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Jardines del tiempo, de Fidel Sendagorta

Jardines del tiempo, de Fidel Sendagorta

En el jardín que es todo un universo…

…siempre es agradable encontrarse con un libro de sonetos que estén bien escritos, su forma invita a la lectura y, en un momento, puedes descubrir desde lo nimio hasta lo inmenso en tan solo catorce versos, aspectos que hallamos en Jardines del tiempo en la buena mano del poeta Fidel Sendagorta. Dígase con convencimiento aquel dicho, que también es dicha, de que «lo bueno si breve, dos veces bueno».

El soneto es una composición más complicada de lo que parece, tanto es así que hay varios escritores de buenos sonetos pero no tantos buenos sonetistas; en este caso, estamos ante lo segundo, pues Jardines del tiempo conjuga el aire clásico de la estructura del soneto con variantes que rompen con tal clasicismo, si bien el poeta jamás renuncia a la rima. Podría decirse que Sendagorta opta por ofrecer su propia visión del soneto que comienza con un serventesio, sigue con un cuarteto y termina con los tercetos (salvo en un par de ocasiones en que comienza con cuarteto y otras, tres, en que tras la primera estrofa, escribe un serventesio).

Fragor del mar como un hondo latido
que brota de la entraña de la ola
y bate el arenal estremecido
en su antigua espiral de caracola. 

Aúllan los vientos a la luna sola,
mas su lívido imperio inadvertido
somete al océano envanecido
a la alta imantación de su aureola. 

Palpita interrogante el firmamento
con su extraño concierto de destellos
que no alumbran si no es el pensamiento. 

Esquivos astros, trágicos y bellos,
invitan a un ritual recogimiento
y acaso sorprender al hado en ellos.

Entre las temáticas, la naturaleza está muy presente, generalmente a partir de un motivo sobre el que construye las imágenes del poema, como el mar y los astros en el poema anteriormente descrito o los árboles en «Las palabras arborescentes» con «romances de antiguos robledales» y «hayedos de leyendas». También hay lugar para lo cotidiano, pues, como expresamos en el párrafo inicial, hallamos de lo nimio a lo inmenso y lo cotidiano, curiosamente, tiene algo de esta antítesis, como sucede en «Diario prodigio» con la sopa, la mesa y la puesta a punto para terminar el día. Por supuesto, también la cultura está representada en estos sonetos, mediante la Historia o el Arte, como en el espléndido «Ante La Anunciación, de Fra Filippo Lippi», de los mejores de esta colección:

Muchacha recogida en la lectura
del relato que empieza y no termina
y un fulgor que atraviesa y transfigura
el rostro que en penumbra se ilumina. 

Al fondo de la estancia se adivina
un jardín de verdor y de ventura,
la mañana en su cenit de hermosura
se recrea en la rosa repentina. 

Flor mística perenne enamorada,
delicada en su atento sentimiento
que mana de la fuente más callada. 

Por ti pasó la brisa que da aliento
al celeste incesante todo y nada,
fuerza ciega o gozoso pensamiento.

Jardines del tiempo hace honor a su nombre: cada soneto es como un jardín, con límites o cerrado, pero en él cabe todo un universo que, a fin de cuentas, es una manera más de definir el tiempo. Tan escaso como lo tenemos, gracias a Fidel Sendagorta, podemos retenerlo con estos versos… Con total seguridad, el sonetista de Jardines del tiempo lo expresa mejor que quien firma estas líneas:

Aquel niño que fuimos se detiene
ante la hilera de reyes imponentes
y piensa que la Historia es un suspiro.

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Autor: Fidel Sendagorta. Título: Jardines del tiempo. Editorial: Cuadernos del Laberinto. Venta: Todostuslibros y Amazon

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