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Ignacio Amestoy: «Don Quijote es el fin de la Reconquista»

Ignacio Amestoy: «Don Quijote es el fin de la Reconquista»

Foto de portada: Sergio Enríquez-Nistal

Ignacio Amestoy (Bilbao, 1947) es un hombre, cordial, afable, cercano. Dramaturgo y periodista de muy amplia trayectoria, autor de obras de teatro tan valiosas como Ederra y Cierra bien la puerta, que se pueden encontrar en la colección Letras Hispánicas de Cátedra. Es gestor cultural, actualmente Secretario General del Círculo de Bellas Artes, doctor en Estudios Teatrales por la Universidad Complutense de Madrid; ha sido profesor de Literatura Dramática y director de la Real Escuela Superior de Arte Dramático.

También ha desempañado cargos en periódicos, como Diario 16, y ha realizado, según sus palabras, un millar de entrevistas. Ha recibido premios tan importantes como el Premio Nacional de Literatura Dramática y el Lope de Vega, en dos ocasiones.

Recientemente ha realizado la introducción de Calderón esencial, de Pedro Calderón de la Barca (Madrid, Biblioteca Castro, 2022). Son más de cien páginas sobre Calderón, escritas con profundidad y amenidad por un gran conocedor del teatro, en todas sus vertientes.

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—Usted es un hombre de letras en el sentido más amplio, pero también más rico. ¿Siente que las letras lo eligieron a usted, o que usted eligió a las letras?

"Las palabras son muy suyas. Y, al fin, uno no deja de ser un usurpador de las palabras"

—Fue una mutua seducción, y laboriosa. Las palabras me tentaron por su capacidad para la construcción de universos imaginarios. Las palabras, como ladrillos, para tender puentes, elevar edificios o profundizar pozos, en el ser humano y en la realidad. Y elegí las palabras para que mi yo, como personaje me expresara, y para que mis personajes me mostraran sus pensamientos, sus temores, sus deseos y sus miedos. Primero fue un descubrimiento y después una búsqueda. Y siempre una lucha. Las palabras son muy suyas. Y, al fin, uno no deja de ser un usurpador de las palabras.

—¿Por qué eligió el teatro como medio fundamental de investigación y expresión literaria?

—En el teatro, un ser humano se desnuda ante otro ser humano, y ambos ante el mundo formado por esos ciudadanos —no hablo de consumidores— que van a verse en los demás a través del espejo escénico. Defiendo el conflicto en el teatro, como también el conflicto en la democracia. Si no hay conflicto en el teatro no estamos hablando de teatro, como si no hay conflicto en una democracia estaremos hablando de una dictadura, no de democracia. El teatro es, entre las artes, la que profundiza más directamente en el ser humano y en su existir. El teatro es dialéctico siempre, está formado por preguntas que se pueden encadenar hasta el infinito para intentar encontrar verdades. Unas preguntas que el protagonista plantea al antagonista hasta el vaciamiento. A veces, como Segismundo, el protagonista es también el antagonista. Trágico, las más de las veces, como Edipo o como Hamlet. Son las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos. Hasta el reconocimiento, hasta la anagnórisis del personaje, de nuestro personaje. Ante la ciudadanía, que ha de sufrir la catarsis. Una ciudadanía que se enfrenta a un juego donde la mentira del teatro es verdad; ha de ser verdad.

—¿Por qué eligió el periodismo?

"En el teatro buscamos la verdad del ser humano. En el periodismo la verdad de nuestra realidad cotidiana"

—El periodismo es fascinante. En el teatro buscamos la verdad del ser humano. En el periodismo la verdad de nuestra realidad cotidiana. En los dos territorios, haciendo preguntas. El secreto del periodismo es el hacer preguntas. Para lograr, en último extremo, formular la última pregunta; esa pregunta que el político, el especulador o el delincuente no quiere contestar. En el periodista todo ha de ser un preguntarse. Qué, quién, cómo, dónde, por qué… Se indica en las aulas a los futuros profesionales que esas van a ser sus armas de trabajo, las preguntas. Un oficio difícil, porque el periodista se enfrenta siempre con una verdad, oficial o no, que es mentira, y su labor es revelar la certeza, descorriendo el telón de la mentira. Otra suerte de teatro, donde la mentira es mentira. En cuarenta años de periodista he hecho un millar de entrevistas. Y generalmente las preguntas que hay que hacer, que he tenido que hacer, son las que el entrevistado no quiere contestar. El entrevistado se ha de someter a una incómoda confesión.

—¿El periodismo es una pasión?

—La pasión por la verdad, del ser humano y del ser humano en un colectivo. Una pasión que es una búsqueda, con un final a veces frustrante en esa prospección, en esa indagación. El periodista descubre una matrioshka y cree que ha encontrado la verdad… y cuando se da cuenta de que dentro de la muñeca hay otra y otra… O se tiene esa pasión o no es periodismo, ya sea por el periodismo de investigación ante unos crímenes o, en una entrevista a un artista para desentrañar los misterios de su creación, de dónde sale ese genio y por qué. Además, el periodismo es una pasión sin horarios. Hasta hace poco el límite era el cierre de la edición. Ahora, en el periodismo digital el cierre es continuo…

—¿El teatro es una pasión?

—Una pasión trágica. Ya decía antes que el teatro es una mentira que tiene que ser verdad… El teatro son todas las pasiones del ser humano, pero… Admiro a los actores, que son los sacerdotes de este rito. Ya Diderot nos dijo que el actor ha de ser capaz de hacer cientos de personajes sin ser ninguno de ellos. Ahí tiene que residir su arte. Todo hacer teatral es utópico. Somos conscientes de que el teatro ha de ser siempre contemporáneo. El Segismundo de hoy no es igual al de mañana. Hemos de ser conscientes de que cada representación es la piedra que Sísifo eleva a lo alto de la montaña, una piedra que mañana habrá que cargar de nuevo con ella porque estará no donde la dejamos ayer, sino al pie del monte.

Foto: Sergio Enríquez-Nistal

—¿Cómo explicaría lo que siente por el teatro?

"Tenemos el poder para crear mundos y, al propio tiempo, hemos de ser conscientes de que esos mundos desaparecen en unas horas"

—Lo que siento es una gran humildad. Somos Sísifos, ya que hablamos de ese mito, y hemos de reconocer nuestra poderosa fragilidad. Tenemos el poder para crear mundos y, al propio tiempo, hemos de ser conscientes de que esos mundos desaparecen en unas horas. Yo recuerdo Medeas excelsas de Nuria Espert, en Mérida o en el Grac. Pero ya no están. Y si fueron grabadas no son teatro, no están vivas. Uno recuerda muchos estrenos propios inolvidables. ¿Inolvidables? Bien, queda el texto en papel. Que no es poco. Pero soy consciente de que el texto es un pretexto para el hecho escénico. Y, las más de las veces, el teatro no puede llegar a ser excelso en el “hecho escénico” porque generalmente, más hoy, el espectador es más un consumidor que un ciudadano. Nos hemos alejado del rito, de buscar la catarsis. No queremos sufrir.

—¿Cómo explicaría lo que siente por el periodismo?

—Por el buen periodismo, veneración. El buen periodista acaba generalmente siendo un mártir, al que no se le subirá a ningún altar.

—¿Qué tiene el periodismo que parece enganchar tanto a la gente?

—La gente va en busca de la verdad. El error está en buscar cada uno su verdad.

—¿Dónde está el atractivo fundamental del periodismo?

—El periodista es el mensajero, un héroe. Confiamos en que nos trae verdades. Lo malo es si por las razones que sean, propias o ajenas, nos trae mentiras.

—¿Qué tiene la literatura?

—Que creaciones como el Quijote, Platero o Segismundo son verdad en sí mismas.

—¿Por qué le gusta escribir sobre reyes?

"La peripecia de nuestros últimos reyes de España ha sido un desastre, útiles para subirlas al escenario y observar sus diversas tragedias, o tragicomedias"

—Pedro Crespo, el alcalde Zalamea, ya dijo: “Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor…”. Eran los tiempos de Felipe II. La auctoritas monárquica, bien tamizada hoy en las monarquías parlamentarias y representativas, todavía pervive… La peripecia de nuestros últimos reyes de España ha sido un desastre, útiles para subirlas al escenario y observar sus diversas tragedias, o tragicomedias. Los reyes han sido como dioses, como los dioses de la tragedia griega, con muchas grietas humanas.

—¿Por qué Calderón de la Barca es tan importante?

—He mencionado El alcalde de Zalamea, donde Felipe II da la razón no a un aristócrata sino a un villano que ejerce su justicia. Una obra que fue admirada por los ilustrados y por los revolucionarios franceses. Calderón, sobre los hombros del gigante que fue Lope, fue un titán, admirado por Goethe o por Benjamin. Calderón fue un adelantado, un autor para una España que no fue.

—¿Le costó mucho trabajo hacer el estudio preliminar de Calderón esencial?

—Como una indagación periodística y teatral.

—¿Qué dificultades entrañaba?

—Los prejuicios que nuestro Siglo de Oro tiene entre nosotros.

—¿Por qué Calderón ha destacado tanto entre otros escritores españoles del Siglo de Oro?

—Supo aprender de todos.

—¿Por qué gustaba tanto a los alemanes?

—Para Goethe fue un autor con mejor técnica que Shakespeare.

—¿Qué pensaban de él y de sus obras?

—Que además de escribir filosofaba.

—Usted cita mucho al Cervantes dramaturgo. ¿Por qué es tan estimable la obra dramática de Cervantes?

"Cervantes supo reconocer el talento de Lope, monstruo de naturaleza, de quien dijo que se había alzado con la monarquía cómica"

—Escribió la gran tragedia española, Numancia; hizo la comedia de santos más destacada, El rufián dichoso, y creó el monumental entremés El retablo de las maravillas. Y sin embargo, supo reconocer el talento de Lope, “monstruo de naturaleza”, de quien dijo que se había alzado con “la monarquía cómica”.

—¿Qué destacaría de su obra y por qué razón?

—Su adaptación. Supo que había llegado Lope. Para bien o para mal.

—¿El Quijote tiene mucho de dramático?

—El Quijote no es una novela dramática es trágica. Nos habla del fin de la España de los caballeros españoles. Don Quijote es el fin de la Reconquista.

—¿Podría explicarlo?

—Ciñéndome a lo teatral, toda la novela es un monumento al diálogo. Se pueden llevar a escena capítulos y capítulos. Con un buen narrador y buenos actores.

—Si pudiera hablar con Calderón, ¿qué le diría?

—Don Pedro, siento que vivieses en una España tan hostil.

—Si pudiera hablar con Lope, ¿qué le diría?

—Don Lope, ¿por qué te inquietaron tanto los “pájaros nuevos”, como Calderón? Si para poeta…

—¿Y a Cervantes?

—Don Miguel, me da pena que, por Lope, abandonaras la tragedia.

—¿El periodismo y el teatro son actividades complementarias? ¿Se conjugan bien?

"Buero, desde el 49, con Historia de una escalera, hasta casi su muerte, con Misión al pueblo desierto, fue un cronista de la realidad española..."

—Valle fue corresponsal de guerra y autor. Peter Weiss hizo una gran pieza periodística con La indagación, sobre el juicio por los crímenes de Auschwitz. Buero, desde el 49, con Historia de una escalera, hasta casi su muerte, con Misión al pueblo desierto, fue un cronista de la realidad española…

—¿Ha sentido que no podía dedicarse a las dos actividades a la vez?

—Tengo cuarenta obras; las más, estrenadas; doce de ellas sobre el problema vasco, de mi tierra; he sido y soy gestor cultural; profesor de Literatura Dramática en la RESAD, y su director. No he podido ser actor, por problemas de desmemoria. Pero pude escribir una obra, Yo fui actor cuando Franco, porque sí fui actor en el teatro universitario e independiente. Sigo a Antonio Garrigues, autor de sesenta obras de teatro, además de destacado jurista y pintor y poeta, que dice que debemos procurar ser multidisciplinares.

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Josey Wales
Josey Wales
10 meses hace

El periodismo sería una pasión hace años. Hoy es un ramo de un oficio bastante más antiguo.