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La cocinera de Castamar

Como Vetusta, Macondo o el carbunclo azul, el ducado de Castamar no existe. Sin embargo había un bus esperando frente a la Estación de Atocha con un cartel impreso en letra garamond 36 dispuesto a contradecirme: “A Castamar”. Y los lectores, voluntariosos en el engaño, obedecimos abrochándonos expectantes el cinturón.

"El siglo XVIII estaba cuidadosamente construido en un juego literario delicioso donde todos participamos como niños recreando lo leído"

La entrada era invernal, con robles pelados y un frío helador que se traducía en la hierba crujiente del camino, pero como si eso también lo hubiese costeado la editorial Planeta, al aproximarnos a la regia portada del palacete, las nubes se retiraron y salió un fragmento radiante de sol arrancando destellos mágicos al raso de las levitas de los lacayos.

El siglo XVIII estaba cuidadosamente construido en un juego literario delicioso donde todos participamos como niños recreando lo leído .Y es que básicamente de eso trata la literatura, me dije, y saludando a las bellas damas adornadas con petos de seda,  jubones pirrot y robe à la polonaise, nos distribuimos en torno a la elegante mesa de banquete ceremonialmente dispuesta para la ocasión.

"Durante la celebración de una gran fiesta, unas circunstancias fortuitas llevan a nuestra protagonista a hacerse cargo del banquete. Los manjares que prepara Clara sorprenden a todos por su sofisticación y su sabor inigualable"

Los manjares con los que el duque de Castamar deleitó nuestro paladar fueron innumerables, indescriptibles, insuperables, coronados en el epílogo con unas natillas que nos hicieron rogar a nuestro anfitrión (un caballero de nombre Fernando J. Múñez, filósofo singular, escritor brillante, lector decimonónico, seductor en la conversación) sobre la artífice que se escondía tras aquellos milagrosos platos. Él entonces nos contó la historia inolvidable de La cocinera de Castamar, que tan bien conoce:

Corre el año 1720. Clara Belmonte, hija de un médico ilustrado muerto en la guerra, ha tenido que buscar una salida a la pobreza a la que se vio abocada tras la muerte de su padre. Por fortuna, Clara tiene un gran don: convertir cualquier alimento en el manjar más exquisito. Es una joven educada, culta, que sufre desde la muerte de su padre de una insuperable agorafobia. Por sus excelentes referencias, es contratada como oficial de cocina en la gran casa del duque de Castamar, don Diego. Diego es viudo desde hace diez años, y sigue llorando a su esposa fallecida en un accidente.

Durante la celebración de una gran fiesta, unas circunstancias fortuitas llevan a nuestra protagonista a hacerse cargo del banquete. Los manjares que prepara Clara sorprenden a todos por su sofisticación y su sabor inigualable. Tanto que el propio duque visita las cocinas para felicitarla. Este primer encuentro los sorprende a ambos. A Diego, que no esperaba encontrar una mujer tan bella, culta y encantadora, y a Clara, que descubre en Diego a un hombre amable, caballeroso, con una mirada que guarda toda la tristeza del mundo.

"Fernando J. Múñez, en la era del fast food, ha decidido cocinar esta historia a fuego lento con el bendito aroma de la novela clásica"

La narración, imposible de abandonar en ese punto, se enreda en la imaginación lectora de los comensales, y todos queremos saber más. Afortunadamente, la literatura siempre acude cuando se la requiere, y la historia de La cocinera de Castamar continúa, para felicidad de todos los lectores, en una frondosa novela nacida de la mano primeriza y brillante de Fernando J. Múñez quien, en la era del fast food, ha decidido cocinar esta historia a fuego lento con el bendito aroma de la novela clásica; un menú de reyes cargado de sensualidad y misterio en el aperitivo; relleno de conjuras, engaños y amores ilícitos como plato principal, adobado con lances de espada y alcoba y regado todo ello con los caldos del poder y la seducción.

«Lo que me interesaba —confiesa su autor— era ser capaz de crear un lenguaje cómplice que pudiera conectar con el lector, y lo encontré en la cocina. Para ello me serví de los personajes protagonistas, que logran acortar la distancia que los separa sin remedio en esa vida y ese contexto histórico gracias al lenguaje secreto de lo culinario, lleno de códigos sugestivos, sensaciones, sabores, placer.

"Clara, la cocinera de Castamar, es deudora en muchos aspectos de Marie de Gournay, una mujer que siempre, desde mi lejana época de estudiante de filosofía, me ha fascinado"

Me puse a ello y me di cuenta de que funcionaba así que decidí que más que una historia, La cocinera de Castamar debía ser una especie de mundo paralelo capaz de interferir en la vida del lector, obligándolo a interrumpirla para seguir leyendo. Quería, en definitiva (ustedes me dirán si lo he logrado), ser capaz de recrear esa felicidad duradera que uno siente cuando lee o relee Mansfield Park, Orgullo y Prejuicio, Las amistades peligrosas… .

Por supuesto, en la documentación de la novela han cobrado idéntica importancia (y ahí está el reto fascinante del que se sienta a escribir una historia) otros libros de muy diversa materia, como los tratados clásicos de cocina; el Martínez Montiño, al que recurrí para el diseño y ambientación de las cocinas de época o el Ruperto Nola, en el que sigue siendo una delicia bucear y al que le debo muchos de los valiosísimos detalles y alguna que otra sorpresa sobre la comida palaciega. También algunos personajes notables de este fascinante y aún no demasiado conocido siglo XVIII me han servido como base para la construcción de los míos. Sin ir más lejos Clara, la cocinera de Castamar, es deudora en muchos aspectos de Marie de Gournay, una mujer que siempre, desde mi lejana época de estudiante de filosofía, me ha fascinado».

"La cocinera de Castamar es una novela que arde en los fogones de las Brontë, Jane Austen, Dumas o Choderlos de Laclos"

La cocinera de Castamar es una novela que arde en los fogones de las Brontë, Jane Austen, Dumas o Choderlos de Laclos; con la extensión del folletín comme Il faut y la delicadeza trazada en un lenguaje singular de lo sensitivo sujeto a los detalles; a lo pequeño e invisible en apariencia que atrapa y permanece con una fuerza inusual en el recuerdo.

Con todo, esta novela posee, sin lugar a dudas, la receta del éxito. No pueden dejar de probarla.

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Autor: Fernado J. Múñez. Título: La cocinera de Castamar. Editorial: Planeta. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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