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La memoria de las flores de plástico

La memoria de las flores de plástico

El espejo, de Andrei Tarkovsky.

la canción consistía
en un extraño tarareo

[ext. noche]

Los fantasmas son siempre puntuales. Llegan a su hora y empiezan las imágenes. Cierro los ojos, pero las imágenes siguen ahí.

Los fantasmas no cierran los ojos.

Los fantasmas no tienen párpados.

Los fantasmas observan.

título indiferente que sirve como separador intertextual

No he leído Phantasmagoria (La Bella Varsovia), de Sara Torres. Phantasmagoria no existe. He leído mis propias manos mientras sostenían el vacío. Mis manos llenas de lluvia.

He ido a pasear por el bosque. El sol acechaba tras los pinares. Coloreaba la hierba desigual, poblada de frutos caídos, antiguos. En el bosque, el invierno no es vida ni es muerte. El invierno no es nada. Es un fragmento olvidado de espacio.

He ido a pasear por ninguna parte. He tropezado con un cuerpo sin rostro. A lo lejos escuché el sonido de una bandada de golondrinas marchándose lejos. Desconozco por completo el sonido de las golondrinas.

¿Qué cosas conozco?

Desde luego no conozco Phantasmagoria, de Sara Torres.

Conozco los azulejos de una iglesia a la que nunca he ido. Sé que alguien fue por mí.

00:00. La catedral está vacía

ahora que ya no estás te pareces tanto a lo que me faltó siempre

Cantan los niños canciones para invitar al sueño. Reposo sobre mi costado derecho. Siento una punzada aguda. Reposo sobre mi costado izquierdo y pienso en que todo esto es un error, en que esta es la postura incorrecta. Extraño el tiempo desconocido en que reposé sobre mi costado derecho. Genero nuevas nostalgias. Asisto a mi propio dolor.

Piso la catedral por primera vez, con los pies descalzos. Los azulejos que cubren las paredes están fríos, quizá porque es de noche, quizá porque están solos. Deslizo mis dedos sobre la curva que dibujan las grietas de antigüedad de la catedral. Estoy cansado del desliz. Necesito estar dentro.

Es un pasadizo cubierto de hojas caídas. Los niños han estado haciendo de las suyas: todo el día y toda la noche pegando las hojas en las paredes con esmero, con cuidado. Los veo hacerlo; me veo hacerlo. Tomo una hoja desgastada, crujiente. Tengo muchísimo cuidado. La extiendo sobre la curvatura del tubo que habitamos. La cubro de memoria adhesiva. La hoja estalla al mero contacto. Camino.

Ya no escucho el eco de la catedral. Sólo el silencio. Voces se dibujan en la lejanía. Mamá me besa en la frente. Los niños gritan, jugando al fútbol sobre el cemento: no deben caerse o se harán daño en las rodillas. Estas sábanas son el muro más sólido que jamás hayamos podido concebir. Siento el cascabel de la vida futura como un escalofrío atado a mis tobillos. Me caigo, se rompe el suelo, se rompe el mundo.

Los fantasmas, atentos.

Mi cuerpo está hecho de pedacitos de viento.

08:00. Un beso es un palacio de príncipes nórdicos

pero no hay más contexto que el palacio del dolor
el palacio de la memoria

¡Todo es materia pura! Tus brazos barnizados por la nieve, tu pelo atado a un remolino de fuego. Estamos en el refugio: la cama-la casa en el árbol-el tejado-el submarino-la caseta del perro-el desierto. Estamos en el refugio. Estamos.

Kiss by the Window, de Edvard Munch.

Por la mañana me encuentro cursi. Te digo cosas de las que voy a arrepentirme porque, en realidad, no te estoy diciendo nada. Estoy gastando todas las palabras para decir el silencio. Quiero arrancarme el corazón y mostrártelo para que comprendas que te quiero. Quiero pasarme pronto, antes del desayuno, por la floristería de la esquina; comprarte unas flores de plástico preciosas, tan bonitas que están a punto de exhalar un suspiro abrumado ante los espejos. Las flores de plástico nunca se mueren, sabrás: te pido por favor que las guardes a buen recaudo, en un lugar lejos del alcance de los fantasmas.

Debería besarte.

Dices tú: «He tomado una resolución definitiva».

Te levantas flotando por la habitación. Coges el reloj, lo desenganchas. Lo lanzas con violencia contra el suelo.

Cada aguja nos señala a uno de nosotros.

16:00. Este es absolutamente el único momento que existe

he dejado allí mi pelo y mi sangre

quizás pueda rastrearme
dentro de algún tiempo

Empieza a decaer el verano. Esta es la corona de los momentos: el comienzo de la decadencia. Justo el primer amago. La más leve insinuación primera.

  1. El fotógrafo dice: «¡Así! ¡Qué guapos estáis! ¡No os mováis!«
  2. Cate Blanchett y Brad Pitt —dos líneas secantes— se miran al espejo, en el ecuador de sus vidas, dicen: «Nunca volveremos a estar así.«

Mamá hojea los álbumes de las vacaciones a Madrid del año 2002. Contempla cada fotografía como un diamante incorruptible. En sus ojos, un atisbo lejano de emoción. En su boca: «Ojalá pudiésemos volver a aquella época en la que érais unos niños.»

Ojalá aquella época, donde aquella significa cualquiera excepto la presente, cualquier época excepto esta época de la nostalgia.

Mamá hojea los álbumes de las vacaciones a A Coruña de 1997 durante las vacaciones a Madrid del año 2002. Contempla cada fotografía como un diamante incorruptible.

Empieza a decaer el verano.

Los árboles se mecen tranquilos, pues la brisa es suave. Es todavía temprano, apenas hay gente en el bosque. La hierba está correctamente rasurada, de tal modo que resulta de lo más conveniente recostarse sobre ella para besar a la persona a la que quieres. Al acabar el día los dos sois árboles del mismo bosque: las raíces recorren esa tierra con férreo pulso. Haría falta que alguien bajase al centro de la tierra, al centro del olvido, al centro de la memoria. Haría falta todo eso para que yo te olvidase.

24.00. Cientos de serpientes danzan en la catedral

sabemos de la grandiosidad pasada por las piedras que dejó el derrumbe

Vuelvo a hoy, hoy ya no es lo mismo que ayer.

La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer.

Todos los fantasmas se escurren por el hueco mínimo entre la puerta y el suelo, los veo a través del cristal: ascienden y se disipan en la noche. Mi vida son los tránsitos nocturnos; las esperanzas catedralicias de sostener el tiempo y no haber perdido ninguna de las cosas que he perdido. Lo demás es un paseo marítimo poblado de clavos. Ya no tengo pies para caminar.

Huyo del bullicio, de las danzas de las serpientes que cascabelean en la noche de la catedral. Encuentro el bosque, encuentro los árboles que sujetan la distancia entre la lluvia y los desiertos. Acerco mi mano vieja hacia el punto exacto que conoció mi mano joven. Nada ha cambiado en la corteza. Será, imagino, una corteza distinta, aunque idéntica. Los árboles conocen el secreto de la eternidad.

Lo que yo pido: un beso distinto, aunque idéntico.

este título sí es útil pues introduce un elemento clave

El elemento clave es:

no hay enigma que resolver
se ha cancelado la búsqueda

¿así?
así

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Autora: Sara Torres. Título: Phantasmagoria. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Amazon, FnacCasa del Libro.

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