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Gustavo Martín Garzo: «¿Dónde está el ministro de Cultura, quién es?»

Gustavo Martín Garzo: «¿Dónde está el ministro de Cultura, quién es?»

El escritor Gustavo Martín Garzo considera que el Gobierno tiene a la cultura en un absoluto olvido y que el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, es «como si no existiera»: «¿dónde está?, ¿quién es?»… es «como si no existiera», asegura en una entrevista con Efe.

«Vivimos en un estado de precariedad completo», asegura Martín Garzo (Valladolid, 1948), Premio Nacional de Narrativa, respecto a las personas empleadas en España en la cultura, un sector del que «ahora no pueden vivir» tras el «parón absoluto» que supuso el confinamiento por la pandemia del coronavirus.

«¿Dónde está el ministro de Cultura, quién es? No se sabe por dónde anda ni lo que opina absolutamente de nada. Está literalmente desaparecido, como si no existiera», asegura el escritor, que acaba de publicar el libro Elogio de la fragilidad (Galaxia Gutenberg) en el que reivindica la necesidad del arte en la vida de las personas.

Y se pregunta qué hubiera sido de la gente, de cualquier persona durante el confinamiento, sin la opción de leer un libro, de escuchar canciones, de ver a través de la televisión o en internet una película o una serie: «habría sido intolerable», resume.

Por eso recuerda que, además de la importancia que la cultura tiene en la vida de las personas desde el punto de vista intelectual o afectivo, hay que tener en cuenta su perspectiva económica porque hay mucha gente que vive de ella, aunque ahora «no pueden vivir».

Para Martín Garzo, autor de más de 15 obras entre novelas, ensayo y literatura juvenil, la vida sin libros y sin cine sería «inconcebible», dos disciplinas que, en su opinión, pueden reunir todas las artes.

En Elogio de la fragilidad, el autor vallisoletano reúne cuarenta textos breves en los que reflexiona sobre las obras y los creadores que le han fascinado y en los que reivindica la necesidad del arte.

A un libro le pide Martín Garzo que tenga la capacidad de trasladarle al territorio de lo desconocido porque no quiere que le cuente lo que ya sabe del mundo: «que me lleve a eso que desconocemos de nosotros mismos, de nuestras sombras, porque la literatura debe hablarnos».

«Ni los cuentos ni la poesía han nacido para apartarnos la realidad sino para adentrarnos más en ella», asegura este escritor, gran «amigo» de la literatura fantástica y que se confiesa «devoto» de los cuentos de hadas.

Martín Garzo discrepa de la idea de que cuentos como «La Cenicienta» sean para que los niños se vayan a dormir: «están en el origen del mundo y se transmiten de generación en generación y hablan de la vida y la muerte, de la luz y de la sombra», explica.

Unas historias que se desdeñan por su dimensión fantástica pero, sostiene el escritor «la fantasía no nos separa de la realidad» y por eso reivindica la alianza entre ambas.

Para Martín Garzo, la literatura debe ser capaz de llevar implícito el mundo de lo oculto porque un buen relato, asegura, solo debe mostrar una parte.

También como un conjunto de relatos ante todo, ve Martín Garzo la religión: «no me interesa la doctrina, me interesa que me cuenten historias pero de mí depende interpretarlas», destaca el escritor.

Sobre libros, películas, sobre el amor, el catolicismo, sobre el sufrimiento y el dolor habla el escritor en este libro, en uno de cuyos artículos, «Las enseñanzas de Antígona» recuerda las fosas comunes de la Guerra Civil.

«Han pasado 70 años y es más necesario que nunca hablar de todo esto», recalca Martín Garzo, que asegura que los familiares de los desaparecidos «son ya muy ancianos y dentro de poco no quedará nadie que los recuerde».

Y subraya que a pesar de que «la memoria es lo más necesario de la vida», en muchas cunetas y vaguadas de España «aún yacen enterrados sin identificar decenas de hombres y mujeres que fueron asesinados vilmente durante la guerra civil». Para Martín Garzo, ayudar a sus familiares a encontrarlos «es una obligación no sólo política sino moral. Una tarea de todos que no debe demorarse más».

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