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La piel naranja, a modo de preámbulo

La piel naranja, a modo de preámbulo

Los columnistas más destacados del momento, desde Karina Sainz Borgo hasta Jesús Fernández Úbeda, pasando por Sergio del Molino, Rubén Amón y Juan Soto Ivars, entre muchos otros, se juntan en esta antología para rendir homenaje a un amigo y compañero que, además, brilló por la calidad de sus textos y la bondad de su espíritu: David Gistau. Con prólogo de Arturo Pérez-Reverte y epílogo de Ángel Antonio Herrera.

En Zenda reproducimos el texto que María José Solano ha incluido en Generación Negroni (HarperCollins).

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LA PIEL NARANJA. A MODO DE PREÁMBULO

Yo no soy columnista. Recalé en la columna como en todas las cosas buenas que me han pasado en la vida: desde el viaje larguísimo de una biblioteca.

"Muy pocos son hoy los herederos de aquella «clásica modernidad». David Gistau era (es) uno de ellos"

El columnismo era para mí una sala hipóstila de lecturas del pasado levantada por arquitectos de la pluma o la máquina de escribir; escritores españoles que admiraba y que fui conociendo, como al verdadero amor de una vida, poco a poco, con obsesión y apasionamiento: los fui encontrado en sus ficciones primero, después en sus biografías, sus retratos, sus manías, su genio, sus rarezas y por fin en su faceta periodística, donde el columnismo era el menhir con el que cada uno de ellos cargaba sin que se les notara el peso; como singulares Obélix de tertulia y redacción. La niña lectora que fui, formada en las novelas inglesas y francesas de aventuras, se transformó en muchacha a la sombra del picoteo de la literatura alemana, la sorpresa de la centroeuropea de entreguerras y la lealtad a algunos nombres propios que elevé al nivel de amistad clandestina (Conan Doyle, Conrad, Cervantes, J. Roth) y que dieron paso a una rebeldía lectora que canalicé en las vanguardias poéticas españolas y latinoamericanas devoradas en la última adolescencia con postureo de moderna pasión. La serenidad llegó en la veintena cuando en un viaje por La Mancha quijotil descubrí el Siglo de Oro español, ese ovillo luminoso que se desenredó en mi biblioteca en dos direcciones: hacia atrás, mostrándome la literatura griega y latina como una fuente que no se agotaba nunca, y hacia delante, presentándome milagrosamente hilvanada a ese hilo barroco la escritura de aquellos tipos magníficos, impresentables, oscuros, malditos, sublimes: los escritores españoles de finales del XIX y principios del XX. Fueron ellos los que me ayudaron a entender mi memoria, a perdonar a España y a amarla por encima de todas las cosas, con sus luces y sus muchas sombras o tal vez por la maestría en la que ambas se combinan en la literatura, el periodismo, las columnas y los relatos que estos gigantes escribieron con una españolidad crítica, irónica, culta, sublime. Muy pocos son hoy los herederos de aquella «clásica modernidad». David Gistau era (es) uno de ellos.

Yo no soy columnista. Por eso mi aportación es un relato que aspira a ser al menos la piel de naranja en el borde del vaso de este negroni. Tal vez David sonreiría con su lectura.

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Autor: VV.AA. TítuloGeneración Negroni: Homenaje a David GistauEditorial: Harper Collins. VentaTodostuslibros

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