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Historias de libros (IV): Enid Blyton

Historias de libros (IV): Enid Blyton

Con diez y doce años yo era ya el lector que he seguido siendo toda mi vida. Iba a la biblioteca, recorría las estanterías, hojeaba los libros que por su título me seducían, a veces me sentaba en una de las mesas y leía algunas páginas antes de solicitarlo en préstamo, y así semana tras semana en las que iba creciendo mi afición a la lectura. Algunas de mis visitas a la biblioteca consistían en extasiarme con las fotografías de revistas internacionales como Life y Paris Match.

"Los libros que me abrieron el apetito lector, los que devoraba en pocas horas de ferviente lectura, eran los que protagonizaban los cinco Pesquisidores y el perro, de la serie Misterio"

No recuerdo que los libros de Enid Blyton estuvieran en las honrosas baldas de la biblioteca, y por eso los compraba en la librería. Los fines de semana me extasiaba admirando las “novedades editoriales” en los escaparates de La Torre y la Sánchez, dos librerías separadas por unos altísimos y ancianos árboles del parque bajo los que me solía sentar a leer tras haber adquirido un ejemplar de la serie de Misterio o Aventura de mi “escritor” favorito: Enid Blyton. Poco después llegarían Richmal Crompton y su inolvidable Guillermo Brown, Julio Verne, Salgari, Karl May, y luego Rafael Sabatini, Agatha Christie, Lewis Carroll… Pero los libros que me abrieron el apetito lector, los que devoraba en pocas horas de ferviente lectura, eran los que protagonizaban los cinco Pesquisidores y el perro, de la serie Misterio, un grupo de muchachos bienavenidos que, entre plato y plato de pastel de jengibre, se ocupaban cada verano de descubrir los entuertos que ocurrían en la villa de Peterswood, en la que vivían. El “jefe” de los pesquisidores se llamaba Fatty, dueño del perro Buster, y el resto de la banda la formaban Pip y su hermana Bets y los hermanos Larry y Daisy. Libro a libro, este grupo de avispados detectives irá sacando a la luz los misterios a los que se enfrentan, a pesar de que al policía Goon, permanente patrullero en bicicleta, no le gustara demasiado.

Enid Blyton publicó el primer libro de la serie Aventura en 1944 y se tituló Aventura en la isla. La pandilla protagonista, con Jack y su loro Kiki (que así se llamaba el loro de un tío de la autora), Jorge, Dolly y Lucy comienzan sus correrías en este primer volumen que luego continuaría en Aventura en el barco… en la montaña… en el río, etc.

"Mi personal historia con estos libros ocurre en el momento en el que decido saber más de Enid Blyton y escribo una carta a la editorial Molino en Barcelona"

Esta primera entrega tuvo un comienzo apoteósico: la pandilla se sube a una barca en dirección a una pequeña isla frente a la casa en la que pasan el verano y se adentran en una galería subterránea en la que “trabaja” una banda de falsificadores de dinero. Toda una trama con los mejores ingredientes para hacer saltar mi desbordada imaginación infantil.

Mi personal historia con estos libros ocurre en el momento en el que decido saber más de Enid Blyton y escribo una carta a la editorial Molino en Barcelona, en la que les digo (¡qué letra tendría yo entonces en aquellos años 1961-63!) que soy un lector de los libros del escritor Enid Blyton y que me gustaría saber algo sobre él, en dónde vive, cuántos años tiene y todas esas cosas que, imagino, un crío puede solicitar de su autor favorito.

Enid Blyton con sus hijas

"El sobre contenía una ingente información sobre Enid Blyton y una carta en la que el director de la editorial me saludaba y celebraba mi admiración por los libros de Blyton"

Y a vuelta de correo recibo un sobre abultado de la editorial que abro con emocionado nerviosismo. El sobre contenía una ingente información sobre Enid Blyton y una carta en la que el director de la editorial me saludaba y celebraba mi admiración por los libros de Blyton que, me explicaba, no era un escritor sino una escritora nacida en Dulwich, localidad al sur de Londres, Inglaterra, en 1897. Aquellos papeles —en los que se incluía una nota escrita a máquina y firmada, una lista de los títulos publicados con recortes de prensa y fotografías en blanco y negro luciendo sonrisa bonachona, sentada en su sillón favorito o de pie en su jardín rodeada de toda clase de animales—, me hicieron sentir el niño más feliz, y durante un largo tiempo creí que Enid Blyton me había mandado solo a mí todo aquel álbum personal, con carta incluida, carta que, dicho sea de paso, no llegué a saber lo que decía, porque estaba escrita en inglés.

Años más tarde, la editorial Juventud adquirió los derechos de algunos libros de Blyton, posteriores a estas dos series, en concreto Los siete secretos y Los Cinco, que trataban temas parecidos con pandillas de chicos y perro incluido, pero los comienzos de la saga están en estas dos series de Misterio y Aventura que la editorial Molino inició tras la guerra civil y a la que guardo un agradecimiento infinito. También a la autora, por supuesto, a pesar de que años más tarde se contara de ella que tenía afinidades políticas poco recomendables y actitudes contrarias a la dulzura con la que siempre manejó la narración para niños. Las niñas también tuvieron su ración con las series Torres de Mallory y Las mellizas O’Sullivan en Santa Clara.

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