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La premonición de la ceniza

Los seis títulos publicados por Nieto tienen dos cosas en común: subrayar una firme trayectoria vital y la voluntad de identificar vida y escritura. Este que nos ocupa recoge en su campo semántico toda la evanescencia de una vida que se escribe a sí misma. Un recortable es aquello que tiene como categoría existencial el dejar su contorno bien visible a la vez que remarca el vacío que deja; pero también funciona en dirección inversa: es lo que, extraído de su matriz, desposeído de entorno, destaca su exclusión. Un recortable no deja de ser algo intercambiable, un ropaje para un maniquí desnudo, y aquí el muñeco, además, está partido. Y no se queda en esto su impiedad, juega con esa ambivalencia que hay en el concepto «muñeco roto» para equipararlo en su significado al de «juguete roto». Pocas veces un título puede ser más descriptivo.

Nieto, tras todos los bandazos confesados, podría haberse hecho un nihilista, pero todo su ser sigue creyendo. No parece apostatar de la esperanza, solo constata otra caída en esa sempiterna cadena de recaídas. Sin embargo, aunque es la destrucción lo que acaba preñando sus palabras, el útero en que crecen está ávido de rehabilitación, renacimiento. Como el mejor creyente, su fe no admite fisuras. Vuelve una y otra vez a la ceniza por ver si aún hay rescoldos que puedan ser avivados.

"Frente a la retórica de lo previsible, José Luis Nieto cultiva la sorpresa, pues la suya, como toda escritura que aspira a la excelencia, no laborea en los campos de la certidumbre, sino en los del intento"

El amor perdido es el motor poético de Nieto en casi toda su obra, todo lo demás está asociado al hecho de su pérdida. Cree en el amor, en la amistad, cree en la vida, por eso se resiste a que cualquiera de esas cosas le sea arrebatada y las reclama como único sentido, como casi exclusiva presencia en el vacío que se esfuerza en transmitirnos verso a verso. El yo es autorreferencial, pero no esencialista. La inmersión en los libros de Nieto resulta un ejercicio de extremada dureza. Nos traslada su propio sufrimiento, su desollada soledad como dardos lanzados a los ojos. El sentimiento de abandono, la descripción del páramo emocional en el que habita, no funcionan en Nieto como símbolos, son pura realidad, constataciones. La soledad y el dolor están sustantivados, no admiten adjetivos, son pura esencia que ha sido destilada tras pasar por el alambique del descreimiento, «soledad esencial», dijo Pérez Estrada. Sin embargo, aquí la soledad, aunque es vivida en el sentido negativo de la pérdida, se sabe reversible y, por lo tanto, no es una soledad irrepetible, tan solo es una más, escrita con minúsculas, por grande que lo sea y lo parezca. Es una soledad que se refuta para nunca más seguir perdiendo nada; aunque no sea posible, el intento sigue siendo infatigable.

Frente a la retórica de lo previsible, José Luis Nieto cultiva la sorpresa, pues la suya, como toda escritura que aspira a la excelencia, no laborea en los campos de la certidumbre, sino en los del intento. Cuando nos hace partícipes de sus revelaciones lo hace desde la duda, el autor sabe a la perfección que la palabra poética habita en el «sin decir». La poesía de Nieto arde desde su tuétano y con la masa mínima consigue una explosión de energía extraordinaria, y eso tan difícil de obtener significa haber apresado la pura esencia del quehacer poético. Forma y sustancia están en absoluta concordancia en esta escritura que nos llena de vacío, de vacío como lo entendía Juarroz. Tarea muy difícil, qué duda cabe, pero sin cuya aspiración la poesía solo puede nacer sepultada y estéril y, sin embargo, la lucidez, lo ígneo que hay en Nieto, transporta en su interior esa premonición de ser ceniza que la hace tan humana.

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Autor: José Luis Nieto. Título: Recortables para un muñeco roto. Editorial: Signos-Huerga y Fierro. Venta: Amazon.

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