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«Inventando a Lope»: una mirada al XVII desde el XXI

«Inventando a Lope»: una mirada al XVII desde el XXI

«Días ha que he deseado dejar de escribir para el teatro, así por la edad, que pide cosas más severas, como por el cansancio y aflicción de espíritu en que me ponen».

Estas palabras del propio Lope, dirigidas al duque de Sessa en 1630, se convirtieron en la semilla que dio origen a Inventando a Lope, una obra teatral en la que no me interesaba tanto abordar el mito del Lope joven y seductor, sino la figura del autor que, en sus últimos años de vida y pese a sus logros en las tablas, albergaba carencias y heridas, de las que deja testimonio en muchos de sus textos.

El Lope al que le duele la mala acogida de algunas de sus últimas comedias y que afronta con enorme pesar la muerte de Marta de Nevares, su Amarilis, a quien dedica algunos de los versos más hermosos y tristes de su producción poética. El mismo Lope que tuvo que soportar las negativas a sus aspiraciones por parte de una corte en la que no se veían con buenos ojos ni sus andanzas sentimentales, ni su labor como secretario del duque de Sessa, con quien mantuvo una jugosa correspondencia que ha sido una de las muchas fuentes de las que ha bebido la escritura de este Inventando a Lope.

Sin embargo, no se trataba de elaborar una biografía al uso —de ahí que la pieza reivindique su esencia ficcional y su naturaleza de juego escénico desde el propio título—, sino de tejer una comedia dramática que respirase la lengua y los códigos propios de la pluma de sus tres protagonistas, pues a la figura de Lope se suma la presencia de dos de nuestras grandes autoras barrocas, María de Zayas y Ana Caro, dos escritoras que, pese a sus méritos siento que aún no ocupan el lugar que debieran en nuestra historiografía literaria.

"Ana Caro fue la primera escritora española que consiguió vivir de su oficio"

No era la primera vez que me acercaba a ese universo, que había abordado previamente en obras como Las harpías en Madrid, inspirada en la novela picaresca de Castillo Solórzano, o Desengaños amorosos, versión libre de las novelas de la propia Zayas. En esta ocasión, sin embargo, quería que la ficción no naciera de los personajes que ellos inventaron, sino de lo poco o mucho que sabemos de las personas que sí fueron. Y esa fue la primera dificultad que entrañó la escritura de Inventando a Lope: recopilar la documentación necesaria para llevar sus tres vidas a escena, especialmente debido al contraste entre la abundante documentación biográfica que encontramos sobre Lope y las lagunas que hallamos en torno a Ana Caro y María de Zayas. Tanto es así que la existencia de esta última ha llegado a ponerse en entredicho con argumentos más que cuestionables y, por suerte, ampliamente rebatidos por diversos especialistas.

Así que, a partir de lo que sí sabemos, esta obra se construye con la libertad de cuanto imaginamos, a través de dos encuentros en los que el jardín de Lope —según escribió él mismo, su parte favorita de la casa— se convierte en escenario mágico donde todo es posible. Dos reuniones que nos llevan a dos años distintos —1617 y 1634—  a través de un arco temporal que permite conocer tanto la historia de amor de Lope y Marta como asomarnos al cruce de esas dos generaciones literarias: la de quien, consagrado, afronta el final de su carrera y la de quienes, en plena juventud, irrumpen con fuerza y voz propia en un panorama literario donde, pese a la misoginia de su tiempo, se convertirán en las primeras mujeres en triunfar en la prosa y en los corrales, tal y como nos cuenta la propia Caro en Valor, agravio y mujer:

«Ya es todo muy viejo allá:
solo en esto de poetas
hay notable novedad
por innumerables, tanto,
que aun quieren poetizar
las mujeres, y se atreven
a hacer comedias ya» 

No en vano Ana Caro fue la primera escritora española que consiguió vivir de su oficio o, al menos, la primera de la que contamos con un documento oficial que atestigua que su escritura llegó a ser remunerada, tal y como demuestra el hecho de que en 1637 recibiera 1.100 reales a cambio de la crónica de una boda real que le había sido encargada por el conde duque de Olivares.

"Inventando a Lope no está concebida como una obra con voluntad arqueológica, sino como un juego dramático y poético"

Pero el verdadero desafío de escribir esta obra residía en encontrar la voz dramatúrgica, de modo que no se renunciase a la musicalidad y la lírica de la literatura en la que se inspira y que homenajea. Solo desde esa voz, sin rehuir lo poético, era posible relatar el afán de Ana Caro por triunfar en la escena sevillana, o la lucha de Zayas para publicar en Zaragoza sus Novelas amorosas y ejemplares, o la posible historia de amor entre ambas, de la que no tenemos más que (sugerentes) indicios y que, gracias a la libertad que otorga la ficción, aquí se convierte en un protagonista más.

En cualquier caso, y más allá de la intensa tarea de documentación que precedió a su escritura, Inventando a Lope no está concebida como una obra con voluntad arqueológica, sino como un juego dramático y poético que, desde cuanto sabemos que sí ocurrió, nos invita a imaginar lo que quizá pudo suceder. Una mirada en la que no oculto mi pasión por la literatura de esa época —antes que escritores seremos siempre los lectores voraces de quienes admiramos— y que nace con el deseo de provocar idéntica curiosidad a quienes suelan acercarse con recelo a los clásicos. Ojalá este Inventando a Lope les abra la puerta a ese jardín barroco en el que siguen sonando con fuerza voces, vidas y versos.

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Autor: Nando López. TítuloInventando a LopeEditorial: Ediciones Antígona. VentaTodostuslibros

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