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La Gran Novela Catalana

«Don Quijote en la playa de Barcino», de Augusto Ferrer-Dalmau

¿Existe la Gran Novela Catalana? Es una pregunta pertinente ahora que nos encontramos en pleno 1 de octubre y todos los acentos están puestos no ya en el futuro inmediato de Cataluña, sino en la naturaleza de sus relaciones con el resto de España. Sería absurdo negar la importancia que ese territorio al este del Ebro ha tenido en el desarrollo cultural del Estado en su conjunto, como también lo sería obviar que la comunicación entre ambas orillas ha tendido a ser siempre fructífera y dejado grandes logros en ambas márgenes. Desde que Ramon Llull impulsara y diera vuelo a la lengua catalana, y hasta la conversión de Barcelona en el centro por antonomasia del ecosistema editorial español, el diálogo entre lenguas y culturas ha venido arrojando un saldo sumamente positivo en el que surgen nombres y páginas que permanecen en la memoria de todos. Del Curial e Güelfa a José María Fonollosa, de Santiago Rusiñol a Joan Salvat-Papasseit, de Pere Gimferrer a Gabriel Ferrater, las letras que se escribían en Cataluña tuvieron una influencia notable en toda España, y ésta generó a su vez corrientes que desembocaron con brío y profundidad en el ecosistema intelectual de aquellas tierras. Por eso, ahora que en vez de consolidar lo que une parecen incrementarse los esfuerzos por levantar muros, conviene repasar algunas obras narrativas que, con mayor o menor intención, han reflejado desde el siglo pasado hasta la fecha la cuestión de Cataluña, es decir, su propia identidad y su relación con un entorno en el que España juega un papel preponderante. Partiendo de la base de que toda lista es arbitraria por naturaleza, ya que su confección responde al criterio y al conocimiento de quien la firma, hemos seleccionado doce títulos, ordenados de acuerdo con su fecha de publicación, que, a su modo, resumen o explican o anuncian o analizan la Cataluña de hoy en día. Muchas son de sobra conocidas, otras quizá no lo sean tanto. Algunas han adquirido la categoría de cumbre incuestionable de las letras catalanas y otras se han erigido en piezas indiscutibles de la literatura española contemporánea. Seguro que no están todas las que son, pero la idea es que las que están permitan construir una idea cabal del conjunto.

Nada, de Carmen Laforet

Con esta novela, la primera de las suyas, una desconocida Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Majadahonda, 2004) obtuvo el premio Nadal en su primera convocatoria, allá por 1945. Tres años después, también se haría con el Fastenrath de la Real Academia Española. Resultaba inaudito que una veinteañera sin experiencia en el campo novelístico hubiera sido capaz de levantar una descripción de índole existencialista y tonalidades oscurísimas que destacaba por su lucidez y por su audacia. La llegada de Andrea a la Estación de Francia, sus vivencias en el piso de la calle Aribau en el que las sombras de la posguerra se encadenan con los demonios familiares, el contraste de ese ambiente opresivo con la bohemia estudiantil o la opulencia de las clases dirigentes vencedoras en el conflicto, desfilan por unas páginas a las que el tiempo no ha despojado de interés, ni de frescura, y que conforman una obra siempre reivindicable.

La plaça del diamant, de Mercè Rodoreda

Está considerada una de las obras imprescindibles de la literatura catalana. Su autora, Mercè Rodoreda (Barcelona, 1908-Gerona, 1983), que tuvo una vida tan dura como apasionante, la escribió en Ginebra en torno a 1960. El libro apareció en la calle dos años después y no tardó en adquirir la consideración de clásico, hasta el punto de que ha sido traducido a más de cuarenta idiomas. Se cuenta en él la historia de Colometa —originalmente la autora pensó en titular la novela con el seudónimo de su protagonista—, una mujer del barrio de Gràcia que ve cómo la Guerra Civil destroza todo cuanto ha venido conformando su mundo al mismo tiempo que su matrimonio con Quimet empieza a anular su propia personalidad, propiciando así un juego de espejos entre lo individual y lo colectivo que retrata las contradicciones de un tiempo y un lugar en los que la única solución digna pasa por la huida.

 Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé

Publicada en 1966, es posible que esta novela de Juan Marsé (Barcelona, 1933) sea una de las que con mayor lucidez retratan el abismo abierto entre la rica burguesía barcelonesa y la vertiente marginal de la ciudad. Además de dar vida a uno de los personajes más duraderos y emblemáticos de la literatura española, Manolo el Pijoaparte, y de hacer gala de una riqueza lingüística y estilística verdaderamente admirable, la obra pone a dialogar dos mundos antitéticos sometidos a un continuado riesgo de confrontación. Toda la novela pivota sobre el afán del Pijoaparte por incorporarse a esa burguesía que le denuesta y que él, secretamente, desprecia. Un objetivo que se revela imposible porque es mucho más que unas cuantas calles lo que separa las elegantes fiestas de Sant Gervasi de las verbenas que adornan las celebraciones de los barrios populares.

El quadern gris, de Josep Pla

Josep Pla (Palafrugell, 1897-Llofríu, 1981) aseguró en principio que la escritura de este diario había coincidido de modo escrupuloso con las fechas que se consignan en sus páginas —es decir, entre el 8 de marzo de 1918 y el 15 de noviembre de 1919—, aunque no pudo insistir mucho en el ardid porque pronto fue evidente que las revisiones y reescrituras que acometió hasta su publicación, en 1966, hicieron mucha mella en un texto que constituye el gran monumento contemporáneo de las letras catalanas. Las andanzas perfectamente rutinarias de su autor por Palafrugell, Llofríu y Barcelona delimitan los contornos de un relato que adquiere validez universal y cuya fina retranca se acentúa al abordar ciertas fenomenologías sociales que aún resultan perceptibles hoy en día. Tanto la salida a la luz del propio libro, en catalán, como la traducción al castellano que unos años después llevarían a cabo Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros, supusieron sendos soplos de aire fresco en el contexto de la literatura ibérica.

Los mares del sur, de Manuel Vázquez Montalbán

En realidad, podríamos referirnos a la serie completa (o casi) de las novelas protagonizadas por Pepe Carvalho, porque si por algo se caracterizó el detective que creó Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-Bangkok, 2003) fue por transitar, en tiempo real, por los entresijos de una España y una Cataluña que abandonaban las telarañas del franquismo para asomarse a las controversias de un tiempo inédito. Acaso sea Los mares del sur, galardonado con el Planeta en 1979, uno de los títulos más paradigmáticos. Carvalho investiga en él el caso de Stuart Pedrell, un militante izquierdista reconvertido en constructor triunfante que desaparece en la ficticia barriada obrera de San Magín, a donde lo conduce una repentina ansia por regresar a sus raíces ideológicas. Un viaje sin retorno desde la Barcelona de los lujos a esa otra urbe menestral donde los despertadores suenan a las seis de la mañana y los transportes públicos concentran, en la última hora de las tardes, el agrio olor de la derrota.

La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) consiguió aquí una de sus novelas más memorables. Se desmenuza en ella el devenir histórico de la ciudad de Barcelona en el periodo comprendido entre dos exposiciones universales, las de 1888 y 1929, que marcaron el tránsito desde una sociedad anclada en sus fundamentos más clásicos hasta otra marcada a fuego por el pleno desarrollo industrial. El lector asiste en sus páginas a la hipnótica peripecia biográfica de Onofre Bouvila, que pasa de repartir panfletos anarquistas a convertirse en un prohombre de su tiempo, merced a estratagemas que paulatinamente forjan un carácter tan maquiavélico como cruel. Las convulsiones históricas se alían con unos personajes que encarnan y definen los paradigmas de una sociedad en mutación para construir lo que su autor definió no como una novela histórica al uso, sino como transcripción de la memoria colectiva de toda una generación de barceloneses.

El día del Watusi, de Francisco Casavella

Se publicó por primera vez en tres volúmenes que vieron la luz entre 2002 y 2003 y que llevaron por título Los juegos feroces, Viento y joyas y El idioma imposible. Tal vez El día del Watusi sea la gran epopeya de la Barcelona contemporánea (o, al menos, de la Barcelona previa a la apoteosis independentista). Francisco Casavella (Barcelona, 1963-2008) trenzó en ella un fresco memorable en el que, además de una compleja y valiente panorámica de su propia ciudad, se aborda sobre todo cómo la Transición se acabó convirtiendo en un Saturno capaz de devorar a sus propios hijos. Con ecos de novela negra y un evidente homenaje al género picaresco, la novela, elevada pronto a la condición de obra de culto, centra su trama en Fernando Atienza, un personaje al que —igual que ocurría con el Bouvila de Mendoza— vemos ascender desde su natalicia condición suburbial para terminar encaramándose en los eslabones más altos de la sociedad, una cúspide donde no podrá evitar sucumbir a la necesidad de requerirse explicaciones a propósito de su propia vida.

Confesiones de una vieja dama indigna, de Esther Tusquets

Cerraba este título la gran trilogía memorialística de la editora Esther Tusquets (Barcelona, 1936-2012), que había tenido sus primeras entregas en Confesiones de una editora poco mentirosa y Habíamos ganado la guerra, y lo hacía repasando la Cataluña de los últimos cincuenta años, con especial y lógica atención a los hitos de su contexto cultural. Es el retrato íntimo y maduro de un tiempo efervescente en el que Barcelona se ganó las credenciales de capital editorial de España y el Mediterráneo se convertía en el puerto franco por el que empezaban a entrar en la península los aires nuevos que supusieron la adopción de perspectivas enriquecedoras e inéditas. Tusquets, cuya familia estaba adscrita al bando vencedor en la Guerra Civil, se liberó pronto de las directrices a las que obligaba su linaje para emprender un camino tan libre como fecundo en el que la independencia de criterio y la exigencia intelectual le permitieron ofrecer una panorámica rica y clarividente de lo que fue la vida en la Cataluña y la España que atravesaron la segunda mitad del siglo pasado.

Victus, de Albert Sánchez Piñol

Si hay alguna fecha marcada a fuego en el ideario independentista, es la que corresponde a 1714. En ese año Cataluña, que había apoyado al pretendiente de los Habsburgo, perdió la guerra de sucesión al trono de la Corona española, en la que resultaría vencedor quien luego gobernó con el nombre de Felipe V, adscrito a la rama de los Borbones. Casi trescientos años después de aquel conflicto, el escritor Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965) publicó esta novela en la que sigue los pasos de Martí Zuviria, un personaje ficticio que habría sido asistente del teniente mariscal Antonio de Villarroel, comandante general del Ejército de Cataluña y que precisamente había combatido a las órdenes de Felipe de Borbón hasta que, en 1710, éste propició la caída en desgracia de su benefactor. La novela se adentra en los entresijos de los combates y en las bondades y miserias de unos hombres abocados al enfrentamiento, sin orillar las evidencias de que ni la lógica belicista atiende siempre a cuestiones identitarias ni los salvadores de la patria se comportan en ocasiones como cabría esperar de su presunta condición.

Catalanes todos, de Javier Pérez Andújar

En los últimos tiempos, Javier Pérez Andújar (Sant Adrià de Besòs, 1965) se ha convertido en uno de los cronistas más valiosos y desmitificadores de la actualidad catalana. Publicado originalmente con el subtítulo Las 15 visitas de Franco a Cataluña, este libro desmonta el supuesto victimismo de una burguesía que no sólo acogió con los brazos abiertos al dictador cada vez que éste se dejaba ver por los territorios ubicados al este del Ebro, sino que obtuvo de él sustanciosas prebendas y no pocos privilegios en un tiempo en el que no pasaba nada si las cuestiones identitarias quedaban relegadas a un segundo plano. Revisado y ampliado en 2014, el autor lo complementó con una desquiciante sátira en torno a la Transición y el papel de Adolfo Suárez, Martín Villa o Rodríguez Sahagún en el vodevil del Estado de las Autonomías. Preguntado en aquel momento por la reedición, en un momento en el que comenzaba a agitarse el fragor independentista, Pérez Andújar respondía, contundente: «Es el momento de echar unas risas».

Viento de tramontana, de Sergio Gaspar

La ilustración que para la cubierta realizó Toni Borrell es toda una declaración de principios. Se ve en ella a Josep Pla y Miguel de Cervantes cabalgando un burro, animal totémico del catalanismo, que parece poco o nada predispuesto a salir al trote. Es la carta de presentación ideal para uno de los libros más sorprendentes de cuantos se han escrito en torno a Cataluña a lo largo de los últimos años. Sergio Gaspar (Checa, 1954) hila en él varias historias —la sorpresa de dos turistas que se encuentran en pleno siglo XXI con un Josep Pla al que la Generalitat habría escondido para que la cruda realidad no malbaratara su discurso, la visita de un Franco redivivo a la Barcelona posfranquista, el romance entre un capitán de la Guardia Civil y una intendente de los Mossos d’Esquadra— que componen en conjunto una divertidísima sátira cuya aparente frivolidad esconde un trasfondo de calado: el diálogo político, social y cultural que a lo largo del último siglo han mantenido España y Cataluña. El acto final reúne a los que hasta el momento de la publicación del libro habían sido los inquilinos del Palau de la Generalitat (Jordi Pujol, Pascual Maragall, José Montilla y Artur Mas) en un delirante diálogo de besugos que da a entender, entre líneas, muchas más cosas de las que expone a simple vista.

El informe Casabona, de Sergio Vila-Sanjuán

En sus novelas, Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) viene retratando con pinceladas detallistas y buen conocimiento de causa las distintas facetas de la burguesía catalana. Si en Una heredera de Barcelona y Estaba en el aire (premio Nadal) ese estamento gozaba de un protagonismo irrebatible, en su último título ese papel queda acentuado por cuanto se exploran en él las interioridades de una familia estructurada a la sombra de todo un prohombre con conexiones en las más altas instancias gubernamentales de los planos autonómico y estatal. El autor esboza, así, un relato sutil y documentado sobre las relaciones de poder y las ambiciones de una clase social que, para bien y para mal, actúa a menudo como síntesis y espejo de la Cataluña contemporánea. Que sea un periodista el encargado de presentar todas esas cuestiones ante los ojos del lector, con la objetividad y el distanciamiento que se le presuponen al oficio, no hace más que acentuar la nitidez del esquema que dibuja el recorrido de unos vínculos que a menudo no son explícitos, pero siempre resultan determinantes.

Finalizado el repaso, y como último recordatorio de la rica retroalimentación que ha existido desde antiguo entre Cataluña y el resto de España, no podemos dejar de referirnos a la obra cumbre por excelencia de las letras universales. No está de más recordar, en este trance en el que nos encontramos, que Barcelona fue la única ciudad que visitaron don Quijote y Sancho en la tercera de sus salidas, y que a ella le dedicó el hidalgo unas sentidas, corteses y hermosas palabras: «Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y única en sitio y en belleza». Cierto es que su estancia allí no culminó de la mejor manera. Derrotado sobre la arena por el Caballero de la Blanca Luna, la despedida que el de la triste figura formula al despedirse de la Ciudad Condal adquiere un cariz bien distinto: «¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!» Cabe desear que estas últimas palabras del buen Alonso Quijano no resulten ahora tristemente premonitorias.

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