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Experimentar con la ficción

Cada una de las cuatro narraciones que contiene Desde el otro lado —última obra de Bernardo Atxaga— encierra un experimento narrativo y se relaciona con las demás de modo sutil a través de los dos leitmotivs de la obra: la muerte y la presencia de los animales, ya sea como personajes o también como narradores de los relatos. No parece casual tampoco el orden cronológico en que se presentan las piezas de este puzle, como si el autor denotara una evolución de su obra que, por mucho que nos esforcemos en interpretar, permanecerá perspicaz y secreta al terminar el libro.

La primera narración es la más antigua: Bi anai, publicada en euskera en 1985 y en castellano en 1995 con el título de Dos hermanos. Se trata de una novela breve ambientada en Obaba, el territorio mítico inspirado en el medio rural vasco que daría lugar a Obabakoak, la obra más conocida de Atxaga, publicada tres años más tarde y traducida a numerosas lenguas. Dos hermanos es, por tanto, un relato fundacional de Obaba, una recuperación del pasado literario del autor que ya nos muestra su temprano deseo de experimentar con el punto de vista, pues a lo largo de noventa páginas se suceden cinco narradores distintos: un pájaro, varias ardillas, una estrella, una serpiente y una oca.

"La voz actúa como una deidad, es el instinto animal y, al mismo tiempo, es el narrador omnisciente que emplean los novelistas para enseñorearse del relato"

El virtuosismo del novelista se advierte en el empleo de tonos narrativos distintos para cada animal: el pájaro relata con la levedad del aire; las ardillas con brío digno de su movimiento, la serpiente con satírica maldad. Los animales hablan, pero no son seres humanos y no obedecen a la lógica de estos sino que parecen tener temperamentos e ideas propias. Esto es un avance, una depuración frente a otras fábulas en las que los animales parecen personas, como en un cuento de Oscar Wilde que leí durante la infancia llamado El amigo fiel, donde una rata y un pájaro contaban la historia de dos hombres, pero no había apenas diferencia en el tono de estos y de aquellos. En Dos hermanos, los animales nos cuentan por capítulos la historia de Paulo y Daniel, cuyos padres han muerto. Daniel es discapacitado y Paulo recibe de su padre la encomienda de cuidar de él, sin separarse nunca de su lado. Lo más original del relato es una voz misteriosa que dirige a los animales y los lleva hasta donde están los personajes del drama. Esa voz interior les ordena cómo deben actuar en cada momento, a quiénes deben seguir para que continúe la trama hasta su trágico final. La voz actúa como una deidad, es el instinto animal y, al mismo tiempo, es el narrador omnisciente que emplean los novelistas para enseñorearse del relato.

La segunda narración, La muerte de Andoni a la luz del LSD, sigue el orden cronológico aludido al comienzo. Publicada también en euskera en 2014, se encontraba hasta ahora inédita en castellano. Cuenta la historia de un hombre que emprende un viaje al pasado de Obaba, al pasado remoto y a su propio pasado, en el cual tuvo un amigo cuyo hijo, Andoni, murió de cáncer en Houston pese a los esfuerzos de su padre por salvarlo. También este relato incluye un animal emblemático de la literatura: el cuervo. En esta ocasión, el experimento de Atxaga se diría baudelairiano: consiste en el empleo de las drogas por el protagonista para acceder a distintos niveles de la conciencia a través de alucinaciones: desde el recuerdo hasta la más pura imaginación.

"No crea el lector por culpa del título de esta reseña que Desde el otro lado es un libro frío que solo contiene hallazgos formales. También es profundamente emotivo"

Con la tercera narración llegamos al presente y, al mismo tiempo, rememoramos las anteriores, porque Conferencia sobre la vida y la muerte en el cementerio de Obaba-Ugarte es una reflexión acerca de aquellas, sobre el recuerdo de nuestros seres queridos que han desaparecido hace años de nuestras vidas; pero también sobre la evolución de la narrativa desde el relato escrito al relato en imágenes que ha deparado internet y la cultura audiovisual: todo lo que era auténtico parece haberse convertido en representación.

Desde el otro lado podría concluir con este tercer cuento, que sirve de colofón a los dos primeros, pero los lectores tenemos la suerte de que Bernardo Atxaga haya querido incluir un cuarto, que es en realidad otra novela breve, titulada Un crimen de película. No en vano se desarrolla en el lugar cinematográfico y televisivo por excelencia: los Estados Unidos, y en particular en Nevada, territorio al que el autor ya dedicó su novela Días de Nevada (2013). En esta ocasión, volviendo al procedimiento de Dos hermanos, el narrador es un búho interpelado por otro personaje sin nombre que lo entrevista acerca de una pareja de policías que patrullan los alrededores del zoológico donde reside el animal: el Rancho San Rafael Regional Park de Reno. El búho nos cuenta un crimen del que fue testigo a través de una trama donde el autor emplea los mil ardides de la novela policiaca hasta llegar a un desenlace sorprendente.

No crea el lector por culpa del título de esta reseña que Desde el otro lado es un libro frío que solo contiene hallazgos formales. También es profundamente emotivo y nos hace reflexionar sobre la pérdida de nuestros seres queridos, a quienes nunca olvidaremos gracias al cariño y a esa facultad tan literaria que todos atesoramos: la imaginación.

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