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¿Existe una copia idéntica a ti en algún universo paralelo? (parte IV)

¿Existe una copia idéntica a ti en algún universo paralelo? (parte IV)

La Teoría de la Inflación predice la existencia de infinitas copias idénticas a ti en infinitos universos paralelos. Estos universos coexisten en espacios distintos, alejados más allá de la distancia que la luz ha podido recorrer en los 13.800 millones de años de existencia del nuestro. Aunque están físicamente allí, dudo que tengas una mínima oportunidad de encontrarte con alguna de tus réplicas.

Existe otra teoría que habla de universos paralelos que conviven no en lugares físicos distantes, sino en un espacio abstracto denominado espacio de Hilbert. Todas tus réplicas viven al mismo tiempo sin que ninguna de ellas tenga consciencia de las restantes.

Para hablar de esta teoría y entrar en detalles, no tenemos más remedio que regresar al mundo cuántico de las partículas subatómicas. ¿Recuerdas el artículo del gato de Schrödinger?

"La interpretación de Copenhague rompe con un postulado axiomático de la Física clásica, la de Newton y Einstein."

Hablábamos allí del fenómeno de la superposición cuántica, de la facultad que tienen las partículas de estar en dos lugares físicos distintos al mismo tiempo. Poníamos a prueba este principio lanzando un átomo a un par de cajas a través de un dispositivo que, con una probabilidad del 50 %, desviaba su trayectoria hacia una u otra. Tras el lanzamiento, el átomo manifestaba su presencia en las dos cajas simultáneamente, pero al abrirlas aparecía solo en una de ellas.

Recordamos que algunos científicos interpretaban este fenómeno diciendo que era la observación la que creaba la realidad final (interpretación de Copenhague) y que el fenómeno de la superposición no es patente con las cosas que tenemos a nuestro alrededor porque todo lo que es tangible para nosotros, lo del nivel “macro”, está permanentemente observado.  En el experimento, la observación era la causa de que el átomo apareciera en una u otra de las cajas de forma aleatoria.

Erwin Schrödinger ponía en evidencia lo absurdo de esta situación con la famosa paradoja del gato.

La interpretación de Copenhague rompe con un postulado axiomático de la Física clásica, la de Newton y Einstein. La formulación matemática de la mecánica clásica establece que el estado de un sistema físico está perfectamente determinado si se conoce su estado inicial y las variables que intervienen en su movimiento. Cuando se lanza una pelota hacia arriba, sabiendo desde dónde se lanza y el impulso que se le confiere, es posible calcular con absoluta precisión su trayectoria y velocidad. Todo es perfectamente calculable y en consecuencia predecible.

El comportamiento de la pelota es perfectamente predecible

El físico y matemático francés Pierre Simon Laplace, fiel seguidor de la doctrina de Newton, afirmaba que “si alguna inteligencia conociera las fuerzas que actúan en la naturaleza y las posiciones de las cosas del universo, sería capaz de predecir y calcular matemáticamente el movimiento de todos los cuerpos que contiene”.

La física clásica es por tanto determinística, el resultado es siempre predecible, no existe el azar. Todo efecto tiene como origen una causa.

"Cuando aparecen las primeras evidencias del comportamiento de las partículas en el mundo cuántico, toda esta teoría se desvanece. Las partículas no se comportan aparentemente de forma determinística."

Incluso los fenómenos que nos parecen aleatorios en realidad no lo son. Si lanzo varias veces una moneda al aire, aproximadamente la mitad de las veces veré que cae en cara y la otra mitad en cruz. Afirmamos que el obtener uno u otro resultado es algo aleatorio, pero nos equivocamos. Si sale cruz seguramente es debido a que, en el momento del lanzamiento, la moneda estaba ligeramente inclinada en una posición que favoreció ese resultado o a que durante el vuelo de la moneda sopló una brizna de aire que hizo que cayera en esa posición. La aparente aleatoriedad es debido a estas “variables ocultas”, causas físicas que no percibimos durante el experimento.

La moneda al aire no es un experimento aleatorio

Cuando aparecen las primeras evidencias del comportamiento de las partículas en el mundo cuántico, toda esta teoría se desvanece. Las partículas no se comportan aparentemente de forma determinística. Lo acabamos de ver: tras abrir las cajas, el átomo aparece aleatoriamente en una o en la otra. Según la interpretación de Copenhague, es la observación la que crea el efecto, sin que medie causa física alguna que justifique un resultado o el contrario.

Einstein rechazaba la idea de un mundo que no fuera determinístico, acuñando aquella famosa frase de “Dios no juega a los dados”, y abogaba por la existencia de “variables ocultas” que, como en el mundo macro, éramos incapaces de percibir. Al día de hoy, con el grado de desarrollo de la tecnología y la experimentación que nos permite realizar, la idea de variables ocultas está prácticamente descartada.

Dios no juega a los dados

Este desacuerdo entre lo cuántico y lo macro no es lo único que desconcierta a la comunidad científica. Schrödinger desarrolló un modelo matemático capaz de predecir el estado cuántico (digamos el comportamiento) de las partículas. Su famosa función de onda determina en términos probabilísticos dónde puede observarse la presencia de una partícula y dónde un instante después. Diríamos que la función de onda es en el mundo cuántico lo que las leyes de Newton son en el mundo macro.

Cada partícula tiene su propia función de onda y en la medida en que la materia observable, incluidos nosotros mismos, somos un conjunto de partículas, las opiniones más audaces afirman que todos tenemos también nuestra propia función de onda.

"Esto ha dado argumento para guiones de series televisivas de éxito, como Stranger Things."

Curiosamente, no hay nada aleatorio en la ecuación de Schrödinger: si se conoce la función de onda en un instante, se puede predecir la función de onda en el futuro. En consecuencia, la interpretación de Copenhague y la aleatoriedad del mundo cuántico contradicen también lo que nos indican las matemáticas.

Hugh Everett formuló una teoría que pretende conciliar las opiniones anteriores. Según él, nada es aleatorio; cualquier experimento que potencialmente puede dar dos resultados divergentes desdobla nuestro universo en dos. En uno de ellos se da un resultado y en el otro el contrario, de manera que realidades distintas de un mismo objeto o persona coexisten en un mismo espacio-tiempo, sin que ninguno tenga consciencia de la existencia del otro o de los otros en realidades paralelas. Esto ha dado argumento para guiones de series televisivas de éxito, como Stranger Things.

Desdoblamiento del universo del gato de Schrödinger

La primera consecuencia de esta teoría es que todos tenemos infinitas copias en infinitos universos paralelos, dentro de ese espacio abstracto que llamamos de Hilbert (algún día hablaremos de él). Cada copia vive su realidad ajena a sus “otras realidades”.

"Extrapolando esto a todos los órdenes de nuestra existencia, cuando nos enfrentemos a un trance de vida o muerte siempre sobreviviremos en algún universo."

Pero no es esta la única consecuencia. Pensemos en uno de esos individuos descerebrados que se juegan la vida en la ruleta rusa. Cuando acciona el gatillo de la pistola, el resultado puede ser que encuentre una bala en la recámara o que esté vacía; en definitiva, que muera o que permanezca vivo. Según la teoría de Everett siempre sobreviviría en uno de los universos, de manera que podría seguir jugando eternamente a la ruleta rusa sin ser consciente de haber muerto varias veces en otras realidades. Por favor, no lo experimente usted en casa (por si acaso Everett se equivoca).

Extrapolando esto a todos los órdenes de nuestra existencia, cuando nos enfrentemos a un trance de vida o muerte siempre sobreviviremos en algún universo. En definitiva, somos inmortales.