de los Bruni haya recalado en el libreto que inspiró a Mozart las aventuras musicales del serrallo a la orilla del Mediterráneo, ese mar que, sin duda, no siempre ha sido nostrum

Autor: Noel Malcolm. Título: Agentes del Imperio. Caballeros, corsarios, jesuitas y espías en el mundo mediterráneo del siglo xvi. Traducción de Eva Rodríguez Halffter. Editorial: Galaxia Gutenberg Venta: Amazon

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