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La danza majestuosa de Escila

Gran tiburón blanco, False Bay, Junio 2012 © Michael Muller

Llamadla así, Escila. O Caribdis.

Los hombres la han estado buscando en las profundidades desde que tuvieron conciencia del lugar que habitaban, del mismo modo que miran las estrellas para alcanzarlas un día. Amada y venerada. Temida y odiada. No parece existir un término medio. Habita en el escenario perfecto y los hombres que anhelan asediarla u observarla se embarcan, como hizo Ismael para poner fin a su melancolía, dirigiendo sus rumbos hacia lugares que no están marcados en ningún mapa. El mito de aquellas bestias anidó en la mente de muchos Ulises y es cierto que Escila, o Selaquimorfos, lleva tanto tiempo habitando los océanos que tiene la historia del mundo grabada en su piel. Evolutivamente no tienen el tamaño descomunal que un día tuvieron, ni presentan el monstruoso aspecto de los grabados antiguos, pero se conservan como los seres prehistóricos más antiguos de la Tierra, junto con los reptiles.

Una de las primeras representaciones de un pez que semeja tiburón atacando a una figura humana fue hallada un vaso de 725 aC, descubierto en Ischia. Aristóteles, en Historia animalium, los bautizó con el nombre de Selache, y describió sus rituales de apareamiento. Más tarde, Plinio el Viejo se refirió a ellos como perros de mar en el Libro 9 de su Naturalis historia:  

Una gran cantidad de perros de mar acechan con grave peligro a los buceadores que buscan esponjas. […] Con los perros de mar, la lucha es terrible. Atacan a las ingles, los talones y las partes blancas del cuerpo. La única salvación está en hacerles frente y asustarlos, pues tienen miedo del hombre lo mismo que lo aterrorizan a él, y en las profundidades la lucha está igualada. Cuando el buceador llega a la superficie del agua el peligro es doble, porque no puede utilizar la táctica de plantarles cara[…]. Entonces otros hombres blanden los tridentes, pero la habilidad del monstruo consiste en esconderse debajo del barco y de esa forma combatir seguro. Así pues, los buceadores toman todo tipo de precauciones para vigilar esta plaga.

Tiburones limón, Tiger Beach, noviembre de 2014 © Michael Muller

No todas las culturas han demonizado a los tiburones, todo lo contrario: en el Pacífico, fueron dioses guerreros y protectores, como Ka-moho-aliʻi, que guiaba a los navegantes perdidos a su hogar, o Dakuwaqa, protector del arrecife y procurador de vida. 

Cuando se trata de monstruos, la imaginación no conoce límites.

Veinte mil leguas de viaje submarino (Julio Verne)

"Estas misteriosas criaturas, terroríficas y hermosas, han inspirado mitos, llenado miles de páginas de literatura, y fotogramas de cine"

El imponente emperador del mar, depredador por excelencia del océano, se desliza elegante con su aerodinámica y perfecta forma a través de su silencioso reino. Estas misteriosas criaturas, terroríficas y hermosas, han inspirado mitos, llenado miles de páginas de literatura y fotogramas de cine. El magnetismo de este solitario cazador puede se deba a que aún muchos aspectos de su comportamiento siguen siendo un enigma. Es algo que emerge de la profundidad. De la oscuridad. No se sabe con precisión qué desplazamientos siguen, cómo socializa, o cuál es la edad máxima que pueden alcanzar. En nuestros océanos habitan más de 375 especies de tiburón, siendo los de mayor tamaño el Tiburón Ballena (12 metros), el Peregrino (8 metros), el Tigre y el Blanco (ambos de entre 4-6 metros). Existe también un extraño escualo de gran tamaño que habita en las gélidas aguas del Mar del Norte: el tiburón boreal o de Groenlandia, caracterizado por su inusual y extrema longevidad. El escritor Morten A. Strøksnes le dedicó a esta sorprendente especie un maravilloso relato en su obra El libro del mar (Salamandra, 2018). En una reciente publicación de la revista Nature se calculó la edad de un ejemplar capturado, y se estima que tenía unos 500 años. Es decir, poco después de descubrirse las Américas, ese tiburón ya rondaba por la Tierra.

Tiburón martillo gigante, islas Bimini, Bahamas, febrero de 2015 © Michael Muller

El temor que despiertan estos animales ha inspirado páginas de literatura y cientos de fotogramas. Resulta irracional, cuando pensamos que los mosquitos son responsables de unas 750 mil muertes anuales en seres humanos, en comparación con la decena anual de víctimas mortales que pueden ocasionar los ataques de tiburón. Aunque el tiburón más desprestigiado por su fama devora personas sea el blanco, los tiburones Lamia, Oceánico, Tigre y Toro, especialmente este último, pueden manifestar una especial ferocidad con sus presas. En general, sus favoritas son las focas. Uno de los episodios más impactantes que han contribuido a alimentar su leyenda negra fue el acontecido tras el naufragio del buque Indianápolis, al final de la Segunda Guerra Mundial. Tras pasar cuatro días a la intemperie solo 317 marinos pudieron ser rescatados de los 896 que cayeron al mar; el resto fueron devorados por los tiburones. Se han dado casos de ataques reiterados, aunque son infrecuentes, como los que tuvieron lugar en la costa de Nueva Jersey en 1916 (cuatro muertes en dos semanas) y que inspiraron precisamente la novela de Peter Benchley, y otros casos aislados en Isla Reunión, donde se llegó a prohibir la práctica del surf, el Mar Rojo, la costa este de Estados Unidos, Australia y Sudáfrica. Pero son excepciones. Hoy en día, este magnífico depredador de 400 millones de años de antigüedad está a las puertas de su extinción. La caza indiscriminada, el finning (atroz práctica que consiste en cortar las aletas de los tiburones y arrojarlos después al mar, donde mueren de asfixia) dejan la alarmante cifra de 100 millones de tiburones exterminados al año.

"Los tiburones que ha fotografiado Michael Muller no son las fieras a las que se enfrentaba Sandokán en Los tigres de Mompracem de Emilio Salgari"

Existe una lucha ancestral entre bestias y humanos, tal vez porque los segundos envidiamos el inquietante poder que emana de su salvaje naturaleza y su libertad en el infinito y vasto mar, como pudiéramos envidiar a las aves que surcan los cielos. Quizá por eso los estamos exterminando. Al fin y al cabo, también somos animales marcando nuestro territorio. Solo que el nuestro no parece conocer límites. Como decía el comandante Jacques Cousteau, «solo se puede proteger aquello que se ama». Y no existe futuro en el mar sin su presencia.

Allí, en ese otro mundo invertido fue donde el prestigioso fotógrafo estadounidense Michael Muller (Californa, 1970) quiso afrontar su temor a estos espléndidos animales, y cuando al fin se sumergió y estuvo cara a cara frente al gran tiburón blanco quedó fascinado, tanto que pasó 10 años de su vida fotografiándolos fuera de la jaula, nadando junto a ellos.

No hay locura de los animales de este mundo que no quede infinitamente superada por la locura de los hombres.

Moby Dick (Herman Melville)

Salto nocturno de un Tiburón Blanco, Sudáfrica, 2013 © Michael Muller

Los tiburones que ha fotografiado Michael Muller no son las fieras a las que se enfrentaba Sandokán en Los tigres de Mompracem de Emilio Salgari, ni el melanóptero de Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, o los insaciables devora ballenas de «vitalidad panteística» de Herman Melville en Moby Dick, ni muchísimo menos el demonio retratado por Peter Benchley. Michael Muller llegó a ellos de forma casual, del mismo modo que lo haría la fotografía: en su infancia en Arabia Saudita sus padres le regalaron una cámara acuática, y su primera instantánea fue de la un tiburón. Durante su juventud en California los había llegado a ver mientras practicaba surf, pero Muller pertenece a la generación del Tiburón de Spielberg, ésa que tiende a mirar el fondo del mar con desconfianza mientras nada e, inconscientemente, reproduce en su mente la icónica música de John Williams. Así que pasarían unos cuantos años hasta que el fotógrafo, ya reconocido internacionalmente retratar los rostros más conocidos de Hollywood —Joaquín Phoenix, Robert Downey Jr, Hugh Jackman, Brad Pitt, Eva Green, Scarlett Johansson, Daniel Craig, entre otros muchos— y ser el creador de los carteles de todas las películas de superhéroes —Iron Man, X-Men, Capitán America, Doctor Strange, Avengers…—, cambiase el estelar escenario cinematográfico por el fondo marino para encontrarse con estos formidables depredadores.

No hay nada en el mar que este pez pueda temer. Otros peces huyen de cosas más grandes. Ese es su instinto. Pero este pez no huye de nada. Él no teme.

Tiburón (Peter Benchley)

"Muller no puede decirle a un tiburón que pose para él, ni falta que hace"

En 2016, la editorial Taschen publicó el magnífico álbum Sharks, una recopilación de las espectaculares fotografías obtenidas por Michael Muller durante diez años de inmersiones, en los que ha recorrido los mejores rincones del planeta para avistar toda clase de tiburones, desde el tiburón tigre de las Fiyi, los puntas negras y toro de Sudáfrica, los grandes blancos de Isla Guadalupe, o los tiburones martillo gigantes de las Bahamas, entre otros muchos. Incluye, además, la primera foto nocturna de un tiburón blanco en uno de sus acrobáticos saltos de caza. En la elaboración de esta extraordinaria obra han participado tres referentes en la conservación de este animal amenazado de muerte: Philippe Cousteau, nieto del mítico Jacques Cousteau, la bióloga marina Alison Dock y el escritor cultural Arty Nelson. Para obtener los disparos, Muller usó un montaje estroboscópico de siete bombillas y 1.200 vatios encerradas en plexiglás, desarrollado por la NASA. El libro recoge los apasionantes relatos de sus aventuras marinas, y los peligros y desafíos a los que se enfrentó su equipo en las tomas. Además, incluye una parte técnica que constituye una guía excelente sobre fotografía submarina. Para todos los amantes de estos increíbles animales, este es «el libro de los libros», con 300 páginas de deleite visual absoluto.

Gran Tiburón Blanco. Isla Guadalupe, 2009 © Michael Muller

Gran Tiburón Blanco, Sudáfrica, 2014 © Michael Muller

Las fotografías que Muller ha obtenido durante más de 35 años de carrera han sido portada en revistas como Vanity Fair, Rolling Stone, The New York Times Magazine, Harper’s Bazaar o Time (ésta última con esa célebre imagen de espaldas de Kobe Bryant). Del mismo modo que este entusiasta, atrevido y curioso arista extrae el alma de los conocidos rostros que ha fotografiado, ha tratado de captar el carácter de estos fascinantes escualos. El mundo salvaje no regala el alma a cualquiera. Hay que ser paciente y lograr ese instante perfecto, siguiendo las normas del lugar, porque ya no es el territorio de uno. Muller no puede decirle a un tiburón que pose para él, ni falta que hace. El estilo de los elegantes tiburones azules, armonioso en los tiburones martillo, e imponente en los tiburones tigre o blancos, siempre es perfecto en cada disparo de su Leica. El tiempo ahí en el abismo no apremia. Es la danza lenta y majestuosa de Escila. Y Muller ha sabido cómo congelarla, sin perder la esencia de su hipnótico movimiento.

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Autor: Michael Muller. Título: Sharks. Editorial: Taschen. Venta: Todostuslibros y Amazon

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