Recuerdo la sonrisa de la escritora, ensayista y poeta Esther Seligson como un inmenso resplandor que iluminaba su rostro apacible. Estar con ella era sumergirse en un mar de serenidad que su voz, suave y dulce, acentuaba. Era una alma hermosa y sabia, que había dejado huellas imborrables en sus lectores con obras como Otros son los sueños, La morada del tiempo, Sed de Mar, Luz de dos o Negro es su rostro. Desde que murió, en 2010, muchos la echamos de menos. Por eso, el ciclo que la Fundación para las Letras Mexicanas, a través de la Casa Estudio Cien Años de Soledad, ha organizado bajo el título “Tras la ventana un árbol: Acercamientos a Esther Seligson”, es una oportunidad de recordarla desde diferentes perspectivas, desde la visión panorámica que ofrecerá Geney Beltrán hasta su escritura memorialística, poética o ensayística, que abordarán autores como Karla Marrufo, Rebeca Leal, Liliana Muñoz, Alejandro Vergil, Roberto Abad y Karla Montalvo. Como señala Geney Beltrán, autor del prólogo de su Narrativa reunida, que el Fondo de Cultura Económica ha publicado, la obra de Seligson es arriesgada, audaz, muchas veces con un marcado carácter experimental, y difícilmente encaja en una etiqueta específica, porque sus libros son una constante búsqueda y exploración del espíritu y la condición humanas, reflejando a una escritora que se situó en los márgenes porque siempre quiso ser fiel a sus intereses intelectuales, literarios y artísticos, y muchos de ellos, como bien indica Beltrán, no estaban en la corriente principal de la literatura mexicana, aunque ahora, 16 años después de su partida, se compruebe que existe un renovado interés en su obra, sucediéndose año con año las ediciones, traducciones y estudios sobre ella, lo que revela, como destaca Geney Beltrán, que se trata de una obra robusta y valiosa.
ROSA NISSAN, UNA ESCRITORA SECRETA
La escritora Rosa Nissán tiene 86 años, el cabello blanco y un mechón que pinta de diferente color según su estado de ánimo, a veces de azul, rosa e incluso morado. Y aunque ha escrito una decena de libros a lo largo de 34 años de trayectoria literaria, ninguno ha superado a Novia que te vea, con el que debutó en 1992. Considerada como una novela de culto, se trata de una historia de vida novelada que ha logrado convertirse en un long seller del que a día de hoy sigue hablándose, aunque sea difícil encontrarlo en librerías. En una reciente entrevista, doña Rosa asegura no acordarse de cuántos años tardó en escribirla, aunque sí recuerda que tras leer el manuscrito, Elena Poniatowska le sugirió dividirla en dos partes, la segunda titulada Hisho que te nazca, que vio la luz cuatro años después, en 1996, y más de 20 años más tarde, en 2019, escribió una tercera parte titulada Me viene un modo de tristeza, con la que cerró una trilogía que bautizó como Oshinica. De Novia que te vea, la autora ha dicho que la hizo porque a las mujeres siempre les decían desde pequeñas “cásate, cásate o te vas a quedar a vestir santos”, y luego, cuando se casaban, comenzaban a decir: “Ten hijos, ten hijos”. Así que su novela, como ella misma la define, “es un alarido para reclamar por qué nos quitan las alas cuando aún no las abrimos”, porque lo que no funciona, para ella, es el matrimonio y el patriarcado que lo apuntala. En los otros libros de Rosa Nissán, entre los que destacan La tierras prometidas, Los viajes de mi cuerpo o Cuentos sobre la mesa, persisten sus temas: el matrimonio, la maternidad y la libertad femenina. Ahora acaba de publicar ¿Cuántas rosas hay en un rosal?, al que describe como otra exploración ficticia de su vida e identidad, y asegura tener varios libros más terminados pero, como si de una autora novel se tratara, afirma seguir enfrentándose al problema de que las grandes editoriales se niegan a publicarla, aunque eso, a esta escritora casi secreta, le da igual. Ellos se lo pierden.


Desde que murió, en 2010, muchos la echamos de menos. Por eso, el ciclo que la Fundación para las Letras Mexicanas, a través de la Casa Estudio Cien Años de Soledad, ha organizado bajo el título