Junio

Ilustración de Fernando Vicente para Poeta en Nueva York (Edit. Cordelia)

 

Jueves, 1

¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?

Comala, señor.

¿Está seguro de que ya es Comala?

Seguro, señor.
¿Y por qué se ve esto tan triste?

Son los tiempos, señor.

(Juan Rulfo. Pedro Páramo. Ed. RM. Edición conmemorativa del centenario del nacimiento del escritor mexicano)

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Al fiscal general anticorrupción, Manuel Moix, lo han dimitido. ¿Dónde está ahora el fiscal Moix?, pues ha vuelto a su cargo de fiscal de antes: “Si te dicen que caí, me fui al puesto que tengo allí”.

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Cincuenta años de Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. Corría el año 1967 y The Beatles habían publicado siete discos. Yo tenía 17 años años y aunque entonces no podía saberlo, recuerdo que al comprar el LP y más tarde al escucharlo en casa con algunos amigos nos pareció a todos que había algo en él que no era como los anteriores (No es verdad, ¿o sí?; pasado el tiempo lo sé, ¿o no?). Solo la carátula tenía ya algo de revolucionario. En esta portada, creada por los artistas pop de la época, Peter Blake y Jann Haworth, John, Paul, George y Ringo se rodean de medio centenar de personajes: Mae West, Lenny Bruce, Stockhausen, Jung, Poe, Bob Dylan, Aldous Huxley, Livingstone, Oscar Wilde, Marlon Brando, Lewis Carroll, Sonny Liston, etc., etc., y entre las flores del suelo la figura de un gnomo, otra de Blancanieves y una estatua de piedra que estaba en la casa de John Lennon.

Mi portada icónica favorita.

Lunes, 5

Tal día como hoy de 2012 moría Ray Bradbury a los 91 años. Hoy no quiero recordarle por sus obras más conocidas: Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas. En uno de mis paseos por las estanterías de mi biblioteca he encontrado una colección de cuentos que este maestro publicó en la editorial Minotauro, también en junio, aunque de 1999, titulado Conduciendo a ciegas. En sus libros vivirán unidos para siempre la ciencia ficción y la poesía, gesto que también manifestó en sus últimas voluntades: que sus cenizas se esparcieran en el planeta rojo. No sé si cinco años después se habrá realizado su deseo. De no ser así, me gustaría que David Cantero, en Telecinco, y Carme Chaparro, en Cuatro, abrieran un día sus Informativos con esta noticia:

“Buenas tardes. Cinco años después del fallecimiento del gran escritor norteamericano de ciencia ficción, Ray Bradbury, el Gobierno de Barack Obama (a Trump lo habían echado por trumposo), va a hacer cumplir su último deseo y sus cenizas serán esparcidas en Marte. Una delegación formada por tres veteranos astronautas se encargará de esta misión antes de que finalice el año”.

Jueves, 8

Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias. El 18 de mayo había leído sus poemas en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Zagajewski es un escritor polaco bien publicado en España. Ya Antonio Beneyto lo seleccionó en 1998 en sus 16 poetas polacos, y más tarde lo han publicado las editoriales Pre-Textos y Acantilado con buenas traducciones y no solo de sus poemas sino también de su prosa.

Adam Zagajewski pudo librarse de las garras comunistas que lo censuraban y se fue a París a principios de los años 80. Más tarde la universidad de Houston lo acogió como profesor asociado y el mundo comenzó a premiar su literatura hasta que su voz disidente y machadiana llegó a Asturias, esa pequeña región del norte de España en la que suele alzarse la cordura cultural entre gaitas, tambor y vihuela. La Generación de la Nueva Ola, a la que perteneció Zagajewski, volverá a resonar en Oviedo como muestra del inconformismo del mayo del 68, del agnosticismo y de la desazón de un poeta postindustrial, de lo que también saben bastante muchos poetas nacidos a aquel lado del Pajares.

He aquí un poema que me gusta, en versión de Elzbieta Bortkiewicz.

Autorretrato

Adam Zagajewski

Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir
se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los
tres elementos.
El cuarto no tiene nombre.
Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos
tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender
a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo
captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos.
Me gusta dar largos paseos por las calles de París
y mirar a mis prójimos, animados por la envidia,
la ira o el deseo; observar la moneda de plata
que pasa de mano en mano y lentamente pierde
su forma redonda (se borra el perfil del emperador).
A mi lado crecen árboles que no expresan nada,
salvo su verde perfección indiferente.
Aves negras caminan por los campos
siempre esperando algo, pacientes como viudas españolas.
Ya no soy joven, mas sigue habiendo gente mayor que yo.
Me gusta el sueño profundo, cuando no estoy,
y correr en bici por caminos rurales, cuando álamos y casas
se difuminan como nubes con el buen tiempo.
A veces me dicen algo los cuadros en los museos
y la ironía se esfuma de repente.
Me encanta contemplar el rostro de mi mujer.
Cada semana, el domingo, llamo a mi padre.
Cada dos semanas me reúno con mis amigos,
de esta forma seguimos siendo fieles.
Mi país se liberó de un mal. Quisiera
que le siguiera aún otra liberación.
¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé.
No soy hijo de la mar,
como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,
sino del aire, la menta y el violonchelo,
y no todos los caminos del alto mundo
se cruzan con los senderos de la vida que, de momento,
a mí me pertenece.

Viernes, 9

Raquel Jiménez entrevista a Fernando J. López en La lectora de Guermantes. Cuestionario Proust (III). Zenda, hoy, 9 de junio. Jiménez le pregunta por sus heroínas de la Historia y López responde que Olympia de GougesEmmeline Pankhurst.

Con un siglo de diferencia, la inglesa Emmeline Pankhurst (1858–1928) y la francesa Olympe de Gouges (1748-1793) fueron mujeres de su tiempo, activistas políticas, fundamentales para impulsar cambios al motor anquilosado de la Historia.

Olympe de Gouges, pseudónimo de Marie Gouze, escritora y dramaturga, fue también la autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, cuyas primeras líneas decía: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta. Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna”.

Detenida por su defensa de los Girondinos, a Olympe le organizaron un juicio sumarísimo y murió en la guillotina.

Miércoles, 14

Angel Antonio Rodríguez es un asturiano, crítico de arte, que escribió durante un tiempo en El Comercio y que hace ya algunos años mantiene un pie entre Madrid y su tierrina. Eso es algo bastante habitual entre norteños, y sobre todo entre asturianos, que marcan la diferencia montando restaurantes para decirse unos a otros, mientras dan buena cuenta de fabada, cachopo y arroz con leche, regado con sidra natural, lo bien que se está en Gijón, en Castropol, en Oviedo o en Langreo. Que no digo yo que no sea verdad, pero que exageran más que los andaluces.
Yo creo que Ángel Antonio está en su justo medio (algo tendrá que ver su mujer, madrileña) porque desde hace algunos años mantiene abiertas casa en Madrid y en Gijón. Él no ha abierto ningún restaurante porque el año pasado inauguró una galería de arte. El nombre de la galería es bueno, no me cabe duda, pero dice también bastante de la asturianía de Ángel Antonio que lleva sus señas de identidad hasta el extremo de bautizar su local como Puxagallery. Está en la calle de Santa Teresa, número 10. Hay que ir a verla y disfrutar de la última muestra de fotografías —hasta el 21 de julio— de Manuel Vilariño, todo un sutil viaje a la naturaleza.

Y como enfrente de la galería está El 9, la mítica casa de comidas que, según Ángel Antonio, se ha renovado para seguir haciéndonos disfrutar de buenas viandas a precios razonables, habrá que quedar un día para reinaugurarla.

Jueves, 15

Rafael Azcona fue un ser irrepetible que mantenía su vida en un espacio y unos límites muy cercanos: solo para unos pocos y contadísimos amigos. Nada de apariciones públicas, colaboraciones, etc. Regla que rompía de vez en cuando, solo si Juan Cruz se lo pedía. Una tarde, hace casi veinte años, en que habían quedado los dos en el Pabellón de El Espejo, el restaurante art-decó de la calle Recoletos, Juan me llamó y me dijo: “¿quieres conoser a Ascona?”. A partir de aquella tarde Rafael Azcona formó parte de mi vida y, dentro de un orden de amigable respeto, nos seguimos tratando.

La editorial Pepitas de calabaza & Fulgencio Pimentel ha publicado Repelencias, Todo Rafael Azcona en La codorniz. El libro reúne las colaboraciones gráficas de Azcona en “la revista más audaz para el lector más inteligente” entre 1953 y 1956, además de la totalidad de los chistes de El repelente niño Vicente que aparecieron en formato libro en el año 1957. Un reconocimiento al humorista gráfico que también fue Rafael Azcona.

Domingo, 18

Inauguración de 3×3 en el COAM de la calle Hortaleza. Una suerte poder disfrutar de un espacio privilegiado como este del Colegio de Arquitectos de Madrid, cuyo edificio estuvo tantos años sin terminar de reconstruir. La expo -esculturas y pinturas- la protagonizaron Coro López-Izquierdo y Botín, Miguel de Oriol e Ybarra y Mariano Vilallonga, un trío de artistas con trayectorias profesionales fuertemente marcadas por el ejercicio de la arquitectura. Una exposición de gran belleza plástica, exenta de todo peso académico en la que se funden lo urbano y la naturaleza con el toque especial que le confiere las perfectas líneas arquitectónicas. Los coordinadores de la muestra, Alfa Eventos y Protocolo, al frente de la que actúan Aura y Mara Calvo, dotan a todo lo que hacen de una imaginativa plasticidad.

Martes, 20

Me gusta pasearme entre mis libros, comprobar que muchos siguen en pie, otros continúan retándome, algunos se agazapan. Yo los miro, los manoseo, los saco del estante, releo un prólogo, el primer párrafo, miro la fotografía de su autor en la solapa, algunos vivos, casi todos muertos. Han sido mis amigos hace muchos años: Ross MacDonald, William Styron, Djuna Barnes, Mika Waltari, Leonardo Sciascia

Miércoles, 21

Es el primer día de verano y arrastramos ya una primavera igual de sofocante que si estuviéramos en julio. El día 5 conté un reencuentro con Ray Bradbury y hojeando su colección de cuentos encontré una de las palabras que, con lluvia, más me gustan: verano. El cuento se titula “Final del verano”. Verano es una palabra que está, por ejemplo, en El bello verano, de Cesare Pavese, El último verano de Klingsor, de Hermann Hesse o en De repente el último verano, de Tennessee Williams. Ray Bradbury la empleó más veces, en El vino del verano y en El verano del adiós.
Para mí, final y verano, por ejemplo, son dos palabras antagónicas; unirlas me produce, cada final de verano, cierta melancolía adolescente.

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Agua salada es una novela de Charles Simmons que está esperando su turno de lectura. Hace tiempo recordé que algunos libros, por ejemplo los de Alfaguara de los años 80, daban información del tipo de letra empleado y de otros datos de interés bibliográfico. Esta novela se cierra con un colofón que no puedo por menos que copiar:
Agua salada es el cuadragésimo sexto libro de la colección El Pasaje de los Panoramas. Compuesto en tipos Dante, se terminó de imprimir en los talleres KADMOS por cuenta de ERRATA NATURAE EDITORES en mayo de 2017, prácticamente un siglo después de que la poeta y feminista norteamericana Edna St. Vincent Millay, tras comprar una finca al norte de Nueva York y un kit de herramientas en la Sears, Roebuck & Company, se liara la manta a la cabeza para construir su anhelada “cabaña de escritura”, un refugio de madera sito entre pinos inmensos y frondosos arbustos de arándanos, y cuya cimentación, desde un principio inclinada ligeramente hacia el pilar derecho, junto a la puerta, no hace sino añadirle cierto encanto y recordarnos que la poesía jamás se escribe sobre renglones rectos.

Jueves, 22

“Madrid, en verano y con dinero, Baden-Baden”, se decía hace muchos años. Mario Camus llevó al cine en 1975, Los pájaros de Baden-Baden, basado en el relato homónimo de Ignacio Aldecoa.

Pues tal vez ya no es ahora ese Madrid, pero en verano, es un sobre sorpresa. Con que estés un poquito en la melé cultural te llueven ofertas que no puedes rechazar. Nos invitó Inma Chacón a ver la Camerata Flamenco Project, un trío formado por tres maestros que rezuman música por todos los poros: José Luis López (violonchelo), Pablo Suárez (piano) y Ramiro Obedman (saxo y flautas). La cita fue en un espléndido piso de la calle Felipe IV; alrededor teníamos la RAE, el Casón del Buen Retiro, Los Jerónimos, el Museo del Prado, el parque del Retiro y la Puerta de Alcalá. Entre el calor sofocante de esta ciudad descabalada, como la describió Luis Martín Santos en Tiempo de silencio, y la emoción que te recorre la espina dorsal al tener a tres metros de ti a este trío de artistas, la temperatura corporal se revoluciona de tal modo que produce esa misma sensación que Ángel González expresó en los siete versos finales de su poema “Estoy Bartok de todo”:

Resuena bela en todo bartok:

Tengo miedo.
La música
ha ocupado mi casa.
Por lo que oigo,
puede ser peligrosa.
Échenla fuera.

Virtuosismo y técnica en estado puro. Música clásica, flamenco y jazz, es decir, la Música…, ¿se puede pedir más? Fernando Neira escribió para El País, que los tres “optan por difuminar lindes y asentarse en un territorio apátrida, sin banderas”.

Salir después al calor de la noche, caminar entre el Ritz y el Prado y entrar en “Estado puro”, esta vez en el restaurante coolcañí de Paco Roncero, amparados por el tridente de Neptuno, es volver a celebrar la emoción en este Madrid que ni Martín Santos reconocería.

Viernes, 23

Veo en La 2 un documental sobre la cocina de Eneko Etxea en su restaurante Azurmendi, en Larrabetzu (Vizcaya). Tiene 3 estrellas Michelin. Me acuerdo de otra estrella, se llama Pablo y hoy cumple dos meses.

Domingo, 25

Rafa Mora y Montxo Otero en Libertad 8. Voy con P. a disfrutar de estos dos amigos, cantantes y poetas irredentos de humor inteligente, que terminaban el ciclo “Versos sobre el Pentagrama”. Tienen como invitada de honor a Cristina Narea que acaba de publicar su nuevo libro de poemas, El ritmo de una vida (Desacorde Ediciones). En la invitación, Cristina dice que tocará algunos temas de su otro CD, Atmósfera.
Cristina es chilena y vive en Madrid desde hace… algún tiempo.

En Atmósfera hay un bonus track que es una versión personal del tema “Acaso una mirada”, de Luis Eduardo Aute, con quien Cristina lleva cantando 18 años. Con esta canción abrió su concierto a modo de homenaje a nuestro común y querido amigo.

Martes, 27

Enrique Turpin me manda para Zenda la reseña de Santuario de William Faulkner. Vuelvo a confirmar que las lecturas de Turpin son una clase magistral de literatura. Con esta me hace recordar la lectura de esta obra que Faulkner escribió con la intención de ganar dinero porque tanto él como su editor estaban hartos de publicar para tan pocos lectores. Esta novela la publicó en 1931 y el Nobel no llegaría hasta 1950.

La he vuelto a revisar y he vuelto a constatar dos cosas: una, que probablemente no habría editor que la quisiera publicar hoy, y otra, que siendo considerada su obra menos importante, ojalá nos encontráramos un día con una novela tan menor como esta.

Me quedo con la frase final de Santuario para un libro que nunca escribiré: Abrazado a la estación de la lluvia y de la muerte.

Miércoles, 28

Reino de Cordelia publica una auténtica delicia editorial: Poeta en Nueva York, de Federico García Loca, ilustrado por Fernando Vicente.

La historia americana de Federico parte de Madrid, vía París y Londres, y en el puerto de Southampton embarca en el trasatlántico Olympic el 25 de junio de 1929 hacia Nueva York, en compañía de Fernando de los Ríos, en donde pasará nueves meses en la universidad de Columbia, antes de ir a Cuba.

Cuando llega al puerto de N.Y. se lleva una gran sorpresa porque había allí un grupo de españoles esperándoles. Entre ellos León Felipe, Ángel del Río y según escribió Federico: “y… ¡agarrarse! ¡MAROTO!, que se volvió loco dándome abrazos y hasta besos. Está aquí recién llegado de Méjico y gana mucho dinero como pintor y dibujante de revistas”. Gabriel García Maroto había sido editor unos años antes y le había publicado a Federico su primer libro de poemas. Entre los amigos que se habían acercado al puerto para darles la bienvenida estaba también, en palabras del poeta, “el director de La Prensa”, que era José Camprubí, hermano de Zenobia y, a la sazón, cuñado de Juan Ramón Jiménez.

En sus cartas, Federico expresa con cariño y el entusiasmo que le caracterizaron, las impresiones que le causa la ciudad que, en un principio, creyó que le horrorizaría: “Nueva York me parece horrible, pero por eso voy allí”, aunque ya en su primera carta fechada el 28 de junio de 1929, dice: “La llegada a esta ciudad anonada, pero no asusta. A mí me levantó el espíritu ver cómo el hombre con ciencia y con técnica logra impresionar como un elemento de naturaleza pura. Es increíble. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas, las miles de luces y los ríos de autos te ofrecen un espectáculo único en la tierra. París y Londres son dos pueblecitos, si se comparan con esta Babilonia trepidante y enloquecedora”.

El capítulo X se titula “El poeta llega a La Habana” y en su primera carta, escrita el sábado, 8 de marzo de 1930, Federico escribe: “Queridísimos padres: La llegada a La Habana ha sido un acontecimiento, ya que esta gente es exagerada como pocas. Pero Habana es una maravilla, tanto la vieja como la moderna. Es una mezcla de Málaga y Cádiz pero mucho más animada y relajada por el trópico”.

Es Poeta en Nueva York la obra cumbre del autor granadino, y esta edición de María Robledano y Jesús Egido, que combina con delicadeza los poemas con fragmentos de las cartas, hace que el lector enfoque con precisión al personaje, sienta el temblor de sus versos y la fragilidad de un joven poeta que se estaba convirtiendo en leyenda.
Las ilustraciones de Fernando Vicente son un aporte emocionante a esta obra capital de la poesía española.

Los fragmentos de las cartas más largas que recojo aquí están incluidas en Federico García Lorca escribe a su familia desde Nueva York y La Habana (1929-1930), publicado en Poesía. Revista ilustrada de información poética. Números 23/24. Madrid, 1985.

Viernes, 30

A las seis de la tarde voy con P. al Real Conservatorio Superior de Música, en la misma plaza donde está el Reina Sofía, con sus pompidoudianos ascensores al aire libre, invitados por la asociación Cultura Viva que celebra la entrega de los premios que llevan su nombre. Son ya veintiséis ediciones y en cada una lo conceden a una veintena de personas vinculadas con la ciencia y la cultura desde todos los ámbitos. Uno de los premiados era Daniel Jiménez, nuestro II Premio Dos Passos a la Primera Novela. En Cultura Viva se lo otorgaban como autor revelación. Daniel Jiménez ha demostrado con esta novela, Cocaína (Galaxia Gutenberg) una madurez poco frecuente en una primera obra. Es de agradecer que Cultura Viva se haya fijado en él como estímulo a una carrera literaria que Daniel está empezando con muy buen pie.

Cierta improvisación organizativa provocó hilaridad en algunos momentos, por lo que, a pesar de la duración del acto, la jornada resultó divertida.

P. y yo salimos contentos porque a la noche aún le quedaba recorrido: cenábamos con Juan Cruz y su mujer, Pilar García, en el restaurante Narciso, de la calle Almagro, un bistrot que fue todo un descubrimiento, tanto por la decoración como por la cocina.

La conversación con Juan y Pilar siempre es un placer, y como viene siendo costumbre nos regalamos libros. Nosotros, Ciudades para a(r)mar (Ámbito Cultural), que hicimos al alimón Daniel Mordzisnki y yo, y ellos nos trajeron uno que estoy deseando meterme en él: Sobre la tiranía (Galaxia Gutenberg), de Timothy Snyder, un norteamericano de la estirpe de Tony Jud con quien colaboró escribiendo Pensar el siglo XX, una historia temática de las ideas políticas y de los intelectuales en política. La frase que sirve de frontispicio a este libro, que se subtitula Veinte lecciones que aprender del siglo XX, es de Leszek Kolakowski y dice así: “En política, que a uno le engañen no excusa”.

***

Me ha gustado mucho el arranque de la novela de Álvaro Cepeda Samudio, La casa grande. La publica la editorial La navaja suiza y tiene un prólogo de su contemporáneo Gabriel García Márquez.

—¿Estás despierto?

—Sí.

—Yo tampoco he podido dormir: la lluvia me empapó la manta. ¿Por qué llueve tanto si no es época? ¿Por qué crees tú que llueve tanto?

—No sé. No es época.