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‘Gotitas’, de Shinsuke Yoshitake: La risa de la inocencia

‘Gotitas’, de Shinsuke Yoshitake: La risa de la inocencia

En Gotitas, Shinsuke Yoshitake retoma su exploración de la ingenuidad, a la que ha dedicado buena parte de sus álbumes. El niño que se aburre (Me aburro), el niño que fantasea sobre la constitución de una manzana (Ser o ser… una manzana), el niño atrapado en su propia ropa (Atascado)… Ahora es un niño llamado Taro que busca semejantes en su causa: la de los niños que no contienen del todo el pis. En su pesquisa topará con toda suerte de atormentados: la niña a la que le pica la etiqueta de la ropa, el niño al que se le ha quedado una fibra de espinaca entre los dientes, el niño afligido por un moco inaccesible…

Los héroes de Yoshitake son almas inocentes. Escuchamos su voz y su pensamiento, que se desenvuelve siempre con tenacidad. La risa de los álbumes de Yoshitake procede de la confluencia de dos atributos fundamentales en la figura infantil: la ternura y el desajuste entre el tiempo eterno del niño (una vida al margen de la actualidad y de las limitaciones sociales) y el tiempo productivo de los adultos (las madres son la piedra de toque en esto: desnudan en un pispás al niño que ya se tenía por atascado de por vida; dicen a su hijo que se coma la manzana sobre la que se ha pasado una mañana especulando; recogen la ropa sucia de los familiares incontinentes).

"Del encanto que produce un niño inocente ya habló Schiller en su mejor tratado literario, y a la inocencia dedicó William Blake sus primeros cantos"

La ternura es un concepto fundamental en la cultura japonesa contemporánea (kawaii), pero el fenómeno trasciende el localismo y el presente. Del encanto que produce un niño inocente ya habló Schiller en su mejor tratado literario, y a la inocencia dedicó William Blake sus primeros cantos. El sentimiento de admiración y la sonrisa melancólica que suscitan en el adulto estos niños tiernos y tenaces procede de su grado de naturaleza (una humanidad desnuda), de su integridad sencilla y verdadera: el lugar de donde venimos y al que nos agradaría volver.

A los niños inocentes de Yoshitake (a todos los niños, en realidad) les falta la libertad, de ahí su incapacidad para ser humanos plenos, de ahí el origen de su lucha cómica con el mundo. A los adultos les falta la integridad de los niños, su capacidad para perseverar en una naturaleza sin artificio.

"En esta película también aparecía lo escatológico, por ser una de las condiciones acuciantes de la naturaleza humana, encarnada sin rebozo en el niño"

Otro creador japonés, el gran cineasta Yasujiro Ozu, plasmó este contraste, con el máximo logro artístico, en algunas obras, como Buenos días, donde se escenifica una huelga de silencio por parte de unos niños que desean que sus padres les compren un televisor. Por cierto, en esta película también aparecía lo escatológico, por ser una de las condiciones acuciantes de la naturaleza humana, encarnada sin rebozo en el niño.

A este tipo de obras, tanto los álbumes de Yoshitake como las películas de Ozu, suele aplicárseles por parte de la crítica la palabra “líricas”, para resaltar el sentimiento de “alegría tierna”, de “melancolía encantadora” que desprenden. En realidad, ese “lirismo” tiene que ver con su común sustancia idílica (ambas se desarrollan en el marco de lo familiar, y su estética tiene una dimensión moral, una belleza de carácter interno). Es curioso que, por contraste, se considerarán “prosaicas” otras manifestaciones no muy alejadas de esta risa infantil, como las del gracioso gamberro Shin Chan, otro niño japonés, pero en un mundo más experto.

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Autor: Shinsuke Yoshitake. Título: Gotitas. Editorial: Pastel de Luna. Venta: Todostuslibros  

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