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La librera del Savoy

En esta isla esmaltada por la luz, ella tiene algo de Robinson Crusoe. Libérrima, dueña de una cabellera rubia y un ingenio mordaz, María Riutort parece haber desembarcado desde el Orinoco para implantar aquí su reino. Luce demasiado joven para todo, incluso para no serlo ya completamente. Se trata, pues, de la dueña de Librera del Savoy, una criatura de sonrisa luminosa, alguien tocada por el buen gusto de quienes saben cuánto hay que lustrar una gema para que brille como lo hace su librería del número tres de Joan de Cremona, en Palma de Mallorca.

"En un local acristalado, que tiene tanto de galería como de lugar para el expendio de libros, María Riutort despliega un fondo literario que convive en perfecta armonía con las novedades"

Ha dedicado casi treinta años a atender las librerías de la isla, hasta que decidió abrir la suya propia, justo en el local donde estuvo la antigua Bonaire, en la que trabajó hasta su cierre. Y así como José Luis Alvite contó en la radio las historias del hombre que llegó al Savoy, ese bar inventado, hecho a la medida de la mejor literatura, ella creó un universo para recibir a otros santos bebedores: los lectores, una especie en extinción, al menos tal y como podría entenderse esa idea en un mundo presidido por Chandler, Joseph Roth o la mismísima Natalia Ginzburg.

En un local acristalado, que tiene tanto de galería como de lugar para el expendio de libros, María Riutort despliega un fondo literario que convive en perfecta armonía con las novedades. No hay nada zafio o fuera de sitio, todo ocupa su lugar literario con justicia y elegancia, con el ojo entrenado de quienes, despachando su propia librería, acaban por escribir un libro en sí mismo. No sólo la distingue su exquisito gusto con los libros, también con la vida que esos libros hacen en el barrio.

"En el mundo literario los libreros son la pieza que pone en marcha el motor de la lectura"

Colaboradora en distintos medios de comunicación como librera prescriptora, organizadora incombustible de eventos, presentaciones y encuentros, María ha convertido su librería en un centro cultural que no pretende imponer nada y rehúye cualquier catecismo, un refugio que se despliega con la luz diáfana de las casas hermosas y a la que siempre apetece regresar. Desde que conocí la Librería del Savoy en septiembre de este año, sólo me apetece comprar libros ahí, incluso en algunas ocasiones pienso que existen libros que han sido editados sólo para comprarlos ahí.

María Riutort, la librera de Savoy, junto a la periodista y escritora Karina Sainz Borgo.

Cuando se celebra el día de las librerías conviene hablar de quienes, como María Riutort, se lo toman en serio. En el mundo literario los libreros son la pieza que pone en marcha el motor de la lectura. Poco hacen editor y autor si nadie cree en el libro que acaban de alumbrar. Son ellos, los libreros, los que empujan una novela o un ensayo. Lo piden, lo leen, lo olisquean. Invierten espacio mental y físico en hacerlo visible. Insuflan una vida lenta y duradera a los libros en los que creen. Los he visto, a pie de obra, haciendo tanto con tan poco. Obran, como la Librera del Savoy, esa isla del espíritu.

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