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Incorrectas, vivas… y reales

Incorrectas, vivas… y reales

En estos tiempos en que la novela parece condenada a ser devorada por la autoficción, con relatos que convierten —con mayor o menor acierto— cualquier anécdota personal en gran metáfora trascendente, se agradece dar con narraciones como Las incorrectas, donde su autora construye una historia llena de (incómodas) verdades a partir de ese recurso casi en desuso que es la ficción.

Paloma Bravo —de quien me confieso lector cautivo desde La novia de papá— no solo renuncia al reflejo autobiográfico y quasi ombliguista de un único yo, sino que asume el ambicioso propósito de tejer un relato coral en el que se cruzan las vidas de diversas mujeres con circunstancias muy diferentes entre sí. Según la contraportada, estamos ante la historia de cuatro amigas —Eva, Candela, Cristina e Inma—. Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura nos damos cuenta de que estamos asistiendo al retrato de muchas más (Verónica, Pilar, Elsa…), todas ellas magníficamente construidas y tratadas sin una mirada condescendiente o idealizadora, sino descritas con sus errores, sus logros, sus contradicciones y, en definitiva, sus incorrecciones, o lo que es lo mismo, con todo lo que las hace personas antes que personajes.

"Bravo evita aleccionarnos y, a cambio, nos invita a acompañar (a sentir) a las mujeres de su novela a lo largo de sus peripecias"

Frente a la tentación del discurso, Paloma Bravo escoge para armar su crítica a los rígidos moldes heteropatriarcales aún omnipresentes dos armas mucho más eficaces y, a la vez, novelescas: el humor y la ternura, dos ingredientes francamente difíciles de manejar en un relato (quien lo probó lo sabe) y que, en este caso, están usados en la medida y dosis. Así que, como las emociones son uno de los modos más contundentes de interpelar al lector, Bravo evita aleccionarnos y, a cambio, nos invita a acompañar (a sentir) a las mujeres de su novela a lo largo de sus peripecias.

Situaciones donde lo cómico se puede oscurecer sin previo aviso hasta volverse dramático o incluso claustrofóbico, tal y como sucede con el personaje de Elsa —“la pistola de Chéjov”, según la propia narradora—, que nos provoca una sonrisa maliciosa con sus primeras apariciones para convertirse, paulatinamente, en el foco de una de las historias más duras y, a la vez, universales, una de esas preguntas que parece que no tenemos derecho a formular en voz alta y que da de lleno en uno de esos tabúes sociales que siguen condicionando nuestra realidad: ¿Y si no me gustan mis propios hijos? ¿Puedo llegar a temer a quien, supuestamente, debería amar?

Un viraje similar, también del humor hacia la emoción, es el que viviremos en la subtrama de Coño Furioso (o Rabioso, o Enfurecido, como se empeñan en llamarla los demás personajes), una línea de acción que permite a su autora jugar con subgéneros como la comedia de enredo o la novela de misterio para acabar dando pie a un hermoso relato de sororidad y relevo generacional entre dos mujeres que parecían hallarse en universos opuestos y que, sin embargo, acabarán habitando una misma (y virtual) realidad.

Y junto a la ironía y la mirada ácida, la empatía y la emoción introspectiva. El relato de la vida desde la comprensión y no desde el juicio. La narradora que observa a sus criaturas como si fuera una más de ellas, como si nosotros —sus lectores— también lo fuésemos. Una voz que, a través de las luchas de sus imperfectas heroínas, nos ofrece un resquicio de esperanza en medio de esa batalla, a ratos perdida o, cuando menos, en tablas, que parece ser la madurez. Así que, entre obstáculo y obstáculo, surgen momentos tan diminutos y, a la vez tan gigantes, como los instantes de complicidad entre Eva y su hija o tan ásperos y, al mismo tiempo tan cálidos, como los encuentros (y desencuentros) entre Inma y el suyo. La vida no admite un solo género, eso ya lo sabíamos, y esta novela, que tiene algo de espejo stendhaliano en su afán por seguir el reflejo de tantas vidas ajenas (y en su capacidad para retratar los instantes que las definen), parece decirnos que tampoco.

"Certera en la narración, aguda en las descripciones, precisa en sus referencias y brillante en los diálogos, Paloma Bravo trenza una novela que, además de emocionar, también nos interpela"

Quizá por eso su autora evita juicios maniqueos y nos presenta, junto a sus protagonistas femeninas, un abanico de personajes masculinos donde hay todo tipo de circunstancias, sensibilidades y conductas. Desde machistas redomados e irredentos —esa masculinidad tóxica a la que las Feroces marcan más de un gol en esta novela: gracias por la catarsis—, a hombres como Emilio, el entrenador del club de barrio que hará un singular cursillo de reciclaje y deconstrucción feminista a lo largo de la temporada futbolística, o el padre y el ex de Eva, que ofrecen un remanso de cordura —por supuesto, también con sus incorrecciones: ¿acaso sería justo lo contrario?— en una sociedad que, a ratos, pareciera haberla perdido.

Como en cualquier historia coral, quizá sea difícil no conectar más con unos personajes que con otros. Todos están construidos con mimo y con la suficiente entidad argumental y psicológica para resultar interesantes, pero es inevitable que nuestra propia experiencia nos acerque más a unos que a otros de modo caprichoso. En mi caso, no he podido evitar sentir una especial predilección por Candela —quizá porque conozco más de una—, por Verónica —porque su personaje es un hermoso y logrado guiño a una generación que se merecía figurar en una novela como esta con un personaje como ese —y, claro, por Eva —porque en sus inseguridades y en ese casi que preside su vida veo muchos de los fantasmas que a menudo atenazan la mía.

Certera en la narración, aguda en las descripciones, precisa en sus referencias y brillante en los diálogos, Paloma Bravo trenza una novela que, además de emocionar —seguro que no soy el único que se tomaría encantado unas copas con las Feroces si se lo propusieran—, también nos interpela. Uno de esos libros que nos hacen sentir incómodos por todo lo que a veces damos por asumido —o, peor aún, por conquistado— olvidando todo lo que nos queda por conquistar. Porque el partido de la igualdad —y de eso saben mucho las Feroces— aún no lo hemos ganado y novelas como esta, llenas de verdad gracias al cuidado relieve de su ficción, pueden ayudarnos a mejorar el resultado. O, por lo menos, a cuestionarlo.

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Autora: Paloma Bravo. TítuloLas incorrectasEditorial: Espasa. VentaAmazon y Fnac

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