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La flor, de Rosalía de Castro

Los poemas que conforman este volumen, escritos en castellano, fueron publicados cuando la autora apenas había cumplido veinte años y retratan las diferentes formas que asume el amor, desde una perspectiva melancólica y solitaria, un punto de vista más próximo al romanticismo tardío que invadió las letras españolas en la segunda mitad del siglo XIX. 

Zenda ofrece, a continuación, un adelanto para sus lectores de La flor, de Rosalía de Castro.

Fragmentos

Cuando miré de soledad vestida
la senda que el destino me trazó,
sentí en un punto aniquilar mi vida.

¡Cuando infeliz me contemplé perdida
y el árbol de mi fe se desgajó,
tuvieron, ¡ay!, para llorar mis ojos
de amargura y de hiel tristes despojos!

¡La nada contemplé que me cercaba,
y… al presentir mi aterrador quebranto,
miré que solitaria me anegaba
en un mar de dolores y de llanto!
¡Nadie ni amor ni compasión cantaba,
ni un ángel me cubrió bajo su manto,
sólo la voz mi corazón oía
de la última ilusión que se perdía!…

Ya marchita la flor de mi esperanza
vi revolar no más en torno mío,
vaga esfera sin luz que nunca alcanza
dar resplandor a un corazón ya frío.
Vano es el ¡ay! que desgarrado lanza
por el dolor de ese vivir sombrío:
¡La oscuridad de esa existencia muerta,
cierra de un bien al porvenir la puerta!

La risa y el sarcasmo por doquiera
que fuera yo mi corazón palpaba,
y doquiera también que me escondiera,
¡ay!, la risa sardónica encontraba.
No hubo un rincón donde vivir pudiera,
no hubo esa paz que con afán buscaba;
¡guerra sin fin, fatídica existencia,
fue en mi vivir la delicada esencia!

Y rotas ya de la existencia mía
de paz y amor las ilusiones bellas,
llenas de horror las contemplé en un día
cual en cielo sin luz, muertas estrellas:
Su oscuridad mi porvenir partía,
mi fe y mi paz se confundió con ellas;
¡que eran del alma indisolubles lazos
que se fueron al fin, hechas pedazos!

Al caminar después por mil abrojos
mi frente juvenil se marchitó,
y al sentir las espinas en mis ojos
de angustia el corazón se poseyó;
luego al cielo exclamé puesta de hinojos,
y el cielo mis clamores no advirtió;
y sola combatí con mis pesares
¡lágrimas tristes derramando a mares!

Padecer y morir: Tal era el lema
que en torno mío murmurar sentí,
y mirando en redor de espanto llena,
su fatídico emblema comprendí;
y al ver el torcedor que me encadena
de espanto y de temor retrocedí…
¡Sola era yo con mi dolor profundo
en el abismo de un imbécil mundo!

Y buscando un apoyo, una caricia,
el eco «Soledad» me respondió:
Y cual cauce que ronco se desquicia
fatídico en mi pecho resbaló,
regalándome a un tiempo una delicia
que heló mi sien, y el porvenir mató;
que era fría y glacial como ella sola,
¡y aun sin querer, el corazón guardóla!

La soledad… cuando en la vida un día
circunda nuestra frente su fulgor,
un mundo de mortal melancolía
nos presenta un fantasma aterrador,
quitándole a las aves su armonía,
cubriendo de la luz el resplandor:
¡Noche sin fin al porvenir avanza
ahuyentando el amor y la esperanza!

Por eso, ¡ay Dios!, al caminar aún pura
entre inmundicias mil que tropecé,
llenaron de dolor y desventura
la hermosa realidad con que soñé:
Terrible asolación, esencia impura
lanzaron al Edén que acaricié;
y aquel Edén se convirtió en infierno
¡triste ilusión de mi dolor eterno!

La soledad… cuando en la vida un día
circunda nuestra frente su fulgor,
un mundo de mortal melancolía
nos presenta un fantasma aterrador,
quitándole a las aves su armonía,
cubriendo de la luz el resplandor:
¡Noche sin fin al porvenir avanza
ahuyentando el amor y la esperanza!

Por eso, ¡ay Dios!, al caminar aún pura
entre inmundicias mil que tropecé,
llenaron de dolor y desventura
la hermosa realidad con que soñé:
Terrible asolación, esencia impura
lanzaron al Edén que acaricié;
y aquel Edén se convirtió en infierno
¡triste ilusión de mi dolor eterno!

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Autor: Rosalía de Castro. Título: La flor. Editorial: Uve Books. Venta: Página web de la editorial

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