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La espuma de los miedos

Alice, de Jan Svankmajer.

la situación me parecía tan desesperada que exigía
que llorásemos:
era casi lo mínimo que podíamos hacer

Es un dolor agudo en la superficie del cráneo. Golpea con violencia punzante a intervalos, preparando en mi cabeza todo tipo de diagnósticos inevitables: una muerte prematura, una familia desgarrada, todas las heridas todavía abiertas. Un montón de amores sin cerrar, de rostros sin ser despedidos. El anticipo de la tragedia lleva consigo un recibo de consuelo, de autocompasión. Sólo yo mismo sé que voy a morir; sólo yo mismo puedo sentir la pena que acarrea mi terrible destino. Lo pienso mientras tecleo: ¿me salvará esta reseña de la muerte? ¿Qué latido dispondrán estas palabras cuando yo ya no exista?

Aun siendo verano, me exijo a mí mismo cubrirme con una sábana y una manta para dormir. Mi frente resbala de sudor, pero estoy a salvo.

Soy un imbécil al creer que el peligro viene del exterior

1. El dolor.

Acaso este irreversible miedo a la muerte sea una consecuencia lógica de nuestra comodidad existencial.

Soy de la época, de la clase, que puede
permitirse buscarle sentido a su vida.

***

Novelista precoz —antes de cumplir los 20 años ya acumulaba dos libros en su haber—, la escritora francesa Claire Legendre publicó en 2015 El nenúfar y la araña, que hasta la fecha resulta ser su último trabajo. Curiosidades del mundo editorial: si analizamos a Legendre desde la mirada del lector español, podríamos argumentar que esta es, en realidad, su primera novela. Ambas lecturas resultan igualmente interesantes, dado que El nenúfar y la araña tiene algo de las dos cosas: en ella conviven la prosa experimentada de una escritora perfectamente consciente de su propia voz y la inocencia infantil de una mujer invadida por el miedo. “¿Hay algo de mí que permanece fisiológicamente anclado en la adolescencia?“, se pregunta. La cuestión: Legendre llega por primera vez a nuestras librerías con El nenúfar y la araña, y lo hace como el cuarto título de ese bonito catálogo que empieza a conformar la editorial Tránsito.

***

Durante la lectura de El nenúfar y la araña, no puedo dejar de pensar en Clavícula, de Marta Sanz. No ya por las similitudes estilísticas —ambas novelas utilizan la crónica de un dolor como indagación alrededor de la autoficción— y temáticas, sino por lo que ellas significan. El hecho de que un grupo de autoras de diferentes países estén rompiendo la pantalla de hielo del silencio indica, por una parte, que el sufrimiento empieza a desestigmatizarse. Por otro lado —y acaso sea esto lo más interesante de este libro—, revela una impresionista cartografía emocional de la sociedad contemporánea. Ese miedo latente a la extinción, esa asunción de la naturaleza frágil de nuestros cuerpos: todo conduce hacia la genética de una sociedad que se agarra a la vida por inercia. Lo que Claire Legendre se pregunta, en ese preciso orden de las cosas, es lo siguiente: ¿no será esa preocupación continua una predisposición contraproducente a la hora de disfrutar del hecho de vivir?

El miedo es el lugar desde el que se escribe El nenúfar y la araña: un miedo expansivo y floreciente como el nenúfar de La espuma de los días, de Boris Vian, con el que el título traza una línea referencial. En la fabulosa obra de Vian, que arranca coloreada por un surrealismo delicioso y vitalista, los colores se empañan cuando, sin previo aviso y sin aparente solución, un nenúfar empieza a crecer en el interior de Chloé durante su luna de miel. Ese nenúfar, símbolo de inquietud, es la semilla de la tristeza que comprime las paredes de una casa, que ensombrece los días de verano. Claire Legendre, que escribe desde un lugar muy concreto del miedo —la hipocondría—, utiliza esa inquietud como un escudo aparente.

su inquietud es como la garantía de librarse
in fine de todos los dolores del mundo

2. La palabra.

Antes mencionaba, en referencia a las similitudes entre El nenúfar y la araña Clavícula, que ambas novelas emplean la premisa del dolor no como mecanismo autoconclusivo, sino como elemento a partir del cual reflexionar alrededor de la autoficción como herramienta literaria. Amén de ser un el suyo un libro abiertamente confesional, podemos afirmar sin titubeos que la búsqueda de Claire Legendre está lejos de quedarse en los círculos concéntricos alrededor de su propia figura. El nenúfar y la araña no es un bote salvavidas: es un libro. Y su autora lo tiene claro desde la primera página hasta la última.

En el momento de terminar sigo temblando:
la escritura no es una válvula de escape.

En última instancia, este valioso libro toma distancia respecto a su propuesta original, se revuelve contra ella y reivindica su voluntad sociopolítica —”Al escribir me libero de mi condición femenina de presa, de asediada“— por encima de una pretensión balsámica. Es como si Claire Legendre, del mismo modo en que lo hacía Marta Sanz en Clavícula, ofreciese su cuerpo y sus miedos como campo de experimentación literaria: lo usa, desde un punto de vista casi físico, para indagar en el poder de la literatura autoficcional como campo de batalla, como vómito sanador. Su conclusión es rotunda, clara y precisa: “Transformar la mierda en libro me da cero consuelo“.

Sin embargo, al tiempo que desprecia la fuerza de la escritura como ejercicio medicinal, Claire Legendre ratifica el poder de la palabra como delimitadora de la realidad sociocultural. En El nenúfar y la araña se asume el aprendizaje lingüístico como un proceso paralelo a la expansión del mundo conocido. Las cosas empiezan a existir en la medida en que son nombradas, de tal manera que el cerebro acaba por procesarlas y el miedo las abraza. El dolor central del libro, el que reproduce su conflicto principal, procede del timo, un órgano perteneciente al sistema inmunológico fundamental durante la infancia pero que, a medida que el cuerpo alcanza la edad adulta, va remitiendo hasta resultar prácticamente inapreciable. A Claire Legendre se le desarrolló una especie de nódulo en el timo. Entonces, ella descubrió su existencia. Escribe: “En cuanto el órgano adquiere un nombre, siento su presencia. Ocupa su lugar en mí. Mi cuerpo le crea dolores a su medida”.

3. La espuma.

Cuando has pasado diez años de tu vida
dedicados
a un amor, aunque sea monstruoso
en su forma y su
exigencia absolutista, cuesta
mucho encontrar otra cosa que merezca la pena.

Esta resignificación lingüística del dolor confiere al libro de Legendre un punto de acceso ajeno a lo físico de cara a afrontar su propia angustia. Siendo un libro densificado en torno a la idea de la hipocondría, es interesante plantearlo no como un análisis del dolor en sí, sino como una disección de la prevención. En El nenúfar y la araña todo tiene un reverso maldito, en cualquier caso: prevenir una dolencia como automatismo sólo supone una prolongación ficticia de la misma en el tiempo. Es decir: nos intuimos enfermos antes de estarlo. La vigilia nunca termina. La enfermedad no deja de circular, no retrocede en la lista de sospechosos.

Esa antelación responde, en último término, a un insalvable miedo a la pérdida. Quizá no tanto miedo a la extinción de lo físico, aprehendido como un elemento vehicular, secundario, puro complemento. Lo que asusta no es tanto el hecho de que el agua vaya a marcharse de la orilla, sino que también lo haga la espuma que viene después: que desaparezca todo rastro. El reparo existencial que atraviesa El nenúfar y la araña está estrechamente vinculado con un miedo inenarrable a que el amor tenga que terminarse.

En medio de sus disquisiciones sobre la hipocondría, Legendre hace hueco y reflexiona sobre la pérdida amorosa. Y es ahí cuando el libro se disloca para encontrarse, en esa laberíntica búsqueda de respuestas. El verdadero dolor está en el vacío de después. El dolor incurable está en la muerte del amor. Y la muerte física no es más que un certificado de que aquella cosa celestial —aquel estado de fundición entre dos cuerpos— ya nunca podrá resucitar.

Así corremos por la habitación: tratando de asesinar a todas las arañas posibles. Y nunca parecen terminarse, a cada cual una amenaza, a cada cual una inquietud. Y el cuerpo nunca se calma.

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Autora: Claire Legendre. Traductora: Laura Salas. Título: El nenúfar y la araña. Editorial: Tránsito. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro.