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Los empatadores

Del estupendo libro No digas nada, que se lee como una novela del IRA (a veces lo más inteligente es resignarse al tópico) se aprende un concepto con el que el cultureta medio puede adornarse sin resultar demasiado pedante, whataboutery, que es apelar a un pecado del contrario cuando te acusan de uno tuyo. Por ejemplo, señalar un caso de corrupción ajeno cuando te reprochan uno propio. “¿Y los ERE, qué?”. “¿What about…?”. Es una forma del y tú más. Llamémoslo ytumasismo. El cómico John Oliver lo destaca de Donald Trump, pero la falacia tiene padres más antiguos.

"Denunciar la matanza del Viernes Sangriento te exponía automáticamente a que algún nacionalista irlandés igualara la apuesta sacando a colación algún crimen de los unionistas"

Las sociedades sometidas a conflictos especialmente binarios viven de estas maniobras constantes de empate moral. Por ejemplo, en plena Guerra Fría, los defensores de la Unión Soviética reaccionaban hablando de las barbaridades raciales estadounidenses si les mencionaban el gulag. Es una coreografía argumental. El terrorismo en Irlanda del Norte es otro exponente. Como documenta Patrick Radden en su libro, denunciar la matanza del Viernes Sangriento te exponía automáticamente a que algún nacionalista irlandés igualara la apuesta sacando a colación algún crimen de los unionistas; unos crímenes, por cierto, tolerados por el gobierno británico en muchos casos. El Ulster es un lugar muy pequeño.

Quien quiera blindarse frente al ytumasismo deberá golpear siempre en las dos direcciones a la vez, para curarse en salud. Si vas a criticar la gestión pandémica del gobierno central, no dejes de aclarar en el mismo párrafo tu desacuerdo también con la gestión de algún gobierno de signo contrario, preferentemente el de la Comunidad de Madrid, que es el más taquillero. Sólo así estarás a salvo del azote de los empatadores.

"Parece existir un deseo de que nadie eche en falta ninguna barbaridad (simplificándolas si es necesario)"

Reconozco que pensé un poco en el whataboutery cuando veía Patria. La adaptación es irreprochable, y sobrevive muy bien al reto de llevar al guión y a la pantalla la fragmentación temporal de la novela. Sin embargo, tiene un par de momentos en los que se percibe un cierto ánimo de contentar a todo el mundo. Pasa cuando aparecen la Policía y la Guardia Civil. Los abusos de estos dos cuerpos están más que documentados, pero su presencia en la serie rompe el tono sobrio general para acercarse más bien al énfasis de lo superficial, al subrayado de lo tópico. Parece existir un deseo de que nadie eche en falta ninguna barbaridad (simplificándolas si es necesario), tampoco los menos afines al ánimo del libro, que es condenatorio con el terrorismo. Una manera, quiero decir, de guardarse del molesto whataboutery .

Sobre el vicio de intentar empatar víctimas, como se intenta empatar en los carteles promocionales para tratar de vender más suscripciones, sobre la imposibilidad de igualar atrocidades, está esta frase en No digas nada, que lo cuenta todo del IRA: “¿Será, entonces, que la manera de percibir una tragedia depende siempre del lugar que ocupe cada cual?”.

La Cultureta Gran Reserva: Omertá y huelgas de hambre en la Irlanda del IRA

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