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La camisa de Machado, de Ángel Petisme

La camisa de Machado, de Ángel Petisme

La camisa de Machado obtuvo el Prix International de Littérature Antonio Machado 2019. Los miembros del jurado declararon que el mismo Machado haría suya una obra como ésta, y pensaría en La libertad, la soledad de España, versos con los que concluye esta colección de veintitrés poemas. Una poesía comprometida que expande su espacio-tiempo con brío e ironía mordaz, sin maquillaje. Como dice Manuel Vilas: Ángel Petisme escribe una poesía apasionada, real y política.  

Zenda publica cinco poemas de La camisa de Machado (edit. La isla de Siltolá).

LA CAMISA DE JOSÉ

¿Llegamos pronto a Sevilla?,

oigo decir a madre, en brazos de Corpus Barga,

mientras descendemos desde la estación

bajo la lluvia y el frío inclementes de enero.

Perdidos en un sueño vagamos calle abajo.

No te oigo ahora, Juan de Mairena.

 

Ayer es todavía, la noche en un vagón de tren.

Una noche de angustia, madre desvaría, se ha escapado,

se pierde, la encontramos.

 

¡No se demoren, no se demoren!,

nos instan al subir a la ambulancia.

¿Tienen ustedes prisa? Yo no, respondo.

Cuando uno se retira no va a ninguna parte,

el exilio es un país imaginario entre el cielo y la nada.

Sólo la tierra en que se muere es nuestra.

 

Matea me ha lavado la camisa, José me ha dejado la suya

y he podido bajar a cenar.

 

Las maletas perdidas en Cervià de Ter,

mi maletín con el manuscrito

perdido entre Figueras y Cerbère,

todas esas palabras,

toda la poesía amarga y tierna de los hombres

también se perderá bajo el viento y la lluvia,

tantos equipajes, tantas vidas segadas en las cunetas.

Nada nos pertenece, sin libros,

sin papel siquiera para escribir.

 

José, vamos a ver el mar.

¡Quién pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas!,

señalo con la mirada las casitas.

 

Sí, también oigo los gritos de ese Hitler

en la radio de Madame Quintana.

Tengo asma, me siento tan cansado.

Me hubiese quedado en Madrid a morir con vosotros,

¿qué necesidad tenía yo de huir y adónde

cuando se pierde todo por lo que has vivido?

¿Qué será de las rosas del jardín, mis sobrinas en Rusia?

 

Huir, sí, pero al Tercer Mundo con Guiomar

en esa hora nuestra, extirpada del tiempo.

O al cielo de Soria con Leonor,

colgado de las estrellas que la velan.

 

En coma profundo en la otra cama,

aún siento que me cuida en su delirio.

¡Adiós, madre, adiós madre!

Cerrado el horizonte a cualquier esperanza

presiento ya el final.

Impávido, resignado la espero.

 

                                                                             Definitivamente,

                                             duerme un sueño tranquilo y verdadero.

EL NIÑO DE LA LLAVE

Mi verano ocupa ocho metros cuadrados,

una comida al día por beca de comedor.

Me llaman Niño pero mi nombre es Pablo.

Llevo la llave de nuestra habitación al cuello.

Gente extraña que ni saluda,

realquilados en una casa ajena.

¿A qué edad puede quedarse solo un niño? *

 

Hoy aprendí una palabra nueva: vulnerabilidad.

Sé cuidarme, ¡a la fuerza!

Otro año sin campamentos, sin bono de piscina.

Llegaré para cenar, dice mamá, portaos bien.

Mi hermana Alicia y yo jugamos al escondite,

a hacernos invisibles a la música alta,

peleas y portazos, paredes de papel.

 

A veces el verano se ensancha:

Veo telenovelas con mi madre,

anuncios de helados, parques de atracciones,

autocines, Chicken McBites,

vacaciones en la playa, de otros,

fuegos artificiales de las fiestas, de otros.

Y hablamos con mi abuela por whatsapp.

 

Echo de menos las tardes con Jorge,

teníamos wifi y su tablet enorme,

los paseos en bici, héroes sin angustia,

el tiempo para querer.

 

Voy a la biblioteca, es gratis, se está fresquito.

Leo a Salgari, Mortadelo y Stevenson.

¡Pasa tan rápido el tiempo en los libros!

 

Recuerda: Mi verano ocupa ocho metros cuadrados.

* Según la ONG Educo, en España hay 580.000 niños de entre 6 y 13 años que se quedan solos por las tardes en verano. 1 de cada 3 niños y niñas viven en riesgo de pobreza y exclusión social. 2.370.000 menores de 16 años.

 

JUEGO DE TRONOS 

Pienso en España vendida toda

de río a río, de monte a monte,

de mar a mar

Tiempos de letizias sin noticias nos han tocado

sentados sobre los muertos de la democracia.

Gnomos, banqueros, marionetas. Acuarela de sangre.

Aforados, trincones, mediocres, chupapollas,

la orquesta emputecida desafina la d(€)uda del horizonte.

A la Vía Láctea nos hemos exiliado los exploradores,

desesperados, con velas en los ojos,

bellos inconformistas.

 

¿Qué haremos con Expaña de los Tristes Destinos,

con su trono vacío, su puerta giratoria,

cuando al viejo golpista putero, entre algodones,

le obliguen a abdicar los consejeros del Gas natural?

La sangre azul rebasa manicomios, cuentas suizas…

 

No hay milagros en los desproveídos comedores

infantiles, en las subastas de pisos embargados,

ni peor pornografía que el hambre, ni mejor

medicina que el miedo. ¡Cuánto echamos de menos

en la Corte un corte limpio y sibilante!

Lengua de guillotina.

¿Qué haremos con los chupetes verdes*,

con los hijos bastardos,

sus pruebas de ADN que reclaman pensión y majestad?

Grietas no quedan para respirar.

 

¿Qué sabes tú, mi bella anoréxica,

del misterio de Expaña?

Una casa de citas en medio del polvo y del sol.

¿Qué sabes del rey de bastos,

de su alcanfor y su peletería?

Móntame, amor, cabálgame dulce

y háblame del misterio de Expaña.

Volad, cometas por el cielo.

 

* Chupetes verdes: Bebés de sangre real.

CUANDO SE LEE POCO

Cerdo unionista, españolista, mentiroso independentista,

métete la bandera blanca por el culo,

de uno y de otro lado me llamaban.

Todas las Furias del firmamento

se enzarzaban y atizaban al pedir

la cordura, la palabra y la paz.

Los argumentos más belicosos y dementes

venían con infinitas faltas de ortografía.

Hay que independizarse, no lo dudes,

hay que independizarse cada mañana frente al espejo,

no en éste que no te respeta y tanto te conoce

sino en el que invoca la urgencia de pensar caminando.

 

Recordé las palabras de José Luis Sampedro:

Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión

no nos sirve de nada;

las del filósofo Emilio Lledó:

¿Qué me importa a mí la libertad de expresión

si no digo más que imbecilidades?

Hay que independizarse, sí,

de la ignorancia, la pereza intelectual y los tópicos,

cada mañana frente al azogue.

Grita, exige la libertad más crítica

de tu cerebro y de tu corazón.

Nadie vendrá a salvarte excepto lo que quede

de la bestia no herida que respira en ti.

Nos sobran balas y nos falta tiza,

nos faltan sabios y serenidad.

 

A veces, como ahora, me arrumba el desaliento,

me abro en canal y me descorazono

cuando el oficio de belleza queda

eclipsado en un océano de analfabetismo senti-mental,

y nuestros susurros, las palabras del río, apagados

por una turba ensordecida y ciega.

 

Cuando se lee poco se dispara mucho.

No es un problema de separatismo, amor mío,

sino de algo peor: educación.

Cuando se lee a Mairena es siempre todavía.

 

Infinitas faltas de ortografía.

Quizás no sea tarde de aprender a rezar.

POETAS, REGRESAD

A distinguir me paro las voces de los ecos

 

Oídme, poetas de la experiencia, del silencio,

de la conciencia, de la post-verdad.

Volvamos a las plazas, a la gran Asamblea.

Sólo hay poesía o inexperiencia de la poesía.

Volvamos con los mieleros de la noche

y las mujeres públicas,

abandonemos las devastadoras soledades de internet

y a las musas de la autoficción,

escapemos de nuestros reflejos narcisistas,

saltemos desde las torres gemelas del marfil:

la de la vanidad, la del resentimiento.

Tomemos las palabras y las plazas.

Nuestras son ambas, nunca debimos retirarnos

a los cuarteles del Parnaso y entregar las armas.

Benditos y malditos poetas, retornad con semillas.

Vuestra voz no tiene inmunidad ni impunidad.

Arriba la fraternidad de los zahoríes de lágrimas,

la justicia de los insurgentes de la vida,

la libertad de los giróvagos antes de la tormenta.

Regresad.

Nuestras son ambas, nunca debimos abandonarlas.

 

Recordad a Hölderlin: Seamos mendigos otra vez al soñar

y dioses al reflexionar. ¿O era al revés?

El humo de un poema contiene

más de setenta sustancias anticancerígenas.

Recordad, a la luz de las viejas preguntas, a Hegel

en su Filosofía de la Historia:

nada grande se ha realizado en el mundo sin pasión.

 

Oídme bardos, youtubers, tuiteros, parapoetas:

Un montón de likes no os convierte en nada.

Los jóvenes salen a las calles

y envejecen los partidos políticos.

Poetas, lo más difícil de ver es el tiempo.

Memorizad estos versos de Ricardo Reis:

Siéntate al sol. Abdica.
Y sé rey de ti mismo.

 

NOTA.- Las citas en cursiva, a principio o final de los poemas, son de Antonio Machado, Salvo las que aparecen con el nombre del autor.

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Autor: Ángel Petisme. Título: La camisa de Machado. Editorial: Siltolá Poesía. Venta: Amazon

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