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Felipe II: un rey ante la historia y su conciencia

Felipe II: un rey ante la historia y su conciencia

Madrid, 1578. Una carta anónima llega a manos del Inquisidor General con una acusación inconcebible: el rey habría ordenado la muerte del príncipe Carlos. Nadie osa dar crédito a semejante infamia… hasta que comienzan a morir los hombres que, años atrás, estuvieron cerca del heredero fallecido.

En este making of Juan Pedro Cosano explica cómo escribió Conjura contra el rey Felipe (Espasa).

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Hay personajes históricos sobre los que parece imposible escribir sin tomar partido. Felipe II es uno de ellos. Cuatro siglos después de su muerte continúa atrapado entre dos imágenes casi irreconciliables: la del Rey Prudente, trabajador infatigable y convencido de que gobernar era una obligación ante Dios, y la del monarca oscuro, fanático y cruel que construyeron sus adversarios y que terminó alimentando la llamada Leyenda Negra.

Entre ambas imágenes nació Conjura contra el rey Felipe.

La novela transcurre fundamentalmente en 1578, un año extraordinario. En agosto, el desastre de Alcazarquivir provoca la muerte del joven Sebastián de Portugal y abre una crisis sucesoria que terminará situando a Felipe ante la posibilidad de incorporar la corona portuguesa a sus dominios. Mientras tanto, Flandes continúa en rebelión, Guillermo de Orange combate al rey español, don Juan de Austria agoniza en Namur y la corte madrileña es un hervidero de facciones, ambiciones y secretos en el que se mueven personajes como Antonio Pérez, la princesa de Éboli o el duque de Alba.

Pero sobre Felipe pesa una sombra mucho más antigua.

"En la novela, Felipe comienza a recibir cartas anónimas que lo acusan precisamente de aquel crimen. Todas llevan un extraño símbolo: Saturno, el dios que devoraba a sus hijos para impedir que alguno pudiera arrebatarle el poder"

Diez años antes había ordenado encarcelar a su primogénito, el príncipe Carlos. El muchacho murió seis meses después. Felipe nunca explicó públicamente todas las razones que lo llevaron a adoptar una decisión tan terrible, y aquel silencio dejó un vacío que sus enemigos se apresuraron a llenar. Pronto comenzó a circular por Europa una acusación devastadora: el rey de España había provocado la muerte de su propio hijo.

Ese hecho histórico constituye el punto de partida de la ficción.

En la novela, Felipe comienza a recibir cartas anónimas que lo acusan precisamente de aquel crimen. Todas llevan un extraño símbolo: Saturno, el dios que devoraba a sus hijos para impedir que alguno pudiera arrebatarle el poder. Difícilmente podía imaginarse una alegoría más cruel para un rey acusado de sacrificar a su heredero.

A partir de ahí comienza una investigación que recorre Madrid, El Escorial, Flandes, Portugal y Roma y en la que los acontecimientos históricos se mezclan con la ficción. Hay espías, asesinatos, cartas cifradas, sicarios, rivalidades cortesanas y una conspiración cuyo verdadero propósito Felipe tendrá que descubrir. Pero mientras escribía, comprendí que el enigma de quién estaba detrás de aquellas cartas era solo una parte de la historia que quería contar.

Me interesaba otra pregunta: ¿qué ocurre cuando el hombre más poderoso de su tiempo descubre que existe algo sobre lo que no puede mandar?

"Para Felipe, la fe, la dinastía, el honor, la obediencia y la razón de Estado no eran abstracciones. Constituían obligaciones reales, y en ocasiones terriblemente contradictorias"

Felipe podía movilizar ejércitos, destituir ministros, encarcelar a un grande de España o gobernar territorios separados por miles de leguas. Pero no podía ordenar qué debía recordar la Historia. Y tampoco podía dictar sentencia sobre su propia conciencia.

Ahí se encuentra, para mí, el verdadero corazón de la novela.

No he querido escribir un libro para absolver a Felipe II ni para condenarlo. He intentado acercarme al hombre que existía detrás del monarca y comprenderlo desde las categorías de su propio tiempo. Para Felipe, la fe, la dinastía, el honor, la obediencia y la razón de Estado no eran abstracciones. Constituían obligaciones reales, y en ocasiones terriblemente contradictorias.

Por eso la novela termina conduciendo al rey hasta Roma y ante el papa Gregorio XIII. Felipe deberá enfrentarse a la acusación que lo persigue desde hace diez años y explicar por qué encerró a su hijo y qué responsabilidad tuvo en su muerte. Por una vez no comparecerá como juez, sino como juzgado; no como dueño de medio mundo, sino como un padre que necesita reconciliar aquello que hizo como rey con aquello que puede aceptar como cristiano.

Porque quizá ese sea el límite último de cualquier poder: un rey puede imponer silencio a sus súbditos, pero difícilmente puede imponérselo a la Historia.

Y mucho menos a su conciencia.

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Autor: Juan Pedro Cosano. Titulo: Conjura contra el rey Felipe. Editorial: Espasa. Venta: Todos tus libros.

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