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Festival Valencia Negra: El deslumbrante fulgor del noir

Festival Valencia Negra: El deslumbrante fulgor del noir

Foto de portada: Josele Bort

Se llamen jornadas, simposio o seminario, en un encuentro de autores de novela negra puede pasar de todo. Asesinatos perpretados en comandita, hurtos de móviles, suplantaciones de identidad, plagios y secuestros de ideas originales. Posiblemente, en este mismo instante alguno de esos autores esté pergeñando una trama con ese trasfondo y ambientación. En el Festival Valencia Negra, celebrado del 5 al 22 de mayo, no hubo que llamar al 091, pero sí se cosecharon multitud de anécdotas e interesantes sucedidos, amén de una gran afluencia de público. Quien aventuró que la novela negra iba a morir de éxito metió el zancajo hasta el fondo.

Parte de la flor y nata del noir hispánico se dio cita en la capital del Turia para disfrutar de la luminosa primavera mediterránea, mientras intercambiaban historias tétricas y sangrientas y espeluznantes. Y como postre del opíparo festín, la presencia de un trío de estrellas procedentes de un oeste más o menos lejano: James Ellroy, John Connolly y J. D. Barker. En el aeropuerto de Nueva York, el más veterano, con 72 años, prestigioso autor de La Dalia Negra, sufrió una aparatosa caída, a pesar de lo cual no canceló el viaje, pero llegó a España con una rodilla inflamada y dolorida. Los organizadores del evento lo llevaron a una clínica, donde recibió el correspondiente tratamiento y aguantó el tirón como un jabato. En una charla informal recordó a una novia de su juventud que muchos años atrás decidió instalarse en España, y hete aquí que la susodicha fue localizada en Oropesa (Castellón) por los sabuesos de la casa. Hubo una llamada telefónica llena de emoción que mitigó el mal trago del menisco escacharrado.

Barker confirmó con sus propias palabras lo que sus fieles lectores ya intuían, que de niño fue un bicho raro, que no veía la televisión y se pasaba el día leyendo. El síndrome de Asperger que padece explica las peculiaridades de su carácter y su afilada inteligencia.

Por su parte Connolly cautivó al personal con su sonrisa y sentido del humor. Como un San Nicolás de las verdes praderas, llegó con las alforjas cargadas de regalos: botellas de ginebra para el staff del festival, cedés y otros detalles simpáticos para quienes solicitaban su firma, que fueron legión en la jornada de clausura, como los que agobiaron a Dolores Redondo y César Pérez Gellida. El padre de Charlie Parker tuvo la gentileza de responder en español a las preguntas de la prensa, una prueba que superó con soltura  y el encanto que le caracteriza. «Esto parece un examen», bromeó.

Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión, tres amigos apasionados del género y de la literatura en general, crearon hace una década el Festival Valencia Negra, una propuesta que se afianzó rápidamente. Ni el maldito virus de la COVID pudo con estos aguerridos mosqueteros, y en esta décima edición de vuelta a la normalidad, con un sólido apoyo institucional, patrocinio privado y, lo más importante, la entusiasta respuesta del público, han alcanzado su máxima cota. Superarla el año que viene es el desafío al que ahora se enfrentan.

Foto: Josele Bort

John Connelly derrocha encanto irlandés por los cuatro costados. Cabello y ojos claros, tez sonrosada y franca sonrisa. El chaleco es sin duda su sello personal, aunque no explicó si lo usa también para dormir. De niño leía libros propios de su edad como Las aventuras de Los Cinco, de Enid Blyton, y otros de mayores, por ejemplo Ojo con el sordo, de Ed McBaine, uno de sus autores de cabecera. Pronto aprendió que los personajes cuentan más que las tramas, que siempre son más o menos las mismas, y creó a su Charlie Parker, al que le dedica la friolera de veinte títulos: un expolicía reciclado a detective, hijo de un agente que se suicidó con su propia pistola, atormentado por sentimientos de culpa debido al brutal asesinato de su esposa e hija que no pudo impedir. En busca de expiación, Parker siente un impulso irrefrenable de proteger a los más débiles, no sólo de la maldad humana, sino también de la que surge de la misma fuente del mal, fuerzas sobrenaturales a las que se enfrenta. En esa lucha cuenta con unos peculiares aliados, la pareja gay formada por Louis y Angel, un asesino y un ladrón, un negro refinado y republicano y un latino desaliñado dispuestos a acompañarlo hasta el fin del mundo.

«Louis y Angel son criaturas del inconsciente y representan la amistad masculina», explicó Connolly en Valencia. «En los primeros libros de la serie tienen poca importancia, solo los uso como recurso humorístico por el contraste entre ambos, pero cada vez toman mayor protagonismo. Me interesa mucho la amistad masculina, porque creo que está subestimada, sobre todo por las mujeres, pues es muy diferente a la femenina. Hay mucho silencio en este tipo de relaciones. Pocas palabras y fuertes sentimientos. Excepto en relatos de guerra o de aventuras, esta amistad no se trata mucho en la ficción. La de Parker con Louis y Angel es muy profunda ya que ambos son conscientes de que arriesgan su vida para ayudarlo, y asumen ese riesgo como una posibilidad de redención en el próximo mundo».

Tras una veintena de títulos, publicados en España por Tusquets, no se cansa de Parker. «Las novelas se pueden leer de forma independiente, aunque es posible verlas en conjunto como una historia más grande que requiere un desenlace. Me gusta mucho escribirlas, porque me hacen ver el mundo a través de unos personajes que cambian con cada libro, descubriéndome cosas nuevas. Por otra parte, el éxito comercial de Parker me permite abordar proyectos más creativos como mi último título todavía por traducir al español».

Aunque Charlie Parker viaja mucho por Estados Unidos su territorio natural es Maine. «Lo situé en América porque cuando empecé los críticos y escritores irlandeses consideraban la novela policiaca demasiado inglesa. En esos años se exigía escribir sobre  nuestras tradiciones, nuestra relación con Inglaterra, y el género negro no estaba bien visto. Así que necesitaba un escape imaginativo y asumir otra tradición más próxima al detective americano, porque no quería escribir novelas irlandesas. Por otra parte, no escribo como un americano ya que mis raíces, mi cultura y mi religión, de donde viene mi fascinación por lo sobrenatural, son irlandesas».

Connolly subrayó también que no escribe novelas negras sino detectivescas. «En las primeras todos acaban muertos o infelices. Yo tengo confianza en la gente y en el mundo, y creo en la posibilidad de redención. La gente en general no es mala. Podemos hacer cosas malas pero eso no nos define. Sin embargo, en ocasiones vemos acciones humanas más allá de la comprensión que nos hacen pensar en un mal antiguo y externo. De ese es el que hablan mis historias».

Al preguntarle sobre sus mayores miedos, apuntó que su padre murió de cáncer y en sus libros se refleja el miedo que le inspira esa enfermedad. «En mi familia hay algún caso de demencia, algo que me inspira pavor. Con esos miedos ya es más que suficiente».

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