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He visto un pájaro carpintero: monumento de la vida

He visto un pájaro carpintero: monumento de la vida

Conviene ahora reparar en un libro publicado en España hace un año y medio. Se titula He visto un pájaro carpintero y ha recibido diferentes premios nacionales e internacionales en algunos de los certámenes de mayor prestigio en Europa.

Pertenece a ese tipo de libros que han venido denominándose “de no ficción”, de manera bastante imprecisa. En realidad, podría decirse que es un álbum ilustrado construido sobre la base de un documento, pero antes de entrar en ello, y aprovechando la coyuntura de esta última palabra, podríamos ver su relación estrecha con ese otro género cinematográfico denominado habitualmente “documental”, al que también se adjudica con frecuencia la etiqueta de lo no ficticio. Ambos (los documentales cinematográficos y los libros de no ficción) son un fenómeno en alza, disfrutan de un número creciente de espectadores/lectores y, entre círculos cultos, gozan de prestigio y de predicamento propio (ocupan secciones específicas en los espacios de difusión cultural, acaparan el interés académico, cuentan con certámenes propios…). Sin duda, esto debe de responder a una causa que lo convierte en objeto interesante para la reflexión, en un tema oportuno para la consideración estética. Sin entrar en honduras, podemos aventurar que tras la etiqueta imprecisa de la “no ficción” suelen agruparse obras de contenido o vocación didáctica, en mayor o menor medida. Ese didactismo constituye su eje estético y, a la par, es la condición que le permite adaptarse a diferentes registros: el mundo de la infancia, el espectador ávido de noticias del mundo y de su Historia, el lector tradicional de ensayos… El hecho de que tras la etiqueta “no ficción” se agrupen, en cajón de sastre, diferentes variedades de didactismo, dota de atractivo al fenómeno y pone en permanente crisis y continua revisión al término que lo engloba, desembocando en límites lábiles que propician debates de toda condición (artísticos, morales, políticos…).

"El carácter didáctico adquiere una estilización que pone en crisis la frontera de las etiquetas ficción/no ficción"

Una primera consideración, con vistas a mejorar la comprensión de estos géneros habitualmente preteridos por el mercado generalista (de ahí, quizás, el propio nacimiento de su nombre, como negación de una categoría difusa, “la ficción”, con la que suele hacerse alusión al “fabulismo” predominante, al hecho de que una historia  responda a un suceso y dicho suceso sea relativamente autónomo de la realidad, “nacido de la imaginación libre”), una primera consideración, decía, debería intentar analizar las orientaciones principales que manifiesta, los diferentes sentidos de su cauce didáctico. Y así, podremos hablar de un didactismo extravertido, volcado hacia afuera, y de un didactismo intravertido, orientado hacia el yo. El primero da lugar a los géneros centrados en la exploración del mundo (sea en el eje horizontal del presente —la actualidad— o en el eje vertical de la historia —la recuperación—). Su vocación es el conocimiento. De ahí que eduque a los niños y forme culturalmente a los adultos.

El segundo da lugar a géneros subjetivos, ensimismados. Bucean en la condición del individuo, de manera que propenden al ensayismo o al narcisismo. Muestran al lector o al espectador las sutilezas del individuo moderno. Por supuesto, caben posiciones híbridas, intermedias. En los límites de ambas dimensiones hay un punto crítico que desconcierta al pensamiento convencional. Coincide con el espacio en el que, bien por la formalización artística del mundo explorado, bien por la muestra de un mundo fuertemente subjetivado, el carácter didáctico adquiere una estilización que pone en crisis la frontera de las etiquetas “ficción / no ficción”. Ante ello, caben respuestas variadas, desde reconocer el fracaso de los términos a encastillarse en ellos aduciendo argumentos simplistas, como la “autenticidad” de lo expuesto. Cabe preguntarse si no existe una vía reflexión que nos ayude en esto, y si esa vía puede provenir de la estética, de la consideración de las obras como parte de procesos más amplios en los que el sujeto es la imaginación del ser humano desplegándose a lo largo de la Historia. Ello compromete a pensar en la forma de las obras desde dentro, en tratar de comprender las fuerzas de su construcción.

"El caudal ingenuo del niño, volcado en un ejercicio diario, natural, será contemplado artísticamente por el adulto"

Volvamos a He visto un pájaro carpintero. Dijimos que era un álbum ilustrado construido sobre un documento. No era una metáfora, el documento en cuestión existe, es un documento histórico, con nombres y apellidos: el cuadernillo caligráfico en el que un niño polaco de ocho años, Michał Skibiński, trabajó durante el verano de 1939 como parte del refuerzo escolar encomendado para las vacaciones. Michał debía completar la tarea de escoger y escribir una frase diaria que permitiera, en el acto, mejorar su letra. Es importante hacer aquí una primera consideración genérica: la decisión (por parte de la maestra de Michał, se entiende) de pedir a los alumnos que “manuscriban” una frase de su día a día (y no, por ejemplo, la copia de un modelo previo, el calco de un manual) convierte ese cuaderno de caligrafía en un diario, en un texto confesional. Ese texto confesional, dadas las condiciones del encargo, va a adquirir una connotación específica: por la peculiar naturaleza de la condición de la imaginación infantil, oscilará entre la descripción del afuera (“Ha llegado una niña nueva a la pensión en la que estoy viviendo”, “Me he tomado un helado en el casino”, “He cazado una avispa con un vaso”…) y una inevitable “consideración lírica” por parte de los ojos lectores. Conviene explicar esto: la dimensión breve, fragmentaria, a la manera de “versos sueltos”, de las frases escogidas por un niño acarrearán en el adulto (improbable lector de un diario infantil) una consideración “casi lírica” de esa forma de lectura. Dicho con otras palabras: el caudal ingenuo del niño, volcado en un ejercicio diario, natural, será contemplado artísticamente por el adulto, que encontrará en ello el encanto de lo ingenuo (y, por ende, dadas las circunstancias históricas en las que acontecerá ese “diario” —la invasión de Polonia por las tropas de Hitler—, el horror de la Historia irrumpiendo con sus sombras en la luz infantil: “Ha empezado la guerra”, “Me he escondido de los aviones”, “Han tirado una bomba cerca de nuestra casa”, “Los alemanes han ocupado Milanówek”…).

"De manera que el pequeño testimonio ingenuo, el diario caligrafiado del niño Michał (hoy día, un anciano de vida tranquila) se convertirá en una obra artística"

Lo interesante del principio constructivo de este álbum es que sobre este fenómeno (la lectura sentimental e histórica de una expresión ingenua, natural —el cumplimiento de los deberes de un niño—) se opera una decisión artística: convertir este documento de naturaleza estética (a los ojos del adulto, la cartilla ha dejado de ser un testimonio real del curso escolar y se ha convertido en la expresión “cuasi-artística”, lírica, de un episodio dramático de la Historia) en un monumento de vida. De manera que el pequeño testimonio ingenuo, el diario caligrafiado del niño Michal (hoy día, un anciano de vida tranquila) se convertirá en una obra artística sujeta a las convenciones del género del álbum ilustrado, merced a la aportación gráfica de la artista Ala Bankroft. Debemos decir que la labor de esta ilustradora es excelente y que una inteligente toma de decisiones artísticas (la creación de un espacio de colores y manchas que esquiva el peligro de una excesiva sentimentalización, la focalización de la mirada estableciendo un juego agudo de escalas y perspectivas…) permite crear un espacio adecuado para las frases del niño, insertas en las ilustraciones —ya no manuscritas, aunque de cuando en cuando asome la patita documental, a través de reproducciones facsimilares de la cartilla que sobrevivió a los desastres de la guerra—. La lectura adulta, la irrupción de la Historia (el acontecer dramático de la invasión de Polonia conforme progresa el verano) queda explicitada a través de la tonalidad y forma de las ilustraciones, un progresivo oscurecimiento, que actúa como telón de fondo artístico que salta a primer plano. Uno recuerda aquí lo que un cineasta “documentalista” ucraniano actual, Serguéi Loznitsa consigue al dotar de vida su rescate de las imágenes de archivo del pasado político de su nación, en este caso a través del manejo artístico del sonido, de la creación de un telón de fondo sonoro vivificante.

Impresiona leer hoy, en esta incipiente primavera de 2022, una frase escrita el 14 de septiembre de 1939 por el niño Michał y reproducida sobre el dibujo de un sendero en un bosque, creado por la artista Ala Bankroft en la segunda década de nuestro siglo.

Dice así:

Varsovia resiste con coraje.

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Autor: Michał Skibiński y Ala Bankroft. Título: He visto un pájaro carpintero. Editorial: Fulgencio Pimentel. Venta: Todostuslibros

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