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Fiat lux: Historia Sagrada de la sombra (y IV)

Fiat lux: Historia Sagrada de la sombra (y IV)

Marco Gualazzini: “Jugando al fútbol en la playa” (Mogadiscio, Somalia, 2015).

¿Cuándo puede concluir la Historia Sagrada hecha microrrelatos? El cuarto y último decálogo de este proyecto de Óscar Esquivias, que Zenda ofrece en exclusiva, nos muestra el destino de la humanidad entera.

 

Cuarto decálogo

 

I

 

Don Bosco pensaba que, por pobre que fuera un niño, siempre podía entretenerse jugando a las sombras chinescas, pero en cierta ocasión, paseando de noche por Turín, se dio cuenta de que solo los ricos tienen chimeneas bien alimentadas y lámparas y candelas. Los pobres, en cuanto se apaga el sol, ni siquiera pueden verse los dedos de las manos.

 

II

 

Cuando dormimos, las sombras vuelan al Cielo y cuentan a Dios todo lo que hacemos. Solo queda en secreto lo que sucede en la más completa tiniebla, fuera de su vigilancia. Por eso, antiguamente, los amantes cerraban puertas y ventanas, apagaban los candiles y mezclaban sus cuerpos igual que se juntan dos nubes en una noche sin luna ni estrellas.

 

III

 

En su opúsculo Magna templa (1921), el cardenal Benlloch demostró la superioridad del gótico sobre cualquier otro estilo arquitectónico comparando la sombra de las catedrales europeas. Esta obra causó gran admiración entre los eruditos y todavía no ha sido rebatida.

 

IV

 

Hace no tanto tiempo, los sacerdotes sabían la cantidad e intensidad de nuestros pecados con solo mirarnos la sombra. De adolescente, a mí me sacaron varias veces del patio del colegio y me llevaron de la oreja al confesonario. Yo odiaba con todas mis fuerzas a mi sombra delatora y por las mañanas, en las duchas, me frotaba con fuerza el cuerpo para ver si me desprendía de ella, y lo mismo hacían mis compañeros.

 

V

 

El hermano Rafael llegó a ser casi puro espíritu. Tenía el cuerpo tan débil que a veces tropezaba con su propia sombra y se caía redondo en el claustro.

El papa Pío XII (1939)

VI

 

Lo que más distrae a Dios durante las largas tardes de la Eternidad es mirar desde las alturas el ballet de sombras de los jóvenes que juegan con un balón en la playa.

 

VII

 

Pío XII renunció a su armario de sombras y lo repartió entre los pobres. Jamás se vieron mendigos con sombras tan suntuosas ni tan bien cortadas, y muchos no tardaron en revenderlas en el mercadillo de Porta Portese. El nuevo papa solo se llevó tres al Palacio Apostólico: una sombra elegante para las grandes ceremonias, otra holgada para los viajes y la última, cómoda y caliente, para estar por casa.

 

VIII

 

Hay viejecitos que, al morir, tienen una sombra tan consumida que hay que meterla con mucho mimo en el ataúd, plegada como un pañuelo.

 

IX

 

«La sombra es la peana que nos sostiene sobre el mundo y permite que nos mantengamos en pie, como figuritas del belén o soldaditos de plomo», explicaba un párroco de pocas luces pero muy bondadoso, empeñado en mostrar la utilidad de cada cosa creada por Dios.

 

X

 

La última partida de ajedrez la jugará un hombre santo contra su sombra (que moverá las negras) y sobre ese tablero se decidirá el destino de la humanidad entera. Así de sencillo y silencioso será el Juicio Final, aunque nos guste más imaginarlo con tumulto y trompetería.

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