Glutamato

Vuelvo a ver El ala oeste de la Casa Blanca, porque este año hay elecciones americanas y yo soy un cultureta de salón. Si la serie no vale para entender la política estadounidense, que me devuelvan el dinero. Sorkin se esfuerza en explicarte las cosas por fascículos y por el camino escribe una serie brillante. Hoy, en 45 minutos, el filibusterismo parlamentario. Mañana el censo. Pasado el gerrymandering. Y en medio de todo eso, las peleas, los amoríos, los personajes que aparecen y desaparecen… como una serie normal. Si eres capaz de soportar la verborrea, los nombres de organismos políticos con siglas y la mentira piadosa de que todo el mundo puede ser ingenioso, te acuestas un poco más aprendido.

El afán didáctico (e incluso divagatorio) te lo puedes permitir, también es verdad, cuanto tu serie tiene 155 capítulos en siete temporadas de 22 episodios cada una. The West Wing no es Line of Duty. Es otra época. Y otro tipo de consumo. Las miniseries, en general, se hacen ahora como aquel restaurante oriental de Pesadilla en la cocina: con un bote de glutamato al lado.

"Las miniseries, en general, se hacen ahora como aquel restaurante oriental de Pesadilla en la cocina: con un bote de glutamato al lado"

Sostiene Guillermo Altares que cada vez es más difícil pasar de la primera temporada de una serie, incluso del primer episodio. No lo dice por Bosch. Es, en general, una cuestión de percepción. Los libros de Vuillard se emplatan en miniatura pero cunden como la fuente de cocido montañés que te ponen en Cantabria al lado del plato. Echenoz, el breve, también llena casi siempre. Larga es la vida y la última biografía de Susan Sontag (800 páginas), pero a su autor le parece “un libro cortito”, como corta fue la existencia de Jimmy Hendrix, tan interminable. Extensa es la hoja de servicios de la jueza del Supremo Ruth Bader Ginsburg, en paz descanse (su sucesión parece un capítulo de El ala oeste), pero cabe entera en su documental de 90 minutos, RBG. Corta es la trayectoria de la bala que atravesó el libro de Eduardo Galeano dentro de la mochila de aquel guerrillero muerto (una historia de Miguel Venegas). Larga la subida a La Planche des Belles Filles para Primož Roglič, un puerto de apenas seis kilómetros que se sube en poco más de un cuarto de hora pero que se hace tan largo como el Tourmalet cuando vas a perder el Tour de Francia el último día de carrera.

En cuanto a las columnas, y a la escritura en general, sigue valiendo la frase de Julio Camba, que bien podría ser un aforismo en boca del erudito presidente Bartlet: «No tengo tiempo de hacerlo más breve».

Susan Sontag, más allá de sus ex novias

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