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Julia Navarro: «La novela es un viaje a lo más profundo del ser humano»

Julia Navarro: «La novela es un viaje a lo más profundo del ser humano»

Su primera novela, La hermandad de la Sábana Santa, fue editada en más de treinta países y traducida a 15 idiomas. A esa siguieron La Biblia de barro, La sangre de los inocentes, Dime quién soy, Dispara, yo ya estoy muerto y Tú no matarás Periodista, cronista parlamentaria y reportera durante la Transición, Julia Navarro abandonó el periodismo para dedicarse a la literatura. Quiso ser bailarina y física, pero se decantó primero por las leyes de la realidad y después por las de la ficción.

De niña, Julia Navarro leía en voz alta a petición de su abuela. Comenzó con clásicos infantiles y de ahí pasó a los clásicos universales. Con los años avanzó por los pasillos de los clásicos rusos, Dostoievski o Tolstoi, hasta llegar a la Alejandría de E. M. Forster o la que reflejó Lawrence Durrell en su Cuarteto, páginas que ella devoró cuando tenía veinte años y que resurgieron en su teclado con la fuerza de una necesidad imperiosa.

Tras dos décadas de carrera literaria y un millón de lectores, aparece ahora la adaptación que ha hecho Movistar de Dime quién soy, la novela homónima de Julia Navarro dirigida por Eduard Cortés y producida por José Manuel Lorenzo. Esta ficción televisiva acomete un viaje por los hechos más relevantes del siglo XX a través de la vida de Amelia Garayoa, una mujer libérrima cuya biografía se funde con los episodios históricos más importantes de esa centuria.

Desplegada desde el año 1934, durante la Segunda República en España, hasta 1989, con la caída del Muro de Berlín, Dime quién soy se vuelca en el aspecto medular de la obra de Julia Navarro: la naturaleza humana, sus pulsiones y preguntas esenciales, a la manera de un largo viaje, el mismo que Cavafis deseó largo y lento y al que a Julia Navarro dedica para responder la duda de la identidad como incógnita.

—Dime quién soy, dirigida por Eduard Cortés, es una adaptación ambiciosa. ¿Qué le pareció la dinámica?

"Cuando una obra literaria va a la pantalla deja de ser tuya y de alguna manera pertenece al director"

—Ha sido un proceso largo y complicado. Siempre fui muy remisa a la adaptación de mis novelas a la televisión. Tenía la sensación de que era una forma de que una criatura que es mía perteneciera a otros. José Manuel Lorenzo, que es productor y amigo, me convenció. No ha sido fácil. Mis primeros desencuentros fueron con los primeros guionistas, porque cada vez que me enseñaban un guion yo no reconocía mi novela. José Manuel podría haber dicho «me da igual que no te reconozcas, esto es lo que vamos a hacer», pero él siempre intentó que me sintiera cómoda. Llevó seis años de trabajo, con distintos equipos de guionistas. La llegada de Eduard Cortés al proyecto fue importantísima. Fue una persona con la que pude hablar. Me ha escuchado y hemos compartido opiniones. Yo no he participado en su elaboración, he aportado sugerencias. En definitiva, cuando una obra literaria va a la pantalla deja de ser tuya y de alguna manera pertenece al director.

—Durante 35 años ejerció el periodismo. Con la publicación de La hermandad de la Sábana Santa trazó una frontera y no volvió a cruzarla…

—Hubo unos años en los que intenté compaginar ambas cosas, lo que pasa es que al final me resultaba muy complicado. El periodismo exige todo, no hay medias tintas. Si haces periodismo de verdad, se trata de una relación absoluta que te impide tener otros quehaceres. El periodismo era mi gran pasión, pero escribir también, y exigía además ese mismo tiempo completo. Llegó un momento en el que me planteé que tenía que tomar la decisión. No fue fácil, sobre todo con una profesión tan apasionante como lo era para mí el periodismo. .

—Se acercó a los libros desde muy niña, porque su abuela le pedía que leyera para ella libros en voz alta…

"Mi casa estaba llena de libros, así que siempre estuvieron a mi alcance. Mi abuela iba eligiendo: desde best sellers infantiles clásicos hasta libros más complejos"

—A los cinco años, comencé a leerle las novelas que ella me pidiera. Ella cosía cerca del balcón y me hacía sentarme a su lado para que leyera para ella. No lo hacía porque necesitaba que alguien lo hiciera, sino porque era una forma de hacerme leer a mí. De vez en cuando interrumpía la lectura y me preguntaba mi opinión. Iniciábamos un diálogo sobre lo que estaba leyendo. Mi casa estaba llena de libros, así que siempre estuvieron a mi alcance. Mi abuela iba eligiendo: desde best sellers infantiles clásicos hasta libros más complejos. El gusto literario se hace poco a poco, a través de las lecturas.

Imagen de la serie Dime quién soy

—¿Tuvo la lectura algo que ver con el hecho de que se dedicara al periodismo?

—Para mí la lectura era algo natural. No me imagino sin un libro en la mano. Era parte de mí, de mi cotidianidad. De adolescente con lo que en realidad soñaba era con ser bailarina. No me planteaba ser escritora, ni periodista, ni nada por el estilo. Aquella época no era como ahora, no había grandes escuelas de ballet. Existían escuelas de baile español, pero yo quería ser como Margot Fontaine. Hoy querría ser como Tamara Rojo. Pues esa imposibilidad o esa carencia fue lo que me llevó a elegir otra cosa. Tenía interés por entender el mundo y me apasionaba la física, pero era un desastre. Me costaba muchísimo aprobar. Una profesora de literatura, cuando le dije que ya que no podía ser bailarina estudiaría física, se rió y me respondió: «Julia, has aprobado física, matemáticas, química, con mucho esfuerzo… ¿Por qué no haces otra cosa? ¿Por qué no escribes? Te gusta la literatura y se te da bien. Toma otro camino distinto de la física, será costoso, te vas a aburrir». Le hice caso.

—¿Cuáles son las preguntas fundamentales que se ha hecho como novelista?

—Escribir novelas es hacer un viaje a lo más profundo del ser humano. Eso es lo que me interesa: el ser humano, qué hay debajo de todos nosotros. Es un viaje interior a través de los personajes: la libertad, la identidad, la conciencia están presentes en todas mis novelas…

—Tanto la Amelia Garayoa de Dime quién eres como también el Fernando de Tú no matarás o la Clara Tannenberg de La Biblia de barro buscan aclarar algo profundo que ignoran, ya sea sobre su pasado o no, pero lo suficientemente fuerte para ponerlos en marcha. ¿Son sus protagonistas unos pesquisidores de sí mismos?

—Ese es el gran reto: saber quiénes somos. ¿Nos llegamos a conocer alguna vez? Los grandes porqués de nuestra existencia están siempre sin resolver y aparecen ante nosotros. Son preguntas a las que intentamos dar respuesta.

—La novela plantea una transformación en el personaje. Historia de un canalla, por ejemplo, fue de las más complejas. ¿Cuál cree que ha sido su novela mas ambiciosa?

"Hay algunas novelas que entrañan más dificultad. Siempre he buscado un lenguaje diferente para cada historia, pero no me lo planteo como un reto"

—Cuando me pongo a escribir no lo hago pensando «esta será mi novela más ambiciosa» o «esta será la mejor de todas». Yo escribo y ya está. Hay algunas novelas que entrañan más dificultad. Siempre he buscado un lenguaje diferente para cada historia, pero no me lo planteo como un reto. Historia de un canalla era una historia moderna y actual, pero en ella están los mismos elementos, esas preguntas que me hago a través de los personajes y están presente en las demás: quiénes somos y qué sentido tiene la existencia. La vida son momentos, y cuando escribes estás dando todo lo que puedes, con el esfuerzo que implica relatar esa historia. Todos los momentos son difíciles y sobre todo distintos unos de otros. Cada novela responde a un momento determinado de mi vida.

—Una novela puede ser histórica, como Dispara, yo ya estoy muerto, y al mismo tiempo puede plantear algo detectivesco, o ser una novela psicológica. ¿Existe un género que enmarque o explique su escritura?

—Me rebelo contra las etiquetas. Yo no hago novela histórica, ni de intriga. Hago novelas de personajes, y a través de ellos propongo preguntas sobre la condición humana. Es lo que intento. Me siento incómoda cuando me etiquetan. Siento que me están mermando, poniéndome límites a mi libertad. Elijo las circunstancias para contar la historia de unos personajes, que son lo que en realidad me interesa, y todo lo demás es un escenario donde transcurren esas vidas, que me propongo construir lo mejor posible para que esas vidas tengan sentido. No es lo mismo un hombre del siglo XVI que uno del siglo XXI. Si hoy leyésemos Anna Karenina con los ojos del presente no resulta comprensible, pero esas preguntas y ese viaje a lo más profundo de los personajes de Tolstoi es lo que permanece y permanecerá.

—¿La novela realista ha sido apartada en España? Hasta la relación con Galdós es complicada.

—De todas maneras, en cada momento tienen una forma distinta o una manera de contar que va de acuerdo con su época, pero al menos en mi caso yo procuro huir de las etiquetas.

—Me temo que su éxito de lectores la encaminan y la incluyen en el apartado best seller…

"Siempre me ha parecido una enorme estupidez lo de los best sellers"

—Siempre me ha parecido una enorme estupidez lo de los best sellers. El best seller es algo que se vende mucho. Hay novelas estupendas que se venden mucho, y otras que no y también se venden. Hay novelas fantásticas que no se venden y novelas terribles que tampoco. Esa obsesión que tienen algunos de etiquetarlo todo es de lo que huyo. Yo escribo. No sé lo que va a pasar. No sé si la novela que estoy escribiendo ahora le gustará a los lectores. Ojalá tuviera una fórmula o una pócima de Merlín para hacer novelas que se vendieran por cientos de miles. Eso no existe.

—Lenguaje directo y donde el diálogo es muy importante. ¿En cuál de sus libros sintió que estaba cuajado un estilo?

—Me costaría mucho elegir uno u otro. Creo que es una herencia del periodismo, de ser directa, forma parte de mi forma de escribir y de mi persona. No me importa que se note el periodismo en lo que escribo, porque el periodismo debe ser capaz de ser comprendido por todo tipo de personas. No hago ningún ejercicio para que no me entiendan, todo lo contrario. Escribir es una manera de comunicarse, y yo busco hacerlo con la mayor cantidad de personas. Nunca he creído en las personas que dicen que no les importa no tener lectores, me parece de una soberbia tremenda. Es una actitud que no comparto. Eso no significa que yo no cuide el lenguaje, al contrario. Cuido la precisión de las palabras .

—No ha escrito cuentos. ¿Para usted la novela es la gran forma literaria?

—Sí, pero eso no significa que rechace los relatos breves, incluso tengo la tentación de hacer un libro de relatos. No es algo que rechace o descarte, sólo que hasta ahora para contar mis historias he necesitado mucho más espacio.

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