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Julio Cortázar, en el principio fue la poesía

Julio Cortázar, en el principio fue la poesía

Si alguien quisiera aproximarse hoy de una manera bastante completa (que no exhaustiva) a la grandiosa obra y a la figura de Julio Cortázar, le recomendaría tres volúmenes: la novela Rayuela, una amplia selección de sus cuentos (desperdigados en tantos títulos mayores y menores) y su poesía. No podemos olvidarnos que Cortázar se inició, ya a los 12 años, como poeta, y la poesía (su poesía) de una u otra manera se entrevera en sus cuentos e incluso en sus novelas.

De Rayuela y de sus cuentos existen abundantes ediciones, incluso en bolsillo, pero era muy difícil acceder a la poesía. Lo único vivo era una edición ilustrada de Pameos y meopas de la editorial Nórdica, que a su vez era una reedición de ese librito que la colección Ocnos publicó en 1971 (aún lo conservo) y que nos dio la oportunidad de asomarnos a la poesía de Cortázar, al que se veía tan solo como narrador. La pasada primavera, Alfaguara publicó toda su poesía, que fue el libro más comentado en la Feria del Libro de Buenos Aires, y que en España (me temo) está pasando desapercibido.

Esta Poesía completa es un volumen de 700 páginas, lo que muestra, y demuestra, que la poesía no era un accidente o un asunto menor para Cortázar; fue, más bien, la semilla (o una parte de la semilla) de la que germinó su obra, toda su obra, marcada por la imaginación literaria, la experimentación, el juego (concepto clave) y el amor y el dolor y la labor por la palabra. Cortázar mismo se lo confiesa a Joaquín Marco y José Agustín Goytisolo cuando le piden una breve selección de sus poemas para esa memorable colección Ocnos, que todos los incipientes poetas de los setenta y los ochenta buscábamos, comprábamos o robábamos (pecados adolescentes) en las sufridas librerías.

"Podíamos hablar largamente sobre la poesía y Julio Cortázar, pero corremos el riesgo de soslayar este valioso y necesario libro, objeto de esta crónica"

En una carta fechada en París, 1971, Cortázar coloca su poesía a la misma altura de sus cuentos (al menos, como creador): “Mis poemas no son como esos hijos adulterinos a los que se reconoce in articulo mortis, sino que nunca creí demasiado en la necesidad de publicarlos; excesivamente personales, herbario para los días de lluvia, se me fueron quedando en los bolsillos del tiempo sin que por eso los olvidara o los creyera menos mío que las novelas o los cuentos”. Unas líneas después señala algo revelador: “Junto con mi juventud murió en mí el respeto a priori por la poesía, los poetas y los poemas que nos imponía un humanismo burgués; hoy creo que lo mejor de la poesía no viaja en los vehículos tradicionales del género, entre otras cosas porque ya no hay más géneros”. Y prosigue, como hijo de su tiempo (del Mayo del 68): “La poesía está cada vez más en la calle, en ciertas formas de acción renovadora, en el hallazgo anónimo y sin pretensión de las canciones populares, de los graffiti…”.

Podríamos hablar largamente sobre la poesía y Julio Cortázar, pero corremos el riesgo de soslayar este valioso y necesario libro, objeto de esta crónica. Para empezar, pongámoslo en contexto. Veinte años después de la muerte (un domingo) de Julio Cortázar, la editorial Galaxia Gutenberg empezó a publicar sus obras completas, en las que el volumen IV, que salió en el 2005, estaba dedicado a su poesía, en edición critica preparada por el argentino Saúl Yurkievich, quien falleció precisamente ese año, como si sintiera que ya había cumplido su misión. En aquel volumen se recogía toda la poesía conocida de Cortázar, incluidos unos 180 poemas inéditos. Posteriormente, el profesor Jesús Rubio Jiménez descubrió, en un fondo de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid, una serie de poemas desconocidos de Cortázar. El presente volumen de Alfaguara, como el hábil lector ya habrá adivinado, reproduce el anterior (sin notas) más los 34 poemas inéditos.

Julio Cortázar con la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi, a la que dedicó quince poemas de amor.

En vida de Cortázar (cito de memoria) se publicaron solo tres libros de poesía, que constituyen —junto a Salvo el crepúsculo, editado tras su muerte— su corpus poético, y que abarca la mitad de su producción. El volumen se inicia con Presencia, un libro formado por 43 sonetos clásicos (le gustaban las rimas poco trilladas), escritos a sus veintipocos años, bajo la influencia modernista y neorromántica, pero donde ya se adivinan esos rasgos de juego y de experimentación que le acompañarán toda su vida. Me ha gustado (me ha hecho reír) el endecasílabo “el lago ya no es lago sino halago”. O esos versos que dicen: “…He decidido / que mis palabras tengan llaves idas”. En el libro hay una veta mística y, ¡cómo no!, un homenaje a Góngora. Presencia se publicó en 1938, con el seudónimo de Julio Denis.

"El cronopio italiano, sin embargo, era sincero y coherente, y le pidió algunos poemas para traducirlos a su lengua y publicarlos en Italia"

Los otros libros, firmados ya como Julio Cortázar,  son una  selección o recopilación de esos poemas que, en su mayoría, se quedaban mansa y silenciosamente a su lado. Los amigos, sin embargo, sabían de su poesía. Y en 1968, en La Habana, Cortázar se llevó una de las mayores alegrías de su vida, no porque estrechara la sudorosa mano de Fidel, ¡válgame dios!, sino porque Gianni Toti le dijo, como quien no quiere la cosa: “De todo lo que has escrito, lo que a mí realmente me gusta es tu poesía”. Una frase más bien equívoca (no en este caso, aclaro), ya que un autor muy susceptible lo hubiera interpretado como que no le gustaban sus cuentos o sus novelas.

El cronopio italiano, sin embargo, era sincero y coherente, y le pidió algunos poemas para traducirlos a su lengua y publicarlos en Italia. Cortázar le envió casi un centenar para que eligiera, pero el esforzado Toti tradujo todos, y esos todos son los que forman Le Ragioni della Collera, incluido en sus obras completas con el título en italiano (pero los poemas en español).

"Al amanecer se fueron esas amigas con la oscuridad a otra parte, y ahí se acabaron estos poemas claramente garabateados en un cuaderno japonés de seda amarilla"

Los Pameos y meopas, ya aludidos, forman el tercer libro independiente. El cuarto es Salvo el crepúsculo, unos 120 poemas inéditos hasta entonces, y un título importante y muy heterogéneo, con poemas en prosa, en verso libre, sonetos, romances y hasta casi caligramas (la huella de Mallarmé, al que dedica algún poema, es evidente). Aquí se incluye, como un paréntesis y de forma manuscrita, una serie titulada La noche las amigas, que son poemas  sobre las amigas reales, vivas y muertas, y las imaginarias. El sueño de una noche de hachís. Al amanecer se fueron esas amigas con la oscuridad a otra parte, y ahí se acabaron estos poemas claramente garabateados en un cuaderno japonés de seda amarilla. El oriente anda por el libro. Basho lo anuncia: “Este camino / ya nadie lo recorre / salvo el crepúsculo”.

Quisiera referirme también a los quince poemas (en tres series de cinco) para Cris, que es, aunque no se diga, la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi. Son poemas confesionales, personales, con referencias a París, Montevideo, la calle Corrientes… Oigamos algunos versos: “En realidad poco me importa / que tus senos se duerman / en la azul simetría de otros senos…”. O este breve poema: “Creo que no te quiero, / que solamente quiero la imposibilidad  / tan obvia de quererte, / como la mano izquierda / enamorada de ese guante / que vive en la derecha”.

La poesía y los cuentos de Julio Cortázar no son líneas paralelas, sino vasos comunicantes, como se comprueba en ese volumen, que incluye un apartado de “poemas dispersos”: textos entresacados de publicaciones aisladas y de dieciséis libros narrativos y, de un modo preponderante, de esos dos artefactos literarios que son La vuelta al día en ochenta mundos y Ultimo round. En alguna revista se debió de publicar uno de sus poemas más conocidos, fechado en 1967, y titulado Che: “Yo tuve un hermano. / No nos vimos nunca / pero no importaba. / Yo tuve un hermano / que iba por los montes / mientras yo dormía. / Lo quise a mi modo, / le tomé su voz / libre como el agua…”.

"En este apartado descubrimos unos poemas escritos entre los 20 y 24 años que emocionan por su finura, sencillez y sensibilidad"

En este apartado descubrimos unos poemas escritos entre los 20 y 24 años que emocionan por su finura, sencillez y sensibilidad. Son once romances en los que se evoca la infancia, la escuela, el drama de la muerte, los juegos, los primeros amores, y cuya aparente ingenuidad nos traspasa. Así se lee en el Romance del trece: “ Nací cuando un día doce / se desmayaba en el límite, / y fue un trece de mañana / cuando primero te quise. / Eran catorce mis penas, / trece cuando me quisiste”.

Este volumen se completa y concluye con esos 180 poemas (aproximadamente), que eran inéditos en el año 2005, y los 34 recién descubiertos. El postrero, el que cierra, como  tibio crespón, se titula Noche última, un soneto blanco en alejandrinos y heptasílabos que así finaliza: “¡Oh noche para adentro, noche desconocida, / oh tus manos peinando mi entregado cabello!”. Todo un emblema ese cabello, y sé bien por qué lo digo.

Aludiendo al poema Elvira de Alvear, de Borges, yo también podría decir de Julio Cortázar (a quien entrevisté fugazmente en un tránsito en el aeropuerto de Madrid): “Lo primero que vi, hace tantos años, fue su enorme mata de pelo negro que le nacía casi en la frente, y también es lo último”. Por cierto, en esa breve entrevista hablamos de Borges. Cortázar, quizás cansado de que siempre compararán sus cuentos con los del argentino universal dijo, en un perfecto castellano con sabor francés: “Borges es poeta, él es poeta. Yo soy el cuentista”. Este valioso libro que acabamos de comentar desmiente aquellas airadas y rotundas palabras. Y Basho sigue soplándole al oído: “No sigo el camino / de los antiguos, busco / lo que ellos buscaron”.

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Sergio Guzmán
Sergio Guzmán
2 horas hace

José María Plaza… Bellísima crónica sobre los poemas reunidos de Cortázar. Gracias por la sensibilidad y por su cuidada prosa en hacerlo.