Escojo uno de los títulos, modificado, de uno de los relatos que nos presenta Ángel Olgoso en esta nueva entrega, ya que su literatura se introduce con forma de rasgadura, y digo esto por varios motivos: la capacidad única de cambiar de registro, tanto dentro del libro, como fuera de él, de tantear el relato erótico amoroso, a la más pura ciencia ficción de anteriores entregas, como en Sideral (Eolas, 2024), por ejemplo, o, a los hechos narrados en este libro en torno al prójimo, y también, a cómo nos vemos nosotros mismos dentro de esta sociedad basculante en la que somos engranajes móviles de las grandes narrativas tecnológicas de grandes lobbies en donde somos súbditos digitales.
En Holobionte (Eolas, 2026) pasean sus obsesiones reunidas en torno a la figura del otro, ese desconocido furioso que somos nosotros mismos, o al que saludamos en el ascensor y del que no tenemos ni idea de quién es. O la relación filio-paternal, ejemplificado aquí en torno a Kafka y su padre, el cual le escribe una misiva a su hijo, recriminándole todo lo que Kafka le dijo por escrito a su padre.
“Querido Franz: He sabido, por tu madre, que me escribiste una larga carta de reproche en la que registrabas el aborrecimiento que te causa mi presencia […]”. Así empieza este relato de un Kafka herido por el comportamiento de su padre, donde el progenitor le da la vuelta a la relación y la convierte en una carta de descargo sobre su hijo.
Por otra parte, Olgoso introduce también un extenso relato, “El síndrome de Lugrís”, en una Galicia mítica, en donde uno de los amigos comienza a sentir un miedo desmedido por los otros, en una ciudad que se ha visto transformada por la llegada de los otros, del turista buscando la preciada Compostela. La masificación convierte a este gallego en un agorafóbico depresivo, porque no reconoce en los otros, ninguna humanidad, sino que se convierte en una masa informe, en un monstruo sin cabeza. Y su ciudad convertida en un escaparate sin fondo, cuando los dos amigos representaban esos valores seculares de unión con la tierra y con las costumbres. Si extrapolamos esa situación a cualquier otra ciudad española, se nos desvela el problema del turismo empobrecedor que convierte a la gente en masa y a los lugares en decorado.
“Allí, en la Rúa do Doiro, le tomé entonces de la mano (como queriendo decirle “Xá te entendo”) y Manuel Lugrís, narcotizado todavía, me la apretó un poco, sin rastro de fuerzas, pero fundamentando el contacto en una ofrenda de lealtad […]”.
Esa tendencia a hablar del prójimo se muestra igualmente en el relato de “Los Ujiji”, tribu desconocida que no sabe mercadear, sino que además, regala los productos con los que quiere hacer negocio, en una especie de potlach, de agasajo al otro, ese regalo inusitado que te deja en una posición desfavorecida, como esa famosa sentencia de Tennesee Wiliams: “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”.
Pero qué mayor conciencia del otro sino es la de sentir con la conciencia del otro, ese otro ser que vive y ama con nosotros, aquel, parafraseando a Rilke cuando decía que somos los garantes de la soledad de nuestra pareja. Nada menos, guardianes de los silencios de la persona que amamos. Así se presenta: “Mi patria camina con tacones o condoritas, lleva pañuelos de colores, floreados zarcillos colgantes y diademas de felpa, se recoge con gomas y horquillas su pelo ingobernable, enciende su carita de manzana reineta”.
Las costumbres de los otros cuando vivimos en comunidad, ese vivir colectivo y la acendrada manera de entender el silencio cuando convivimos y que tantos nos molesta. En “El tendedero”: “Un rechinar concéntrico. Un clamor cortado a pico. Una aturdidora letanía. Una cólera compacta. Nosotros, mientras tanto, nos encorvamos hasta tocar los pies con la barbilla, gemimos impotentes […]”.
Como digo, todo un ejemplo de saber hacer narrativo, de placer lector, comprobar con deleite cómo habitan en Olgoso tantos registros y cómo los manipula para ofrecernos estas colecciones de urgencia. Leer para acordarnos del otro, para que no desaparezca, para que no desaparezcamos en esa masa informe de la globalización pobre que nos vendieron como riqueza.
Léanlo, tienen 64 motivos para hacerlo.
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Autor: Ángel Olgoso. Título: Holobionte. Editorial: Eolas. Venta: Todostuslibros.


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