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Unas buenas negras para disfrutar

Unas buenas negras para disfrutar

La treintena la había sorprendido en Londres esperando hacer una nueva entrevista de trabajo. Una licenciatura, un máster y un nivel C1 de inglés sólo le sirvieron en España para atesorar un flaco currículum con algunos meses sueltos de experiencia laboral en grandes empresas donde jamás le hacían fija o en empresas familiares como eterna becaria. Así que finalmente decidió invertir sus ahorros precarios en un billete a Inglaterra. Sólo de ida.

"¿Puede algún libro proporcionarme la adrenalina que necesito; la aventura, el misterio?"

La Pérfida Albión, me cuenta, no es la panacea, pero en ella ha conseguido hacer del exilio un estilo de vida. Su excelente formación académica le ha permitido en estos 4 años cambiar de empleo ascendiendo en la jerarquía de ingresos y de aspiraciones personales y profesionales. Tiene un grupo de amigos con los que cada tarde, al terminar la jornada laboral, queda para tomar unas pintas en un pub de Bloomsbury y se ha vuelto a enamorar, esta vez de una buena chica que conoció en el tren durante el largo trayecto desde la City al aeropuerto de Heathrow.

Sin embargo el largo invierno atlántico comienza a pesarle; el cielo le parece demasiado gris, el apartamento demasiado estrecho, los días demasiado monótonos, el idioma demasiado ajeno.

"Vemos en los libros el escudo con el que defendernos de nuestros fantasmas"

—Necesito un poco de acción; de adrenalina. Pero con una hipoteca, un trabajo de 8 horas, un exilio voluntario y una familia  a la que mantener con un solo sueldo, es complicado. La leo a usted en Zenda y he visto que a veces recomienda libros a chicos y tal, por eso he pensado que quizás querría ayudarme ¿Puede algún libro proporcionarme la adrenalina que necesito; la aventura, el misterio; calmar la sed de viajes, de sexo, de millones, de poder; en definitiva, el anhelo humano de vivir otras vidas mejores o simplemente diferentes a la mía, como cuando sigo una de esas series enganchantes de Netflix pero sin tener que atarme durante tantas horas del día a una maldita pantalla? A veces mis ojos no lo pueden soportar. Por eso he pensado en los libros, y como ahora está tan de moda la novela negra, me preguntaba si usted podría recomendarme alguna buena negra para disfrutar.

Y bueno, después de leer este mail me senté y rescaté de mi pasión, mi memoria, mis recuerdos, mis mejores momentos lectores y mi biblioteca, esta propuesta de 10 opciones de lectura (más o menos negra) recopiladas en un listado hecho con más pasión que ortodoxia. Espero proporcionarle a esta lectora zendiana, de alguna manera, el placer que merece; que merecemos todos los que aún vemos en los libros el escudo con el que defendernos de nuestros fantasmas.

Para comenzar:

"El espía que surgió del frío, de J. le Carré: Escueta, brillante, afilada como una navaja. Te deja sin aliento. Literalmente"

El sueño eterno, de R. Chandler y El halcón maltés, de D. Hammett: Dos clasicazos de la novela negra que han de leerse por el mero placer de saber cómo se hacía al principio de los principios del género. Son tan buenas que el cine las adaptó enseguida, haciendo sendas obras maestras cinematográficas, por lo que al placer de leer le sigue el placer de mirar. Sus protagonistas, dos “héroes cansados”, inauguran un nuevo tipo de detective sinvergüenza, inteligente, seductor, con un largo y variado número de descendientes.

El espía que surgió del frío, de J. le Carré: Escueta, brillante, afilada como una navaja. Te deja sin aliento. Literalmente.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco: Aunque todos conocemos de sobra el pedazo de obra maestra que el cine logró en su adaptación, sin embargo esta novela abre, en los 80, las puertas a un nuevo género policíaco más literario, más deliciosamente complejo en la trama. Su lectura sigue siendo increíblemente placentera.

La tabla de Flandes y El Club Dumas, de Arturo Pérez-Reverte: Dos obras maestras sin más comentarios. Pérez-Reverte se inventa un nuevo género de misterio histórico a modo de juego erudito lleno de trampas, inteligencia, cultura y diversión. De obligada lectura.

La sombra de Hawksmoor, de Peter Ackroyd: Misteriosa, rara, brutal. Es un “nuevo noir” donde lo policíaco va más allá, adentrándose en mundos increíbles.

El puñal y La herida, del argentino Jorge Fernández Díaz: Dos novelas negras, a modo de historia seriada escritas desde allí, con la crudeza, la oscuridad y la corrupción que está conformando la realidad, cada vez más peligrosa (y por ello más novelable) de la Argentina.

Las damas del crimen:

"Patricia Highsmith es perturbadora, rara, brillante, juega con los lectores como el gato con el ratón, solamente que ella suele ser un gato sin piedad"

Todas las novelas de la francesa Fred Vargas: Es sencillamente maravillosa, y ella solita ha conseguido, después de algunos años de monotonía editorial, reinventar el género noir con una serie de novelas construidas con total ausencia de prejuicios y una gran dosis de inteligencia, osadía, oficio y lecturas.

Todas las novelas de Patricia Highsmith, empezando por dos: Extraños en un tren y El cuchillo: La gran dama de la novela negra siempre ahonda en la angustia del ser humano antes que en el horror. Perturbadora, rara, brillante, juega con los lectores como el gato con el ratón, solamente que ella suele ser un gato sin piedad.

Todas las novelas de Agatha Christie, empezando por El asesinato de Rogelio Ackroyd: Agatha Christie no es una “negra” propiamente dicha, pero es la abuela inglesa de todas las novelas negras americanas. Con esta novela demostró que era y sigue siendo la gran dama del crimen. Es buenísima de principio a fin, con un giro inesperado en el desenlace, de esos de recordar toda la vida.

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