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Karla Suárez: “Nos da pudor contar las intimidades a nuestros conocidos porque son las cosas que más duelen”

Karla Suárez: “Nos da pudor contar las intimidades a nuestros conocidos porque son las cosas que más duelen”

Es sencillo convertirte en alguien invisible. No necesitas tener los poderes de un superhéroe o de una superheroína. De repente, apareces en las calles de una gran ciudad, sin dinero, sin teléfono, sin ningún conocido a tu alrededor, y nadie te habla, no se fijan en ti, no se van a preocupar por lo que te pasa. Eso es lo que le ocurre a Giselle, la protagonista de la nueva novela de Karla Suárez, Objetos perdidos (Comba) —finalista del premio Bienal Mario Vargas Llosa 2025—, a la que roban sus pertenencias en Barcelona. Sola, sin dinero ni manera de comunicarse con sus seres queridos, Giselle se convierte en nadie. A partir de ese momento, lo único que podrá hacer para sobrevivir es bailar —el sueño que ha perseguido durante toda su vida—, y repasar su vida a través de esos objetos que le arrebataron. A veces, como le ocurre a la protagonista de la novela de Karla Suárez, necesitamos enfrentarnos a nosotros mismos, desnudos, solos y desamparados, para entender que nuestros sueños, aunque quiebren, nunca son inútiles. Ellos son el motor de nuestra existencia, la razón verdadera de nuestra vida.

Hablamos con Karla Suárez de contarle tu mayor secreto a una desconocida en un avión, sobre la necesidad de aceptar las derrotas y acerca de la esperanza de que por fin haya una Cuba sin dictadores.

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—”Cuando bailo, el mundo desaparece”. Leo esta frase unas cuantas veces en su libro.

—El sueño de Giselle es bailar. Ésa es su manera de expresarse. Cada persona debe encontrar la suya. Para ella todo ocurre a través del baile, del movimiento del cuerpo. Ella no es una persona que dé grandes explicaciones al hablar; su expresividad tiene que ver con el cuerpo. Al bailar, todo lo que la rodea, lo que está mal, lo que no le gusta, todo desaparece; cuando baila, sólo existe ella. Y ese es el leitmotiv de la novela.

—Quizás el gran tema del libro es la reconstrucción de la identidad a través de los objetos que consideramos más queridos y nunca debemos perder. Los objetos hablan.

"Ese es un concepto que quería explorar en el libro: hay objetos que tienen significado solamente para quien los posee"

—Sí. De ahí sale el título de la novela. El relato empieza con la pérdida del robo del bolso, donde tiene todos sus objetos, entre ellos los documentos y el teléfono, pero estos son secundarios: sobre todo pierde las pulseras que le había regalado alguien importante para ella. A partir de ese momento, ella va reconstruyendo todo su pasado a través de los recuerdos: al tocar su mano siente la falta de un anillo y rememora a la persona que se lo regaló. Ahí está la historia de su vida, en esos objetos. Ese es un concepto que quería explorar en el libro: hay objetos que tienen significado solamente para quien los posee. A ella no le duele el robo; lo que le duele es haber perdido esas pulseras. Un teléfono te lo puedes comprar, una cartera también; el problema es con aquellos objetos que tienen un significado emocional. Y justo en ese momento, Giselle, la protagonista, descubre que, por error, ella se ha quedado también con los objetos de otra persona, una billetera con unas fotos. Giselle comienza a especular y a reconstruir la vida de ese hombre, pero que no es más que una ficción. Es todo muy irónico: ella ha perdido sus objetos importantes y por accidente se ha quedado con los de otra persona.

—Contarle las cosas más íntimas a los desconocidos, como dice Giselle, la protagonista de su novela, resulta más sencillo.

—Claro, porque son las cosas que te duelen. Por eso nos da pudor que ciertas cosas las sepan las personas que te conocen. Una vez en un avión, la señora que estaba sentada a mi lado me dijo: “Te lo voy a contar a ti porque sé que no te voy a volver a ver”. Me habló sobre un tema familiar que no podía contarle a sus hijas. Lo que ella no sabía es que no puedes contarle nada a una escritora… (Risas) A veces te sientes mucho más cómodo a la hora de hablar ciertos temas con alguien que te encontraste de casualidad.

—Hay gente que siempre tiene que salir corriendo, como Giselle. Personas que no saben hacer otra cosa que huir.

"Ella huye por algo dramático que le ocurrió en el pasado. La huida es una forma de no pensar"

—Ella huye por algo dramático que le ocurrió en el pasado. La huida es una forma de no pensar. Su amigo le dice: “Estás huyendo”, y ella responde: “No. Estoy andando hacia lo que quiero”. Su objetivo en esta vida era ser bailarina, una gran bailarina, pero su familia está en contra. Ella huye de ese pueblo imaginado en el centro de la isla de Cuba, mi Macondo, y se va a la ciudad, y luego a Europa. Parece que está huyendo de sí misma, pero, en realidad, está buscando un camino a lo que quiere hacer. Su amigo le dice que tiene que pararse a pensar en lo que le pasó. Ella vivió una experiencia muy fuerte y no ha querido reflexionar sobre esta situación. Al perderse durante tres días en Barcelona, la vida se pone delante de ella; entonces sólo están ella y sus pensamientos. Es en ese momento cuando empieza a hacer las cuentas y saber en qué posición se encuentra.

—Un incidente fortuito en una ciudad que no es la suya, en un país que tampoco es el suyo, activa una gran explosión de desarraigo.

—¿Sabes una cosa? Esa primera escena de la novela me sucedió a mí. En Barcelona me robaron el bolso y salí corriendo de la misma manera; no sabía que había sido todo una trampa. Pensé: “Como agarre al que me ha robado el bolso, lo voy a tumbar”. (Risas) Pero no lo encontré. Me perdí, salí corriendo y llegué a la policía. Y cuando el policía me dijo “dígame un número para llamar”, de pronto me di cuenta de que el único número que yo recordaba era el de casa de mis padres en La Habana. Me sé mi número de teléfono móvil, pero ninguno más. Lo mío se solucionó, pero me quedé pensando en lo que le podía ocurrir a una persona en mi situación que no conociese a nadie en Barcelona. Entonces supe que eso podía ser el punto de partida de algo, y lo fue de esta novela. Una persona que ahora no tiene nada ni a nadie. Ahí comienza la reflexión sobre los objetos, en el momento en el que no tiene nada que la identifique.

—A ese número de teléfono fijo de Cuba en la novela lo llamas “el teléfono cordón umbilical”. Para todos los que habéis salido fuera ése es el último vínculo con la isla.

—El teléfono en mi casa en La Habana sigue siendo el mismo; es el de la casa donde crecí, la de mis padres. Yo he emigrado y he vivido en muchos países, pero, como siempre digo, La Habana es una ciudad que me conoce, que me vio crecer y me reconoce. Esto nos pasa mucho a los inmigrantes. El mundo de Giselle es la danza, pero cuando se ve en esa situación se da cuenta de que la única referencia que tiene es un lugar muy lejano, perdido en las montañas del centro de la isla de Cuba.

—Leo en su libro: “La calle es el cine de los que no tienen donde ir”.

"Ahora estamos acostumbrados a coger el móvil y ver una serie o una película en él. Cuando no tienes esas cosas, la vida está ahí delante"

—Giselle no sabe qué hacer, se sienta en el parque a comerse su sándwich y mientras, mira a la gente y a los carros pasar. Mi papá, que era de Santiago de Cuba, me contaba que, cuando era chiquito, los niños se sentaban a ver pasar los trenes; ése era su cine. Esa imagen se me quedó grabada. Ahora estamos acostumbrados a coger el móvil y ver una serie o una película en él. Cuando no tienes esas cosas, la vida está ahí delante. Y eso es lo que hace Giselle: mirar la vida, las personas, las bicicletas…

—Volvamos brevemente a la danza. Me fascinó la historia de Emma Livry que incluye en su libro. Esta mujer se quemó por utilizar un vestido inflamable porque decía que eran más bellos que los nuevos, que no ardían.

—Sí. Es una historia verídica. No quiso renunciar a la belleza de esos vestidos y se prendió fuego. Giselle cita a muchas bailarinas. Durante la escritura de la novela estuve metida en el mundo de la danza, viendo muchos vídeos y buscando historias paralelas a las de mi personaje. Al igual que ellas, Giselle renunció a todo por la danza. Emma Livry no fue capaz de renunciar a ese vestido para no perder la belleza de la danza. Giselle se siente identificada con ella. Este es uno de los conceptos que más me interesan de la novela: hasta dónde te puede llevar una pasión.

—Obsesionarse aunque sepa que has perdido.  

—Esa es la gran reflexión a la que se enfrenta: reconocer que ha terminado un camino en su vida y que empieza otro. Es lo que pasa también con nuestro físico; no queremos que pasen los años. Ella no puede seguir aspirando a ser una bailarina profesional; tiene que aceptar que va a seguir bailando, pero a otro nivel.

—Para poder aceptar su derrota, decide caer hasta el fondo.

—Como me dijo un periodista, a veces hay que perderse para encontrarse. A mí me gustan las novelas sobre las personas, no sobre los genios. Prefiero a los que no les salió bien.

—Vemos la Cuba comunista a través de los ojos de una mujer y es una Cuba muy machista. Muy diferente de la que se nos vendió como un ejemplo de libertades.

"En Cuba siempre ha habido machismo. Está como incrustado en la mentalidad de buena parte de la población"

—En Cuba siempre ha habido machismo. Está como incrustado en la mentalidad de buena parte de la población. Además, aunque es cierto que la Revolución Cubana propició algunas igualdades en este sentido, el imaginario revolucionario es bien machista (son los “hombres fuertes que van a la guerra”). Tenemos esto pero, afortunadamente, también tenemos la oposición a esto. En mi generación, por ejemplo, muchas mujeres crecimos asumiendo nuestras libertades y ganando el espacio que nos pertenece. En las generaciones más jóvenes, esta pelea es todavía más fuerte. Y así hay que seguir, modificando las viejas dinámicas.

—¿Caerá la dictadura en Cuba?

—Ningún régimen se puede mantener eternamente, así que caerá. El problema es el cómo. Eso no lo tengo muy claro. A mí me gustaría que el cambio viniera por los cubanos. En estos momentos, la sociedad civil está haciendo cosas muy importantes. Lo que espero es que el país pueda levantarse rápidamente, que liberen a todos los presos políticos, que los cubanos que quieran volver puedan hacerlo, todos; que nadie viva con miedo y que la gente recupere la esperanza.

—Y si hay por fin democracia, ¿usted regresará a la isla?

—Llevo exactamente la mitad de mi vida viviendo en Europa, en diferentes países. Del lado de acá me he construido, tengo familia, historias, algunas raicitas que han ido creciendo. Por eso no creo que regrese a vivir a Cuba. Me gustaría pasar temporadas largas, por ejemplo el invierno. Eso sí. Pero, al menos en principio, vivir allá no es uno de mis proyectos. Aunque, por supuesto, nunca se sabe.

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