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La Otra (Arresto domiciliario 14)

Querido Cuarentenario,

Perdón que apele a ti de esta forma tan ñoña y afectada. Nunca fue mi costumbre escribir diarios, y sin embargo sé por experiencia que un escrito que crece día con día termina por ganarse el rango de fantasma. Quiero decir que no eres el primero ni el único, aunque así lo parezca porque no hay entre ustedes dos espectros iguales, ni yo sería tan bruto para tratarles como si así fuera. Déjame de una vez que vaya al grano: necesito que sepas que no estás solo en la casa embrujada que últimamente ha sido mi cabeza. Hay alguien más y tienes que saberlo. Sí, es una novela.

"Todos los manuscritos son así: posesivos, obsesos, caprichosos"

Nada de esto es tu culpa, por supuesto. Hace un par de semanas, en el mero comienzo del confinamiento, decidí traerte al mundo porque la situación así me lo pedía. Dirás que todo ha sido por causa de mi antojo irresponsable y que nadie me obliga a seguir adelante con este desvarío, pero lo que tú opines cuenta poco frente a la rabia cruda de La Otra, que llegó mucho tiempo antes que tú y resiente lo nuestro como nadie. Todos los manuscritos son así: posesivos, obsesos, caprichosos. “¿Qué pudo darte un diario que no te diera yo?”, me reclama y no sé ni qué decirle.

¿Qué esperas? ¿Que la deje? Eso es exactamente lo que ella me pidió respecto a ti, y le he dicho que no hay otra salida: tienen que acostumbrarse a convivir, aunque no quepan en el mismo cráneo. Pensarás que soy cínico al decirlo, pero creeme que llevo la peor parte. ¿Sabes la joda que es dormirse y levantarse pensando en dos fantasmas a la vez? ¿Te crees que es muy sencillo resolver cada día cuál de los dos tendría que ir primero? ¿Supones que porque me alzas la voz dejo de oír los gritos de La Otra?

"Perdón que te confunda de repente con ella, sobre todo cuando es de madrugada, despierto y me pregunto qué puse acá o allá, por dónde empezaré la mañana siguiente"

Te he explicado que es cosa pasajera. Te supliqué paciencia y comprensión: ella ha cumplido las trescientas cuartillas y tú difícilmente llegas a veinticinco. No negaré que eres la novedad y que en ese sentido cuentas con buena parte de mi entusiasmo fresco y vigoroso, sólo te pido que hagas el esfuerzo de imaginar los lazos entrañables que me hacen incapaz de abandonarla. No estaría de más, por otra parte, que tomaras en cuenta mi firmeza al hacerle saber que tú también te quedas y sanseacabó. Ya casi la termino, cuando menos lo esperes verás que no quedamos más que nosotros dos. ¿Qué te cuesta aguantarte, mientras tanto, esos celos idiotas de fantasma llorón y manipulador?

Perdón que te confunda de repente con ella, sobre todo cuando es de madrugada, despierto y me pregunto qué puse acá o allá, por dónde empezaré la mañana siguiente o cuánto costaría forrar nuestras paredes de tela acolchonada. Ahora bien, no me quejo. Hago esto porque quiero y a mi torcido modo lo disfruto. ¿O es que tendría que estar jalándome los pelos, como tantos ociosos confinados? ¿Ya entiendes que tú eres mi salvación y por eso te quiero, espectro hijo de puta? Anda pues, ya no llores. Te veo aquí mañana, y mientras tanto pensaré mucho en ti. Y en La Otra también, claro. ¿Sería mucho pedir que se dieran la mano?

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