Parece que este es un mal momento para las élites. Siempre han sido criticadas desde abajo, pero en estos últimos años es la propia clase dirigente la que se ataca a sí misma. Parece ser que destruir el statu quo es la mejor forma de mantenerlo, como acertadamente postuló el príncipe de Lampedusa.
En este ensayo, Rafael Atienza analiza con acidez y acierto cómo se está reconfigurando el mundo en este bien entrado siglo XXI: por un lado, se está criticando la meritocracia, que parecía la solución a la crisis tras la Primera Guerra Mundial. Los argumentos vienen a decir que incluso la aparente igualdad que supone el gobierno de los mejores individuos sigue siendo injusta, porque no todo el mundo parte del mismo lugar en la carrera de la vida. Por otro lado, pasa lo contrario: las nuevas élites, aupadas por los votos (políticos), por el dinero (plutócratas) o por el ejército (dictadores), no se conforman con el poder amasado en vida, sino que aspiran a transmitirlo a su descendencia con un «empeño dinástico» sin corazón ni sentir histórico. Ante esta situación de extremos, entra Atienza con pulso firme, desmintiendo estereotipos sobre las exigencias de la clase nobiliaria desde sus orígenes en el Medievo hasta principios del siglo XX. Para él, la expresión «nobleza obliga» desmitifica la figura del noble como un simple receptor de privilegios. Atienza subraya que la pertenencia a esta clase dirigente histórica implicaba una carga de deberes que a menudo superaba a sus beneficios. El ejercicio del poder se entendía como una responsabilidad ineludible hacia el reino, sustentada en una formación intelectual y física rigurosa. Incluso en la esfera económica, el aristócrata se veía sometido a restricciones como el mayorazgo, una institución diseñada para preservar el patrimonio familiar por encima de los intereses individuales del heredero, supeditando la libertad personal a la continuidad del linaje.
Hablando de los deberes nobiliarios, uno de los aspectos más sugerentes de la obra es el que aborda la ética del desprendimiento. Atienza establece una frontera nítida entre la mentalidad aristocrática y la pujanza burguesa: mientras que la burguesía fundamenta su ascenso en la acumulación y el ahorro, el honor aristocrático se legitimaba a través de la generosidad y la desafección por los bienes materiales. Para el autor, la verdadera distinción no residía en la opulencia, sino en la capacidad de renunciar a la riqueza en favor de una causa superior, una visión que comenzó a erosionarse irreversiblemente con los cambios sociales del siglo XIX.
Atienza no es ningún ingenuo. Es consciente de que a la aristocracia «ya no le quedan ni enemigos», y de que los propios nobles ocultan sus títulos con pudor. Critica la transformación de una élite rectora en una comunidad de personas aferradas a la mera forma: «lo que definía a la aristocracia no era el refinamiento ni el coleccionismo, sino su presencia en lugares de poder». Una clase social abierta al resto y la primera interesada en absorber a las nuevas élites se convirtió, según él, en una casta cerrada cuyo único sentido era excluir a los demás y, diría yo, excluirse de la sociedad. En este escenario de decadencia, los ritos y las costumbres antiguas han perdido su sustancia real —el deber y el sacrificio— para convertirse en una representación nostálgica y puramente formal de un mundo que ya no existe.
Estamos ante un libro, como digo, plagado de ideas sugerentes, poco convencionales y muy pertinentes en una sociedad en proceso de reestructuración social como esta. Se pueden compartir o no los argumentos expuestos, pero nadie negará están descritos con la verdadera sabiduría del que sabe ser ameno y comprensible, con un estilo claro y certero, tachonado de anécdotas históricas y contemporáneas que visualizan sus argumentos y entretienen. Un ensayo valiente e incómodo. Qué más se le puede pedir.
—————————————
Autor: Rafael Atienza. Título: Heredar el mérito: La aristocracia y el empeño dinástico. Editorial: Pre-Textos. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: