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La línea entre el cielo y la tierra

La línea entre el cielo y la tierra

Hermanos, y hermanas de este pequeño planeta, cuando tengáis la mente agitada, respirad hondo. Todo el mundo, incluyendo nuestro enemigo quiere la paz. No hablo de Dios, ni del más allá, sino de esta vida, la que tenemos.

Tenzin Gyatso, XIV Dalái Lama

En el Tíbet cielo y tierra se veneran mutuamente, regalándose horizontes donde las cumbres quieren perforar el cosmos y los austeros templos tiñen de oro el ocre. Las oraciones han perpetuado su pacto con el viento para que el recuerdo de los seres queridos no sea luto, sino renacimiento. Allí, donde la vida y muerte se funden en una esfera perfecta carente de tiempo, la espiritualidad nace en cada ser antes de que la propia conciencia despierte. La alegría se cuela por las grietas de los silencios, y enmarca siempre los curtidos rostros de este voluntarioso y amable pueblo, que hoy intenta mantener sus longevas tradiciones tras la invasión de China en 1959. La capital, Lhasa, acoge el legendario palacio del Potala, donde residió Tenzin Gyatso, líder espiritual del Tíbet y actual XIV Dalái Lama. Como muchos otros compatriotas, tras la brutal represión perpetrada por el ejército de Mao Zedong, tuvo que huir del Tíbet, exiliándose en Dharamsala, en la India, donde no ha cesado de difundir su mensaje universal de paz y compasión para la humanidad, no sólo desde la perspectiva budista, sino espiritual.

Puede que el último gran testimonio de este líder espiritual, sobre su visión de nuestro mundo, esté en un fascinante documental recién estrenado: Sabiduría y felicidad, una coproducción suizo-estadounidense dirigida por Barbara Millar y Philip Delaquis, y producida por Richard Gere. El espectador observa cómo sobre el fondo negro la imagen en primer plano del Dalái Lama es poderosa, y al mismo tiempo cercana. En la comunicación no sobra ni falta nada. En una perfecta combinación de imagen, palabras y música, el Dalái Lama habla con el corazón hacia el corazón, sin ninguna retórica sobre cómo aprender a vivir, que no sobrevivir, en un siglo tan enigmático y convulso como en el que estamos inmersos. En los contrastes y en los espacios que el Dalái Lama deja a la oratoria se reconoce una contundente verdad, que no la niega el cuerpo ni la mente. Es evidente que estamos asistiendo al final de una era que da sus últimos estertores con la decadencia propia de los grandes imperios antes de extinguirse. Dice el Dalái Lama que hemos venido al mundo para aprender a ser felices en esta vida, no en la siguiente. Pero me parece patente que estamos muchas veces inmersos en una enfermiza inercia de idas y venidas, cuya parada final conocemos, pero ignoramos.

"Tenemos el honor de conversar hoy sobre algunas de estas cuestiones con el fundador y director de la casa del Tíbet de Barcelona, Thubten Wangchen"

Hay una imagen en el inicio del documental que para mí representa el friso de nuestros días: la vista nocturna de un edificio con muchos ventanales, todos iluminados. En cada estancia hay mucha gente, unos haciendo spinning, otros trabajando con ordenadores… Nadie descansa. Es una comunidad, pero hay soledad. La imagen se solapa con una nube densa y una tormenta, y sobreviene después una estampa de quietud. El mismo Dalái Lama nos invita a seguirle en la parada mientras inspira, retiene el aire, y deja ir una lenta exhalación. Con algo tan simple, el rumbo cambia, y el barco se dirige al faro.

Tenemos el honor de conversar hoy sobre algunas de estas cuestiones con el fundador y director de la casa del Tíbet de Barcelona, Thubten Wangchen, que se preparó para su vida como monje lama junto al mismo Dalái Lama. Wangchen lleva décadas dedicado a tratar de aportar paz de espíritu mediante sus enseñanzas y apoyando diversas causas humanitarias con especial atención a la preservación cultural del Tíbet y el pueblo tibetano. Es autor de dos obras: Lejos del Tíbet (Kairós, 2019) y Un camino espiritual (Kairós, 2024).

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—Usted trasmite alegría de vivir y energía positiva. ¿De dónde nace ese carácter tan jovial?

—Saludos a todos y muchos, muchos Tashi Delek. Gracias sinceras, Susana, por invitarme a esta entrevista para Zenda. Es un honor personal. Bien, la alegría de vivir y la energía positiva son actitudes que me vienen dadas desde la infancia, inducidas por mi propio padre, la sociedad y la cultura tibetana y también por grandes maestros, incluyendo su Santidad Dalái Lama, que enseñan cómo ser una buena persona, hacer el bien, evitar enojarse, jamás engañar… Las palabras del Dalái Lama siempre enseñan a aceptar las situaciones con paciencia para no perder el ánimo. En mí día a día siempre estoy contento, y esta alegría de vivir puedo transmitírsela a muchas personas en forma de energía positiva. Y a la vez todo eso te revierte, automáticamente, en una mayor felicidad. Es lógico que haya problemas en esta vida, pero siempre hay que estar pensando en el remedio de estos. Eso es lo importante, para vivir, y saber vivir. Y consecuentemente, hacer lo máximo posible para ayudar a los demás.

—Háblenos de sus recuerdos del Tíbet y cómo llegó a España. ¿Echa de menos su hogar?

"El gobierno y el pueblo indio han sido muy amables en acogernos y hemos podido establecer nuestro gobierno tibetano en el exilio. Nuestros monasterios, escuelas e institutos de artes han sido instaurados en India"

—Nací en esta vida en el Tíbet, por tanto yo siento que soy tibetano. Tíbet es el techo del mundo, la meseta más alta de la Tierra, la cual se halla encajonada entre China, Nepal, Bután e India. El Tíbet tiene un tamaño enorme y los paisajes son de una belleza impresionante, que sobrecoge. También poseemos mucha riqueza en valiosos minerales y en agua. Los grandes ríos de Asia nacen en el Tíbet, como el Río Amarillo, el Yangtze, el Mekong, el Brahmaputra, el Ganges y el Indo. En definitiva, poseemos una naturaleza muy sustancial, además de contar con las sublimes cimas del Himalaya. Me siento orgulloso de provenir de allí. En 1959 el gobierno chino invadió el Tíbet, un millón doscientos mil tibetanos murieron durante el asedio y nuestro maravilloso país perdió su independencia. No me siento chino, sino vecino del país invasor. Nuestro territorio representa el 30% de la extensión geográfica de China. Durante la invasión, el Dalái Lama pudo huir hacia la India, y con él casi ochenta mil tibetanos escaparon hacia el mismo destino. El gobierno y el pueblo indio han sido muy amables en acogernos y hemos podido establecer nuestro gobierno tibetano en el exilio. Nuestros monasterios, escuelas e institutos de artes han sido instaurados en India.

Cuando el Tíbet perdió su libertad, yo tenía entonces sólo cuatro años o cinco. No conservo muchos recuerdos de aquel momento, ni recuerdo a mi madre, porque ella fue víctima del ejército chino. Nosotros escapamos hacia los collados del Himalaya junto a mi padre, mi hermano y mi hermana (yo soy el más pequeño de los tres). Una vez alcanzamos Nepal, estuvimos un año mendigando y durmiendo por las calles de Katmandú. Después nos trasladamos a India para acercarnos al Dalái Lama. En India también estuvimos mendigando y durmiendo al raso unos tres años. Fue una experiencia muy muy dura, pero todo esto nos enseñó cómo confrontar las circunstancias difíciles, los momentos adversos, un hecho que me ha servido decisivamente para mi vida posterior. Tras aquellas lamentables circunstancias que viví en mi infancia, el gobierno indio y el gobierno tibetano en el exilio se ocuparon de nosotros. El Dalái Lama ordenó recoger a niños mendigos, y miles de pequeños fueron salvados de la miseria y el abandono. Yo fui afortunado, pues pude entrar en una escuela en India, donde nos enseñaron acerca de nuestra cultura, idioma, pensamiento, identidad, y además aprendimos inglés e hindi. Cuando tenía 16 años ingresé en el monasterio privado del Dalái Lama en Dharamsala. La verdad es que tuve mucha suerte. Años después, en aquel monasterio un grupo de españoles buscaban a alguien como traductor para poder venir a España. Me insistieron tanto que acepté. Tras concederme el Dalái Lama su permiso, realicé el viaje hacia Europa. Al principio fue un poco difícil debido a mi desconocimiento del idioma. Gracias a saber inglés estuve como traductor en un centro budista. Ahora, tras tantos años transcurridos, lo valoro como toda una experiencia muy bonita y enriquecedora. No echo mucho de menos mi lejana tierra, la India y el monasterio al que pertenecí, pues yo soy bastante abierto y me siento a gusto con las personas que me aceptan con amabilidad. Rápidamente me siento acogido, como si fuera un amigo o un miembro más de una familia.

—¿Qué buscan las personas que se acercan a la Casa del Tíbet, que fundó usted en Barcelona? ¿Cómo está siendo su compromiso para preservar la cultura del Tíbet, y cómo ve ese futuro?

"Las grandes ciudades son muy caóticas, son motores de desarrollo económico, pero en el interior de la gente no hay mucho sosiego. Por lo tanto, muchas personas vienen en busca de relajación, meditación, calma mental…"

—Su santidad el Dalái Lama me aconsejó que me quedara en España para difundir la cultura tibetana y poder crear un centro cultural. Tras años de dedicación y esfuerzo pude, por fin, en 1994, abrir la Fundación Casa del Tíbet. Ese mismo año, el Dalái Lama vino a Barcelona y en el Palau Sant Jordi realizó una ceremonia de iniciación —denominada Kalachakra— dedicada a la paz mundial. Al mismo tiempo, el propio Dalái Lama, y los actores Richard Gere y Penélope Cruz, inauguraron mi Fundación Casa del Tíbet de Barcelona. Llevamos ya 31 años funcionando ininterrumpidamente en este proyecto, el cual no tiene un objetivo lucrativo, sino cultural, a la vez que actúa como centro budista. Ofrecemos muchas actividades: sesiones de meditación, clases de tibetano, yoga, así como exposiciones de arte, conferencias y conciertos y eventos interreligiosos. Nos reunimos para compartir y armonizar los diferentes pensamientos de las distintas religiones. Mucha gente acude a la Casa del Tíbet en busca de paz, tranquilidad y armonía. Las grandes ciudades son muy caóticas, son motores de desarrollo económico, pero en el interior de la gente no hay mucho sosiego. Por lo tanto, muchas personas vienen en busca de relajación, meditación, calma mental… Hay tantos problemas en la sociedad que mucha gente acude para hallar una respuesta. Mi principal objetivo es preservar nuestra cultura tibetana, la filosofía budista, impulsar el mensaje de la no violencia y promover la paz. Sobre el futuro del Tíbet nadie puede decir nada, pero espero tener siempre esperanza. Vivimos en un mundo cambiante, todas las cosas cambian constantemente: la economía, los políticos, el clima… La situación de Tíbet puede cambiar un día, quién sabe. Por lo tanto, los tibetanos somos optimistas y tenemos esperanza.

—¿Cómo se convirtió en monje y cómo es Su Santidad en la cercanía?

—Mi padre, persona muy religiosa y buena, me alentaba a ser monje. Yo le respondía afirmativamente pero antes deseaba estudiar en la escuela. Fue a partir de los 16 años cuando me vi preparado para empezar una vida de monje. Por un golpe de suerte pude entrar en el monasterio privado del Dalái Lama, pues no es muy fácil. Yo carecía de contactos para acabar allí, por lo que pienso que mi Karma me llevó a estar cerca del Dalái Lama. Él me aceptó como uno de sus monjes novicios. Le estaré siempre sumamente agradecido. Permanecí junto a él durante once años seguidos en el monasterio de Dharamsala, estudiando, aprendiendo rituales, oraciones, filosofía, artes, etc. Fue una oportunidad que significó un regalo en mi vida. El hecho de estar cerca del Dalái Lama, viviendo y recibiendo su enseñanza directamente, poder compartir ceremonias juntos en el mismo habitáculo… Ahora mismo el Dalái Lama es una figura mundial, una persona con mucho carisma, un hombre de bien y de paz. Excepto el gobierno chino, todo el mundo aprecia al Dalái Lama. Yo no soy fanático de él, pero debo reconocer que es un ser que transmite mucha paz, armonía, sosiego. De vez en cuando, cuando viajo a la India, tengo una audiencia con él. Son sólo unos minutos, pero suficientes para recibir un poco de paz y su bendición. Mi líder espiritual nos dice muchas veces que no tengamos rencor ni odio a los chinos. Él es la reencarnación del Buda de la compasión. El Dalái Lama es una figura esencial en mi vida.

—¿Qué es el budismo?

—Muchas veces la gente lo pregunta. Nuestra respuesta es que no solo es una religión, sino una filosofia, una filosofía de la vida cotidiana. El budismo es la ciencia de la mente. Grandes científicos americanos, ingleses, alemanes, rusos, etc., llevan más de tres décadas investigando el poder y los efectos de las prácticas y ritos budistas. El budismo tiene diferentes ramas, aunque el principio filosófico y religioso es común. Pero ser budista tibetano es un concepto más amplio, conlleva más posibilidades. Buda nos enseñó las cuatro nobles verdades. La primera es la verdad del sufrimiento. Todo el mundo sufre en este mundo. ¿Pero cuál es el origen del sufrimiento? La respuesta es el propio karma de cada cual. Los propios engaños mentales. Pero los conflictos que nos creamos podemos liberarlos, podemos controlarlos. Podemos escapar de ese estado dañino, pues todo puede cambiar. La última noble verdad es el camino del cesar, la senda espiritual. El mayor antídoto contra el sufrimiento es el dharma, el camino espiritual. Todas las grandes religiones tienen un mensaje espiritual, de misericordia, de compasión, bondad y amor hacia todos los seres. Todas las religiones tienen sabiduría y nos enseñan. El budismo enriquece el conocimiento, mejora tu vida y abre tu mente. Debe practicarse todos los días, meditando, agradeciendo.

—¿Cómo se medita?

"Todas las religiones practican la meditación. En el islam, en el hinduismo, en el cristianismo, en el judaísmo. Con la meditación obtenemos la calma mental, cambiamos nuestra actitud"

—La meditación es reflexionar, pensar, conocerte a ti mismo profundamente. ¿Quién eres tú? ¿Qué haces tú? Hay muchas formas de meditación. Hay meditación en silencio, meditación con mantras, visualizaciones, divinidades, incluso la meditación que se practica caminando. También hay muchos niveles de meditación. Algunos son muy, muy elevados, y algunos muy sencillos. ¿Cómo meditar? Cuando tu mente está llena de celos, envidia, ira, tensiones y enojos diversos, es imposible iniciar una meditación. El primer requisito es tener la mente en calma y adoptar una postura cómoda. Después hay que respirar, pensando en algo positivo. Con la práctica se entrena la mente. Todas las religiones practican la meditación. En el islam, en el hinduismo, en el cristianismo, en el judaísmo. Con la meditación obtenemos la calma mental, cambiamos nuestra actitud.

—El debate es importante para la formación de un monje budista. ¿En qué consiste? He visto filmaciones, parece casi una danza…

—En los monasterios budistas tibetanos el debate es muy importante. Durante el día el maestro enseña sobre filosofía budista y después algunos discípulos exponen sus dudas. Se inicia un debate en el que quien pregunta se pone en pie y el que responde permanece sentado. Luego se intercambian las posiciones, y el que responde tiene que preguntar. Las sesiones son, en definitiva, monjes debatiendo sobre la filosofía budista. Si se equivocan en un concepto, se aclaran las dudas. En el Tíbet, como la temperatura es bastante fría, todas esas sesiones se realizan con movimiento corporal para desentumecer el cuerpo y la mente. Con ese movimiento la mente es más aguda, más rápida para pensar, preguntar y responder. Dichos movimientos corporales simulan un baile.

—¿En qué confluyen todas las religiones?

—Todas las religiones hablan sobre la paz. Pero, en realidad, no sabemos exactamente qué significa. No la puede comprar nadie, pues está dentro de cada cual. Todo el mundo debería vivir en la paz. Eso es la calma, careciendo de estrés, sin tantas preocupaciones. Una persona cuya mente sea positiva, paciente, llena de compasión y amor hacia los demás, se siente automáticamente pacífica. Y lo que se busca es un estado de paz duradero. En los grandes núcleos urbanos, alejados de la naturaleza, es difícil de conseguir un estado de calma, por eso es buena la práctica de la meditación. En el mundo moderno la gente ha perdido la paciencia. Cuando paseas en la montaña o por el bosque, y nadie te molesta, difícilmente vas a enojarte, no tienes que practicar ninguna técnica. La paz no es fácil, pero no es imposible conseguirla. Si tú la buscas, si tú la practicas, entonces la encontrarás. Si sólo quieres paz, sin buscarla, entonces no la conseguirás. Todas las religiones tienen sus interpretaciones espirituales y sus buenos mensajes, y pese a ello a lo largo de la Historia en nombre de la religión se han hecho bastantes barbaridades, guerras. La principal función de toda religión es proteger a los seres humanos, y después impartir la enseñanza de vivir en paz, con respeto, misericordia y amor hacia todos los seres vivientes.

—Como seres humanos, depredadores, parece difícil adoptar una posición siempre pacifista…

"Pero el gobierno chino de ahora, y también sus políticos no respetan nada acerca de los derechos humanos, la libertad de religiones, y explotan la naturaleza destruyendo la Madre Tierra"

—El reciente documental Sabiduría y felicidad sobre el Dalái Lama que se está pasando por cines de todo el mundo, al cual tú haces una referencia explícita, está lleno de mensajes de paz, de no violencia, de valor espiritual, incluso derechos humanos, de libertad, etc. Yo lo he visto tres o cuatro veces, y quiero verlo más, porque es un mensaje directo de Dalái Lama. En este documental, Su Santidad también habla sobre Mao Tse Tung. Éste se reunió con el Dalai Lama cuando Su Santidad era joven y en varias otras ocasiones. Mao Tse Tung captó la sabiduría y energía del Dalai Lama, pero hizo un gran daño a Mongolia, Xinjiang y Tíbet, matando a millones de personas. El Dalái Lama dice que fue la ignorancia de Mao la que le llevó a hacer estas acciones belicosas, aunque le perdona. El Dalái Lama perdona y siempre nos dice que nunca tengamos rencor ni odio a los chinos, pues son también nuestros hermanos. Pero el gobierno chino de ahora y también sus políticos no respetan nada acerca de los derechos humanos, de la libertad de religiones, y explotan la naturaleza destruyendo la Madre Tierra. Pero nuestra verdadera naturaleza como humanos es la bondad y luz interior.

—En el documental Sabiduría y felicidad, el Dalai Lama evoca con añoranza la figura de su madre…

—Él se refiere especialmente a la compasión que aprendió de ella, pues era muy buena persona, muy cariñosa, persona con gran compasión hacia los demás. Ese fue su gran aprendizaje materno. Para él las madres son pura sabiduría. El budismo habla de igualdad entre mujeres y hombres, y, particularmente, el Dalái Lama insiste en el valor de la mujer en el mundo, un mundo que en manos de mujeres generaría menor violencia.

—Su Santidad dice que no existe castigo o penitencia, sino el derecho inalienable de cada ser humano a ser feliz.

—Buda no castiga a nadie, el castigo no existe en el budismo. Si lo pasas mal, es tu propio karma el que te ha conducido a ello por tus propias acciones acometidas, puede que en vidas pasadas. Experimentas una sensación negativa por algo que has hecho mal anteriormente. Es una penitencia que tienes que pagar tu mismo, pero no debido a Buda. Todos los seres humanos incluyendo los animales tienen el derecho de vivir felices y en paz. Por tanto, tú puedes crear un karma adecuado para ello. Nadie lo puede crear fuera de ti. Tú eres tú mismo protector de ti. Si tú quieres sufrir, complicarte la vida y crearte un mal karma, eres libre de hacerlo.

—¿Teme usted a la muerte?

—Todo el mundo teme la muerte, al sufrimiento. Pero, si una persona es espiritual, o si ha sido buena en la vida, si ha creado un buen karma, buenas acciones pensando en los demás, no tiene por qué temer a morir. Cuando llegue mi muerte no le tendré miedo. Voy a aceptarla. Y moriré en paz, con Dios, con Buda. Eso es lo importante, aceptarla y hacerlo dignamente. ¿Por qué ello es importante? El cuerpo se separa y muere, separándose de la mente. Pero la mente etérea, o alma, nunca desaparece. Después de la muerte corporal el alma sigue en otra vida, según sea nuestro propio karma. Si tú has sido buena persona, el futuro está pleno de esperanza, si no ha sido así, tu futuro se complicará. No hay castigo divino, es tu propio karma es el que te guiará. El budismo habla de que cada cual es su propio protector, su propio guía. Por lo tanto, actúa bien, evita el mal, y te beneficiarás a ti mismo. Nuestra religión nos habla de la reencarnación, pero no sólo para los budistas. Todos los seres se reencarnan, vuelven a nacer. No en la misma persona, no en la misma familia, no es el mismo país. Incluso un hombre puede reencarnarse en mujer y viceversa. Nuestro futuro no depende de la creencia que se siga, o del hecho en sí de creer o no creer. Solo depende de tus actos, de tus acciones. De tu propio karma. Todos los seres merecen ser amados. La vida puede ser preciosa, hay que aprovecharla el máximo posible.

—Para todos aquellos que creen en la resurrección, o en reencarnación… ¿En qué forma que nos quedamos al pasar a otra vida? ¿Existe una especie de paraíso?

—¿En qué forma? Puede ser físicamente, pero puede ser de forma invisible. Tampoco los animales nacen siempre como animales. Hay muchas y variadas posibilidades. Los animales también en próximas vidas se reencarnan en humanos, pero los humanos tienen más posibilidades de volver a nacer como animales. ¿Por qué? Pues porque muchos humanos actúan peor que los animales. Los seres humanos destruyen la Madre Tierra, provocan guerras, matan por odio. En la próxima vida, muchos de ellos sufrirán más. ¿Existe un futuro paraíso? La respuesta es sí. Todas las religiones hablan de un paraíso. Nosotros lo denominados Nirvana. Si tú piensas que puedes purificarte y actúas benévolamente, en sucesivas reencarnaciones, al final alcanzarás el Nirvana. Por ello la muerte no debería asustar. Si la persona sufre, no tiene garantía del paraíso. La mayoría de nosotros aún no alcanzaremos el paraíso, ni transitaremos por el infierno. Volveremos a nacer otra vez, para mejorar. La muerte no es un castigo, es el proceso de la vida, cambiando esta vida para otra vida, como el verano cambia al invierno. Nuestra alma es la misma en el pasado, en el presente y en el futuro. Es el camino espiritual, el camino del amor hacia todos, con más compasión, paciencia y tolerancia. Solo así mejoraremos nuestro karma y nuestro propio destino final.

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