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La niña del salto, de Edgar Borges

La niña del salto, de Edgar Borges

Adelanto de La niña del salto, del escritor venezolano Edgar Borges, publicada por Ediciones Carena.

 

Capítulo 1

Descolocada

A veces Antonia pasaba horas sentada en el váter; lo hacía para restarle tiempo a la convivencia con su marido. Llegaba hasta el extremo de pujar hasta la expulsión de algo; el intento era tan consecutivo que toda ella parecía querer escapar a través del vientre. Después de siete años de dominio, en los últimos días se le había rebelado al marido de la forma más inesperada. Cuando él la atormentaba o la buscaba para penetrarla, ella le soltaba algún verso como si se tratará de un rezo que la fuera a  librar de un exorcismo. El hombre, formado contrario a las metáforas, se quedaba atónito, sin comprender la intención de semejante defensa. Tres veces intentó rebelarse Antonia en la última semana, en las dos primeras logró dejar impactado al sujeto. Sin embargo, en la madrugada del domingo, el hombre le respondió al tercer intento. Antonia llegó a casa sobre las doce de la noche; el marido le esperaba detrás de la puerta con expresión burlesca. Sin mediar palabra él intentó llevársela al cuarto por al fuerza, ella le soltó un breve fragmento del poema Loba, de Diane di Prima:

Ella arde/ en llamas/

la ciudad se

ilumina sobre ella

Entonces el marido avanzó como si aquella metáfora hubiera colmado el límite de las ofensas. Clavó las uñas en lo brazos de Antonia y dijo, elevando la voz por encima del dolor de ella: “podrás inventarte todas las malditas fantasías que quieras, a mí me bastará una sola carta para ganarte la partida”. Antoniano supo cómo, pero logró zafarse y correr rumbo al baño. Necesitaba engañar al hombre pero también distanciarse de sí misma. Conseguir otras historias, conseguir nuevas identidades: rescatarse ella y rescatar a su hija. Deseó la paciencia de la semilla del cerezo para salta al mundo exterior, pensó en las plantas que mueren para renacer. Pero ella no era semilla, tampoco planta. Su mente era el centro de todas las confesiones. Nada de lo que hacía le alejaba de escuchar los pasos del marido en torno a la puerta, por lo menos nada involuntario, nada buscado con la mente o con el cuerpo. La abstracción le llegaba de forma radical, de golpe caía en un trance inesperado, de un segundo a otro se le confundían los espacios. Seguí sabiendo su nombre y su historia, consciente de que su marido le aguardaba detrás de la puerta para llevársela a la cama grande. Sabía que su hija jugaba a los saltos,

uno

dos

tres

encerrada en su cuarto, que la esperaba para jugar al canguro o la rayuela. Pero la habitación, en momentos de conflicto, se distanciaba del baño. No siempre tenía la certeza de que uno y otro lugar, como espacios de casas distintas estuvieran ubicados en Asturias, Caracas o Bogatá. La plaza, el ayuntamiento, o el callejón de al lado, representaban la patria de la mayoría. Para ella, en cambio, eran partes identificables de un todo imaginario. De soltera llegó a vivir en muchas casas, recordaba haber trasladado libros de la casa de sus padres a la casa de su marido. Recordó haber tenido una enorme biblioteca. ¿Donde quedaron los libros? ¿En qué lugar está ahora su hija? ¿En qué ciudad le esperaba su marido? De pronto los cuartos de la casa se convirtieron en puntos flotantes y la vida se le perdió en el espacio, en el tiempo.

Sinopsis de La niña del salto, de Edgar Borges

Un pueblo gris y antiguo; un bosque; una niña que salta en lugar de andar; una mujer con sueños rotos que es presa de sus propias rutinas; un hombre saturado de ira que año tras año organiza un torneo de póker para sentir y dejar sentir su poder sobre los demás; tres simuladores de oficio que se enfundan en la piel de tres promotores de poesía, pero también de escritores. ¿Virginia Woolf?, ¿Boris Vian?, ¿Susan Sontag?, ¿Georges Perec?, ¿Ana María Matute?, ¿Diane di Prima?, ¿César Aira? Dos fechas trágicas, un romance inusual y abundante misterio. Son estos algunos de los elementos que Edgar Borges (Caracas, 1966) propone y a la vez mueve hábilmente, como fichas de ajedrez, para componer una novela extraña, sugerente, cargada de tensiones y posibilidades.

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Autor: Edgar Borges. Título: La niña del salto. Editorial: . Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro